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DISCURSO
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A DIVERSOS GRUPOS DE PEREGRINOS JUBILARES
Sábado
17 de junio de 2000
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra daros a cada uno mi afectuosa bienvenida a este encuentro,
que se celebra en la víspera de la solemnidad litúrgica de la Santísima
Trinidad. Este año la fiesta adquiere una importancia especial, porque nos
lleva al corazón mismo del gran jubileo, que tiene como objetivo "la
glorificación de la Trinidad, de la que todo procede y a la que todo se
dirige, en el mundo y en la historia" (Tertio millennio adveniente,
55). La contemplación del misterio de Dios uno y trino suscita así en los
creyentes un renovado compromiso de conocer, amar y servir a Dios, que nos
llama a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y
fraterno.
Queridos hermanos y hermanas, os deseo que sintáis con fuerza, durante
vuestra peregrinación jubilar, la experiencia del amor de Dios. En efecto, su
amor nos ayuda a ser fieles a su ley y nos convierte en levadura de auténtica
renovación en el mundo.
2. Os saludo a vosotros, que participáis en el encuentro de la
Organización mundial de ex alumnos de las escuelas católicas. Durante
vuestros estudios habéis tenido la posibilidad de adquirir no sólo una
formación intelectual, sino también humana, moral y espiritual. Haced que se
beneficien de ella vuestros hijos y los jóvenes de hoy, que necesitan
aprender de las personas adultas los puntos de referencia para que su vida sea
hermosa y llena de esperanza.
Os dirijo un cordial saludo a vosotros, estudiantes, que participáis en el
concurso fotográfico del Consejo de Europa sobre el tema: Europa,
patrimonio común. Vosotros hacéis la experiencia de relaciones entre los
diferentes pueblos y culturas del continente; así, preparáis, a vuestra
manera, una Europa fraterna, donde cada uno se solidarice con todos y se abra
a las demás culturas, para formar un patrimonio común fundado en los valores
esenciales del respeto a la vida y a las personas.
3. Dirijo, ahora, un saludo particular a los grupos de feligreses de las
parroquias San Vito y San Modesto, de Burago de Molgora; San Pedro y San
Pablo, de Luino; San Faustino y Santa Jovita, de Villalta de Gazzo; La Asunción
de María, de Frascarolo; San Blas, de Vacri; y San José, de San Cesáreo.
Queridos hermanos, que los días maravillosos de vuestra peregrinación
jubilar, durante los cuales os habéis encontrado con Cristo, la
"puerta" que introduce en la vida nueva, y habéis orado ante las
tumbas de los Apóstoles y los mártires, constituyan para cada uno de
vosotros una gozosa ocasión para redescubrir el amor de Dios y una renovada
experiencia de vuestra pertenencia a su gran familia, que es la Iglesia.
Enriquecidos con esta experiencia, sed fervientes constructores de paz y de
bien en vuestras comunidades, para que cada una de vuestras parroquias sea
reflejo vivo de la Trinidad.
En efecto, considerando las relaciones entre las tres divinas Personas como
paradigma de la convivencia entre los hombres, es posible construir la
civilización del amor, en la que la igualdad se transforma en fraternidad, la
unidad en comunión respetuosa entre las personas y la autoridad en generoso
servicio al bien de los hermanos.
4. Mi cordial saludo va asimismo a los colaboradores de la Agencia
general de seguros generales de Ferrara, al grupo del hospital "Sagrada
Familia" de los Hermanos de San Juan de Dios, de Erba, al grupo de la
Asociación de enfermos de talasemia del hospital Garibaldi, de Catania, a la
banda musical de Vinovo y al grupo de fieles provenientes de Abbadia San
Salvatore.
A cada uno de los miembros de estos grupos le deseo que lleve la riqueza de su
fe a la experiencia de trabajo y a la vida de asociación, para vivirla como
una llamada a crecer en la estima y en la acogida recíproca y a servir
generosamente al bien común. De este modo, el tiempo vivido juntos y las
necesidades de los hermanos podrán transformarse en ocasiones de testimoniar
el amor de Dios, que vence el pecado y las divisiones y da la esperanza de
volver siempre al camino del bien.
5. Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua alemana, en particular
a los familiares del fallecido arzobispo Josef Stimpfle, que durante casi
treinta años dirigió la diócesis de Augsburgo. Doy la bienvenida asimismo a
las alumnas y a los alumnos de la escuela privada católica de Bremerhaven.
Queridos jóvenes, me alegro de que hayáis venido desde el norte de Alemania,
atravesando los Alpes, hasta el sur, para visitar en el Año santo las tumbas
de los Príncipes de los Apóstoles. Vivís vuestra vida cristiana en una región
donde conviven otras confesiones religiosas. Así, la escuela que frecuentáis
es una especie de "campo de entrenamiento" para un testimonio
cristiano maduro. Os deseo que os forméis con fuerza y valor para vivir como
cristianos convencidos. Para ello, imploro de corazón sobre vosotros la ayuda
y la bendición de Dios.
6. Dirijo ahora un saludo a los miembros de la Academia de guerra del
ministerio de Defensa de Ecuador, con ocasión de vuestro paso por Roma en el
año del gran jubileo. Atravesar la Puerta santa es manifestar la voluntad de
acercarse más a Dios y, en consecuencia, llevar la vida de acuerdo con las
enseñanzas del Evangelio. Que este gesto, acompañado de obras de piedad y de
caridad, os obtenga las gracias necesarias para llevar a cabo vuestras tareas
familiares y profesionales, dando testimonio de vuestra adhesión a Cristo y
de pertenecer a su Iglesia.
7. Amadísimos hermanos y hermanas, os encomiendo a cada uno de vosotros
a la protección materna de María, a quien la Iglesia venera como morada
eminente de la santísima Trinidad, y, renovándoos el deseo de una fructuosa
peregrinación jubilar, os imparto de corazón a todos la bendición apostólica.
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