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AUDIENCIA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UNA DELEGACIÓN DE BULGARIA
CON MOTIVO DE LAS CELEBRACIONES
EN HONOR DE LOS SANTOS CIRILO Y METODIO*
Lunes
22 de mayo de 2000
Excelencia; queridos amigos:
1.La fiesta anual de san Cirilo y san Metodio, copatronos de Europa, me
brinda la feliz ocasión de saludaros cordialmente a vosotros, que representáis
al querido pueblo búlgaro. Inscrito en el marco territorial y cultural del
viejo continente, tiene mucho que aportar a los demás pueblos en materia de
tradiciones, energías humanas y espirituales, y tesoros de civilización.
A través de vosotros, miembros de la delegación que ha venido a visitar al
Obispo de Roma, quiero expresar a vuestros compatriotas mis sentimientos más
afectuosos y asegurarles mi recuerdo constante y mi oración ferviente para
que Dios les conceda todo el bien que desean.
2.Al evocar las grandes figuras de los dos hermanos de Tesalónica,
"hijos de Oriente, bizantinos por su patria, griegos por su origen,
romanos por su misión, eslavos por su apostolado", mi predecesor Pío XI
subrayaba que habían gastado todas sus energías, entregándose sin reservas,
a fin de conquistar a los pueblos para Cristo (cf. carta apostólica Quod
S. Cyrillum, 13 de febrero de 1927: AAS 19 [1927] 95).
La obra evangelizadora de san Cirilo y san Metodio ha reforzado igualmente en
el pueblo búlgaro los fundamentos del proceso de identidad nacional y de
apertura al encuentro con otros pueblos del continente, hasta el punto de
convertir a la nación búlgara en instrumento insustituible del diálogo
entre Oriente y Occidente.
La dimensión universal de la predicación de san Cirilo y san Metodio y el
apostolado intenso que realizaron para que todos pudieran llegar al
conocimiento de la verdad y participar mediante la unidad en el amor salvífico
de Dios, nos ayudan a comprender que "cada hombre, cada nación, cada
cultura y civilización tienen una función propia que desarrollar y un puesto
propio en el misterioso plan de Dios y en la historia universal de la salvación"
(Slavorum apostoli, 19).
Su recuerdo nos trae a la memoria acontecimientos antiguos pero no olvidados.
Sus figuras imponentes irradian aún hoy una luz de santidad y gracia que
honra mucho a la Iglesia de Cristo. Su intrépido testimonio nos impulsa a
buscar constantemente caminos de diálogo y a elaborar proyectos de unidad.
Sé que el querido pueblo búlgaro está decidido a afrontar con valentía y
confianza las inevitables dificultades, y deseo que construya un presente cada
vez más sereno y más pacífico, del que pueda surgir un futuro rico en
buenos frutos.
3.Vuestra peregrinación a la tumba de san Cirilo se inscribe en el
marco más amplio del gran jubileo, acontecimiento que recuerda el bimilenario
del nacimiento de Cristo. Ojalá que este tiempo sea testigo de una renovada
voluntad de paz, de diálogo y de colaboración con todos, para que aumenten
cada vez más la comprensión entre los pueblos y el intercambio de los dones
que Dios les ha concedido.
Os agradezco vuestra visita y os expreso mis más fervientes deseos de que
vuestros compatriotas perseveren en el camino de la reconstrucción espiritual
y material que ya está en marcha. Encomiendo estos deseos a Dios y, por
intercesión de san Cirilo y san Metodio, invoco sobre vosotros y sobre todos
los que representáis, la abundancia de las bendiciones divinas.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.23 p.6
(p.294).
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