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AUDIENCIA
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LAS FRANCISCANAS INMACULATINAS CON
MOTIVO DE SU X CAPÍTULO GENERAL
Sábado
17 de junio de 2000
Amadísimas Hermanas Franciscanas Inmaculatinas:
1. Me alegra dirigiros mi más cordial saludo a todas vosotras, que habéis
venido de diversas partes de Italia, Brasil, Filipinas e India, para
participar en el capítulo general de vuestra congregación. Saludo, en
particular, a la superiora general y a las hermanas que comparten con ella el
servicio de la autoridad para el bien de todo el instituto. Extiendo mi
afectuoso saludo a todas las Hermanas Franciscanas Inmaculatinas, así como a
los laicos que participan en las obras apostólicas del instituto.
Durante los intensos trabajos capitulares estáis reflexionando sobre el tema:
"En el tercer milenio, dóciles al Espíritu Santo como Teresa,
misioneras por los caminos del mundo". Guiadas por las inspiraciones
interiores del Espíritu Santo, os esforzáis por profundizar la
espiritualidad específica de vuestra obra y la lozanía originaria del
carisma fundacional, que os legó el padre capuchino Ludovico Acernese,
carisma que vivió de modo ejemplar la sierva de Dios Teresa Manganiello,
verdadera piedra angular de vuestra familia espiritual.
Este carisma, que os ha confiado la Providencia, debe impulsar a cada Hermana
Franciscana Inmaculatina a ser misionera en los ámbitos más acordes con la
vida de consagración y con vuestras actividades apostólicas: instrucción
y educación de niños y jóvenes, catequesis y colaboración en las
actividades pastorales de parroquias y misiones, así como en todas las
iniciativas de solidaridad y asistencia que no sólo son compatibles con el
espíritu del instituto, sino que sobre todo responden mejor a las necesidades
de la Iglesia de nuestro tiempo.
Se trata de un carisma muy actual, que tiene su origen y su vigor en la auténtica
tradición franciscana y en la espiritualidad mariana más genuina.
2. Sois, ante todo, franciscanas. El primer elemento característico de
vuestra vida y actividad apostólica es el ideal franciscano. Es lo que
indican vuestras Constituciones, cuando identifican la regla suprema de la
vida de cada Hermana Franciscana Inmaculatina en "seguir más de cerca a
Cristo, según la forma del santo Evangelio", tal como este se propone
"en los ejemplos y en las enseñanzas del seráfico padre san
Francisco" (Constituciones, n. 2).
El Poverello de Asís hizo del Evangelio el centro de su experiencia
interior (cf. Testamento 16-18: Fuentes franciscanas, n.
116) y lo propuso a sus frailes como norma suprema de vida (cf. Regla
Bulada I, 2: Fuentes franciscanas, n. 75). Por este
camino evangélico lo siguió una gran multitud de hijos e hijas espirituales,
entre los cuales reviste una importancia especial su "plantita",
santa Clara (cf. Regla de santa Clara, I, 1-2: Fuentes
franciscanas, n. 2750).
En la escuela de san Francisco y santa Clara de Asís, cada Franciscana
Inmaculatina está llamada a testimoniar a la humanidad del tercer milenio la
fuerza transformadora del Evangelio anunciado con la palabra y el ejemplo,
llevando a todos la buena nueva de la reconciliación y de la salvación.
Que la fraternidad universal, vivida de modo particularmente intenso por san
Francisco y santa Clara, guíe vuestro compromiso apostólico y misionero, al
que vuestra congregación, desde los orígenes humildes de la casa madre de
Pietradefusi, ha dado importancia, difundiendo por doquier el buen olor de
Cristo, único Salvador de la humanidad.
3. El segundo elemento fundamental de vuestra identidad religiosa es la
espiritualidad mariana. Como recuerda vuestra legislación, el padre Ludovico
Acernese se distinguía por su singular amor a la Virgen Inmaculada y, por
esta razón, quiso consagrar a María santísima el instituto que había
fundado, como "nuevo homenaje a su Inmaculada Concepción" (Constituciones,
n. 4).
Vuestras Constituciones indican asimismo el modo más conforme para mostrar el
rostro mariano de vuestro instituto: "Haremos resplandecer en la
congregación y en cada una de nosotras ese "homenaje" con una vida
de total consagración a la Virgen Inmaculada. Contemplándola e imitándola
como modelo excelso de vida evangélica, queremos vivir y trabajar por la
conversión y la santificación de las almas, animando con gozosa renuncia
toda nuestra vida" (ib.).
Por tanto, la Virgen Inmaculada ha de ser vuestra guía, vuestro modelo
inspirador, vuestra ayuda constante en el camino diario, vuestro refugio en
las inevitables dificultades y vuestra alegría en los momentos de gozo y
comunión.
4. Amadísimas hermanas, vuestra asamblea capitular se celebra en el
centro del gran jubileo del año 2000, que es para todos un tiempo especial de
gracia y renovación espiritual. Como subrayé en la bula de convocación,
entraña también un aspecto misionero. En efecto, "la entrada en el
nuevo milenio alienta a la comunidad cristiana a extender su mirada de fe
hacia nuevos horizontes en el anuncio del reino de Dios", e impulsa a los
discípulos de Cristo a abrazar con fervor "la tarea misionera
de la Iglesia ante las exigencias actuales de la evangelización" (Incarnationis
mysterium, 2).
Os deseo de corazón que la celebración del capítulo general dé a vuestro
instituto un renovado impulso misionero, de modo que prosigáis en el estilo
franciscano y la espiritualidad mariana que, desde el comienzo, os distinguen
y constituyen la herencia más valiosa que os han legado el padre Ludovico
Acernese y Teresa Manganiello. Seguid caminando tras sus huellas, dando
abundantes frutos de bien.
Os encomiendo a vosotras, a vuestras hermanas que trabajan en Italia y en el
mundo y a vuestros seres queridos a la protección celestial de María
Inmaculada, "Mujer del silencio y de la escucha, dócil en las manos del
Padre" (ib., 14), y de san Francisco de Asís, a la vez que os
bendigo con afecto a vosotras y a cuantos encontráis en vuestro apostolado
franciscano y mariano diario.
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