DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LA PEREGRINACIÓN JUBILAR DE VENEZUELA
Jueves
11 de mayo de 2000
Amadísimos hermanos y hermanas de Venezuela:
1. Os saludo con cordialidad y me alegra daros la bienvenida. ¡Bienvenidos
a Roma y bienvenidos al Vaticano, donde se guarda la memoria del apóstol
San Pedro! El tiempo providencial del Jubileo os ha guiado como peregrinos
a la ciudad de Roma, para confirmar vuestra fe en Cristo y reafirmar
vuestro compromiso de vivir según el espíritu del Evangelio.
Vuestra presencia tan numerosa testimonia los estrechos e ininterrumpidos
vínculos de comunión y afecto que unen a la Iglesia en
Venezuela con el Sucesor de Pedro. Trae también a mi memoria las
entrañables jornadas que la Providencia me ha permitido pasar en
vuestra Patria, con ocasión de mis dos viajes apostólicos.
En ellos pude comprobar la firmeza de vuestra fe y la acción que la
Iglesia desarrolla en vuestro medio, contribuyendo con su palabra y sus
instituciones a elevar la vida de todos los venezolanos.
2. Agradezco a Mons. Ignacio Velasco García, Arzobispo de
Caracas, las amables palabras que me ha dirigido, haciéndome
presente los sentimientos que os animan en esta vuestra peregrinación
jubilar a la Ciudad Eterna, testigo del martirio de los apóstoles
Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia. Al agradecerle los sentimientos que
ha expresado también en vuestro nombre, quiero saludaros a todos: a
los sacerdotes, religiosos y religiosas, a los jóvenes y a todos
los demás fieles que formáis este grupo.
3. Estamos viviendo el año del Gran Jubileo, que nos ofrece la
posibilidad de acceder al tesoro de gracia y misericordia que Dios ha
confiado a su Iglesia. A cuantos anhelan una valiente renovación
interior, el Señor les pide que se acerquen a él con
confianza. A cada uno pide un cambio de mentalidad y de estilo de vida
para seguir de cerca al Señor y afrontar así las realidades
diarias según el espíritu del Evangelio.
Seguir a Cristo de manera radical exige un intenso y constante
crecimiento interior. Para ello, es preciso cultivar con asiduidad la
oración, participar con la mayor frecuencia posible de la Eucaristía
y del Sacramento de la Penitencia, y practicar las virtudes evangélicas.
En vuestro País contáis ya con testigos de Cristo que han
subido a la gloria de los altares. Me refiero a la Beata María de
San José, que tuve el honor de beatificar en medio del gozo de
todos los venezolanos. Ojalá que su ejemplo y sus enseñanzas
os infundan continuamente el entusiasmo y la valentía para
adheriros de modo cada vez más decidido a Cristo. Así, estaréis
preparados para afrontar con confianza y esperanza las dificultades de
nuestro tiempo y los desafíos de la nueva evangelización.
4. Entre estas dificultades no puedo olvidar la indecible tragedia que
el año pasado azotó vuestro País y que causó
tantos muertos y tanta destrucción. Desde los primeros momentos
elevé mis plegarias al Señor por los fallecidos, pidiendo
consuelo, serenidad y luz para los que, en medio de tanto dolor, tenían
ante sí la ardua tarea de la reconstrucción. Mi voz se elevó
también solicitando la cooperación internacional, exhortando
a los pueblos hermanos que no dejaran sola a Venezuela en tales momentos y
colaboraran en la reparación de un desastre natural de tan grandes
proporciones.
Os animo, pues, a seguir cerca de los que aún sufren las trágicas
consecuencias de aquella situación, a sentiros solidarios siempre
unos de otros, a preocuparos de la suerte de los demás, incluso a
costa de sacrificios.
5. El otro reto del momento presente es proseguir por el camino de la
nueva evangelización. Evangelizar, lo sabéis bien, mis amadísimos
hermanos y hermanas, es misión de todo bautizado. Cualquiera que
sea su estado de vida, cada uno está llamado a dar testimonio de
Cristo y del Evangelio. Formulo votos para que vuestra peregrinación
dé los anhelados frutos de renovación religiosa y pastoral.
Quiera Dios que vuestra visita a las tumbas de los Apóstoles
refuerce vuestra determinación de evitar el pecado, convertiros al
bien y seguir al Señor.
La evangelización contribuirá, además, a que los
valores del Reino de Dios estén presentes en la sociedad en unos
momentos en los que vuestra Nación está revisando su
organización legislativa e institucional. A este respecto, es
necesario que los cristianos hagáis oír vuestra voz para que
los valores evangélicos sigan presentes en vuestra Patria y no
vengan relegados bajo ningún concepto.
6. A la Virgen María, a la que veneráis bajo la advocación
de Coromoto, y tuve la dicha de coronar, encomiendo las intenciones que os
animan en vuestra peregrinación jubilar. Le imploro para vosotros
la gracia de ser misioneros auténticos del amor insondable de Dios
en la sociedad venezolana. Que os protejan san Pedro y san Pablo, cuyos
sepulcros habéis visitado con devoción. El Papa os renueva
su afecto y os imparte, así como a vuestros seres queridos y a
todos los fieles venezolanos, una especial Bendición Apostólica.
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