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PALABRAS DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PEREGRINOS DE LA DIÓCESIS DE CREMONA (ITALIA)


4 de marzo de 2000

 

1. Saludo con alegría a los componentes de la peregrinación proveniente de Cremona. Amadísimos hermanos y hermanas, habéis venido a Roma para celebrar el jubileo.

Me alegra particularmente acogeros y expresaros mi agrado por esta visita, que constituye un momento significativo en el itinerario jubilar que estáis realizando, como nuevos "romeros", a los lugares del martirio de los apóstoles san Pedro y san Pablo.

Dirijo un saludo fraterno a vuestro pastor, monseñor Giulio Nicolini. Saludo también a los sacerdotes, a los diáconos, a los consagrados, a los religiosos y religiosas, a los miembros de los institutos seculares, a los seminaristas y a todos los fieles laicos y, en especial, a cuantos están comprometidos en los organismos pastorales y en las tareas de la nueva evangelización. Por último, saludo con deferencia y cordialidad al alcalde de Cremona y a todas las autoridades que han querido participar en este encuentro.

2. Vuestra presencia me recuerda la visita de noviembre de hace cuatro años, cuando vuestro obispo me entregó el "Libro del Sínodo", como signo de obediencia y fidelidad al Sucesor de Pedro. Fue el acto conclusivo, el coronamiento del recorrido sinodal y el preludio, por decir así, del "Año de san Homobono", que celebrasteis en el octavo centenario de la muerte y de la canonización de vuestro santo patrono, cuya memoria la diócesis y la ciudad de Cremona han conservado con fidelidad y devoción.

La extraordinaria figura de san Homobono, comerciante de telas, esposo y padre de familia, que se convirtió al misterio de la cruz y fue "padre de los pobres" y artífice de reconciliación y paz, cobra un valor ejemplar como llamada a la conversión. Su ejemplo muestra que la santificación no es vocación reservada a algunos, sino que se propone a todos.

Junto a vuestro ilustre patrono se encuentran tres presbíteros de vuestra tierra que llegaron al honor de los altares en el último medio siglo:  Vincenzo Grossi, beatificado por el Papa Pablo VI durante el Año santo 1975; el camilo Enrico Rebuschini y Francesco Spinelli, por mí beatificados. Ojalá que tengáis siempre presentes estas figuras ejemplares y que constituyan para cada uno un estímulo y un aliciente para seguir con fidelidad el Evangelio.

3. Amadísimos hermanos y hermanas, habéis venido a Roma para cruzar la Puerta santa. Es una bellísima experiencia que aquí, en el corazón del mundo católico, junto al sepulcro del apóstol san Pedro y en la tierra bañada por la sangre de los primeros mártires romanos, se debe vivir a fondo. Las palabras de Jesús:  "Yo estoy con vosotros todos los días", sostienen al cristiano, que se convierte en peregrino penitente, para ser fortalecido en la fe, en la esperanza y en la caridad. Esto es lo que os deseo a cada uno de vosotros, a vuestros seres queridos y a la entera comunidad diocesana. Os deseo, en particular, que la "Casa de la esperanza", que se está construyendo sobre cimientos nuevos para acoger a los enfermos terminales de sida, corresponda a la idea que la ha inspirado:  que sea un gran testimonio de caridad para las generaciones futuras.

Amadísimos peregrinos de Cremona, sé que vuestras cuatro iglesias jubilares, comenzando por la magnífica catedral, están todas dedicadas a María. Me alegro de corazón por ello. A la Virgen, "mujer del silencio y de la escucha" (Incarnationis mysterium, 14), encomiendo las necesidades de la Iglesia cremonesa al inicio de un nuevo siglo y de un nuevo milenio.

Con mi afectuosa bendición.

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