 |
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS CAPITULARES DE LOS OBLATOS DE SAN JOSÉ
jueves 17 de febrero de 2000
Amadísimos Oblatos de San José:
1. Con ocasión de la celebración del capítulo general de vuestro
instituto, habéis expresado el deseo de encontraros conmigo para reafirmar
vuestra convencida adhesión al Sucesor de Pedro. He acogido de buen grado
vuestra petición, sabiendo cuánto insistía vuestro fundador en el deber de
permanecer estrechamente unidos, con la mente y el corazón, a la Santa Sede.
Decía que la primera obediencia que los Oblatos de San José deben observar
fielmente es la adhesión a las enseñanzas y directrices del Sumo Pontífice,
considerando su servicio como un mandato recibido de la Iglesia misma, según
las reglas específicas del instituto.
Por tanto, os doy mi cordial bienvenida. Dirijo un saludo especial al padre Lino
Mela, elegido durante estos días para el cargo de superior general: que
el Señor lo ilumine y sostenga en el cumplimiento de su nueva misión. Al mismo
tiempo, deseo expresar mi complacencia y gratitud al superior general saliente,
padre Vito Calabrese, que durante doce años ha dirigido la congregación con
sabio equilibrio y bondad paterna. Por último, extiendo mis sentimientos de
afecto a toda la familia religiosa que vosotros, padres capitulares, representáis
aquí, y os animo a todos a perseverar con generosidad en vuestro respectivo
campo de trabajo.
2. Vuestra actividad os sitúa en el corazón de la Iglesia. En efecto, el
carisma de Oblatos de San José os pide que reproduzcáis en la vida y en el
apostolado el ideal de servicio tal como lo vivió el Custodio del Redentor. Él,
junto con su santa Esposa, mantuvo una inefable familiaridad con el Verbo
encarnado, por quien velaba continuamente. Por tanto, éste es el estilo
sencillo y laborioso de vida que queréis llevar, difundiendo la devoción a san
José con la predicación, con las publicaciones y especialmente con el
testimonio apostólico. Ésta es la típica misión pastoral que realizáis en
lugares humildes, entre gente pobre, imitando al carpintero de Nazaret, que
protegió a Jesús y lo sostuvo durante su preparación para la gran tarea de la
redención.
El beato Marello exhortaba a sus hijos espirituales a ser "cartujos en
casa", para lograr ser "apóstoles eficaces fuera de casa". Esta
enseñanza, siempre viva en vuestro espíritu, os compromete a todos vosotros,
queridos josefinos, a conservar en vuestras casas religiosas un clima de
recogimiento y oración, favorecido por el silencio y por oportunos encuentros
comunitarios. El espíritu de familia consolida la unión de las comunidades y
de toda la congregación.
3. Sé que habéis centrado vuestros trabajos capitulares en estas temáticas,
y deseo que obtengáis los anhelados frutos espirituales de vuestra importante
asamblea, que tiene lugar durante el año en que la Iglesia celebra el gran
jubileo de la Encarnación. No es difícil ver en esta feliz coincidencia un
signo de la Providencia, que os invita a cruzar la "Puerta santa", símbolo
de Cristo, para entrar renovados interiormente, como personas y como instituto,
en una nueva estación espiritual de la Iglesia. Así, seréis testigos fieles
de Cristo en nuestra época: confiados en el poder sanante del amor de
Dios, os prodigaréis en el valiente esfuerzo de la nueva evangelización. De
este modo, llevaréis a cabo vuestra misión, "realizando las obras de Dios
en silencio", como solía decir vuestro fundador, el cual añadía que, si
se trabaja "sin confiar en los hombres ni en nosotros mismos, sino llenos
de esperanza en las ayudas sobrenaturales, todo irá muy bien" (Briciole
d'oro, 15 de febrero).
Desde esta perspectiva, es muy importante la reflexión capitular sobre los orígenes
de vuestro carisma, que os lleva a las fuentes de vuestra espiritualidad, no
tanto para repetir literalmente cuanto se hacía en ese tiempo, sino para
actualizar el mensaje de vuestro fundador en la vida de hoy, de modo que influya
en la sociedad contemporánea con la misma eficacia que entonces.
4. Una característica típica de vuestro ministerio es la formación
humana y religiosa de la juventud, privilegiando la catequesis y trabajando
activamente en los centros juveniles y en las escuelas, en las parroquias y en
los oratorios, en los movimientos y en las asociaciones. Como el sembrador sabe
elegir el terreno adecuado para cada semilla, del mismo modo vosotros tratáis
de ahondar en el conocimiento de los jóvenes que la Providencia pone en vuestro
camino, para ayudarles a madurar en su respectiva vocación. Ésta es vuestra
misión. Se puede decir que el oblato de San José es, por constitución, un
catequista, que educa evangelizando con un estilo sencillo, claro y penetrante.
Sabed hablar al corazón de los jóvenes, proponiéndoles con audacia el
Evangelio. Enseñadles a amar a la Iglesia. Convenceos de que vuestra palabra
será tanto más aceptada cuanto más elocuente resulte el testimonio de vuestro
ejemplo.
Para responder a las exigencias actuales de la evangelización, es cada vez más
indispensable la colaboración de los laicos. No se trata sólo de una necesidad
operativa debida a la disminución del personal religioso, sino de una nueva e
inédita posibilidad que Dios nos ofrece. La época que estamos viviendo puede
definirse, en ciertos aspectos, como la época de los laicos. Por tanto, sabed
abriros a la aportación de los laicos. Ayudadles a comprender las motivaciones
espirituales del servicio que prestan junto con vosotros, para que sean la
"sal" que confiere a la vida el sabor cristiano y la "luz"
que resplandece en las tinieblas de la indiferencia y del egoísmo. Como laicos
fieles a su propia identidad, están llamados a animar cristianamente el orden
temporal, transformando de modo activo y eficaz la sociedad según el espíritu
del Evangelio.
5. Queridos Oblatos de San José, ya trabajáis en muchas partes del mundo.
La amplia difusión que, gracias a Dios, ha alcanzado hoy vuestra familia
religiosa exige un esfuerzo vigilante para conservar la unidad y el vínculo de
la caridad en todos los niveles. El capítulo general ha puesto de relieve de
modo muy oportuno que, aun trabajando en el ámbito local, no debéis perder jamás
la sintonía con el conjunto de la congregación y, sobre todo, la visión
universal de la Iglesia. Así será si la mirada de todos permanece siempre fija
en Cristo, camino, verdad y vida; si sabéis adheriros de forma personal y
comunitaria a él, que os llama para que vayáis a ver dónde vive (cf. Jn
1, 39).
La sólida práctica de la oración, la atención a los signos de los tiempos y
la indispensable formación permanente os ayudarán para que vuestras obras no
sean un simple servicio social, sino un testimonio del amor misericordioso de
Dios. El método os lo enseña el beato Marello, cuando os recomienda
"inspiraros en san José, el primero en la tierra que cuidó de los
intereses de Jesús; lo custodió cuando era niño, lo protegió cuando era
muchacho, y le hizo de padre durante los primeros treinta años de su vida en la
tierra" (Briciole d'oro, 24 de marzo). Que así sea para cada uno de
vosotros y para todas vuestras comunidades.
Que María, la dulce Esposa del carpintero de Nazaret, haga fructuosas, con su
intercesión, las decisiones del capítulo general. Que ayude a todos los
Oblatos de San José a tender a la santidad, vocación de todo bautizado y, con
mayor razón, de toda persona consagrada. Os aseguro mi constante recuerdo en la
oración, a la vez que complacido le imparto a usted, querido padre Lino Mela,
al renovado consejo general y a todos los miembros de la congregación de los
Oblatos de San José, una especial bendición.
|