 |
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS ARZOBISPOS QUE RECIBIERON EL PALIO
Viernes 30 de junio de 2000
1. Después de la solemne celebración litúrgica de ayer por la tarde
en la plaza de San Pedro, con profunda alegría me encuentro con vosotros esta
mañana, amadísimos arzobispos metropolitanos. Os abrazo con afecto a cada uno
de vosotros, aquí presentes, y envío un saludo especial a cuantos no han
podido venir personalmente a recibir el palio.
Saludo cordialmente, asimismo, a vuestros familiares, a vuestros amigos y a los
fieles de vuestras respectivas comunidades cristianas, que os han acompañado en
esta peregrinación jubilar a la tumba de los Apóstoles.
Me dirijo, ante todo, a vosotros, venerados hermanos que pertenecéis a la amada
Iglesia que está en Italia: a usted, monseñor Dino De'Antoni, arzobispo
de Gorizia; a usted, monseñor Francesco Cacucci, arzobispo de Bari-Bitonto; a
usted, monseñor Giuseppe Verucchi, arzobispo de Rávena-Cervia; y a usted,
monseñor Angelo Bagnasco, arzobispo de Pesaro. El Señor, que os ha elegido,
haga que seáis siempre fieles a la tarea apostólica que se os ha confiado. Por
eso, como recordaba ayer, sed guías atentos y previsores de la grey de la que
Cristo, buen Pastor, os pedirá cuentas.
2. Me alegra saludar a los nuevos arzobispos metropolitanos de lengua
francesa: a monseñor Roger Pirenne, arzobispo de Bertoua; a monseñor
Nestor Assogba, arzobispo de Cotonú; a monseñor Fidèle Agbatchi, arzobispo de
Parakú; y a monseñor Hubert Barbier, arzobispo de Bourges, así como a todos
los fieles que han venido para acompañarlos. La ceremonia del palio es para
todos una llamada incesante a testimoniar a Cristo resucitado en todo el mundo y
a trabajar por la unidad de la Iglesia en torno al Sucesor de Pedro. A todos mi
bendición apostólica.
3. Me complace saludar a los metropolitanos de lengua inglesa que han
venido a Roma para recibir el palio: al arzobispo Lawrence Burke, de
Nassau; al arzobispo Dominic Jala, de Shillong; al arzobispo Marampudi Joji, de
Hyderabad; al arzobispo Cormac Murphy-O'Connor, de Westminster; al arzobispo
Vicent Nichols, de Birmingham; al arzobispo Ángel Lagdameo, de Jaro; al
arzobispo Ignatius Kaigama, de Jos; y al arzobispo Edward Egan, de Nueva York.
También doy la bienvenida a los fieles que han venido con ellos a Roma, y pido
a los metropolitanos que transmitan a sus Iglesias particulares mis afectuosos
saludos en el Señor.
4. De Hispanoamérica habéis venido seis arzobispos a recibir el palio
en la solemnidad de san Pedro y san Pablo: de Bolivia, monseñor Tito
Solari; de Perú, monseñor Héctor Cabrejos; y de Argentina los pastores de las
Iglesias metropolitanas de Tucumán, Salta, San Juan de Cuyo y La Plata. Os
saludo con afecto a vosotros y a los sacerdotes y fieles que os han acompañado
en este significativo momento. Al regresar a vuestras arquidiócesis, revestidos
de este ornamento, signo de un particular vínculo de comunión con la Sede de
Pedro, trabajad con renovado empeño en favor de esa comunión y de la unidad de
la Iglesia, tan querida por Cristo y en cuya causa os debéis sentir siempre
comprometidos.
5. El Espíritu del Señor esté también sobre monseñor Aloysio Leal
Penna. Que Dios lo ilumine y proteja en este nuevo camino al servicio de la
Iglesia que está en Brasil. Con mi bendición, que, de buen grado, extiendo a
todos sus parientes y fieles de la arquidiócesis de Botucatu.
6. Te saludo con afecto y te doy la bienvenida a ti, querido monseñor
Marin Barisic, nuevo arzobispo metropolitano de Split-Makarska, a tus sacerdotes
y a los fieles. Te imparto de corazón la bendición apostólica a ti y a
cuantos te acompañan, a tus predecesores eméritos, monseñor Ante Juric y
monseñor Frane Franic, así como a toda la amada Iglesia de Split-Makarska.
7. Ayer, con la imposición del palio, se renovó un rito antiguo y
sugestivo, que sella la unidad de cada una de vuestras comunidades con la Sede
apostólica y con el Sucesor de Pedro. Juntos formamos la única Iglesia de
Cristo, llamada a anunciar el único Evangelio para la salvación de todo hombre
en todos los rincones de la tierra. Venerados hermanos, preocupaos por
salvaguardar con todos los medios posibles esta fidelidad especial al mandato
del Maestro divino: fidelidad a su palabra y fidelidad a su deseo de
unidad plena del pueblo cristiano, redimido por su sangre en la cruz.
Para realizar esta unión, contemplemos a Cristo que, como nos recuerda esta
fiesta del Sagrado Corazón, nos repite: "Aprended de mí, que soy
manso y humilde de corazón" (Mt 11, 29).
Que María, Madre de la Iglesia, nos sostenga en este camino. A todos vosotros,
y a cuantos forman parte de las comunidades eclesiales de las que provenís, os
imparto de corazón una especial bendición apostólica.
|