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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS ODONTÓLOGOS ITALIANOS
CON MOTIVO DE SU PEREGRINACIÓN JUBILAR


Martes 28 de marzo

 

1. Os dirijo mi cordial saludo a cada uno de vosotros, ilustres profesores de odontología, que habéis venido en peregrinación a Roma de todas partes de Italia para celebrar vuestro jubileo. ¡Gracias por vuestra visita! Doy las gracias, en particular, al profesor Giovanni Dolci, presidente de vuestro congreso nacional, y extiendo mis sentimientos de estima y aprecio a los representantes de las asociaciones y de las industrias de este sector.

Os deseo de corazón a todos vosotros y a vuestras familias que el Año santo constituya para cada uno una extraordinaria ocasión de gracia. El jubileo quiere ser precisamente una invitación urgente a responder al don de la salvación con una profunda renovación del corazón, que se exprese mediante un camino de íntima conversión. La Puerta santa es el símbolo elocuente de la vida nueva que Cristo mismo nos ha dado con su muerte y su resurrección, y que vosotros habéis tenido la ocasión de cruzar con fe y devoción.

2. Muy oportunamente habéis deseado celebrar vuestro jubileo durante la asamblea nacional de vuestra agrupación. Así, habéis querido poner de relieve que vuestra actividad no sólo tiene una dimensión técnica:  es también una misión, que os exige poner vuestra competencia profesional al servicio del prójimo, en el que, como creyentes, sabéis ver transparentado el rostro de Cristo (cf. Mt 25, 40). La benemérita institución de la que formáis parte tiene como finalidad el progreso científico de la odontología y de la didáctica universitaria de los diversos cursos de perfeccionamiento:  asume, de este modo, una perspectiva más amplia, en beneficio de la persona humana. Por eso vuestra profesión requiere una actualización constante, tanto en el plano técnico como en el humano, con singular atención a las cuestiones éticas y morales que surgen en la actividad diaria.

En esta línea, durante los tres días de estudio y debate de vuestro congreso, habéis tratado de descubrir los métodos y las técnicas más idóneos para prevenir las infecciones, pero, al mismo tiempo, os habéis preguntado de qué modo podéis poner en práctica formas oportunas de solidaridad y cooperación internacional en favor de quienes se encuentran en situaciones de necesidad. Habéis ahondado en las nuevas posibilidades que ofrece la ciencia médico-sanitaria y, a la vez, habéis valorado cómo afrontar las necesidades de los pacientes minusválidos y de los ancianos. Al expresaros mi aprecio por estas perspectivas de compromiso, deseo invitaros a proseguir con constancia vuestros propósitos generosos, para que cada uno de vosotros sienta siempre el servicio que presta a las personas y a la sociedad como un servicio al prójimo y, especialmente, a quienes sufren.

3. El icono que naturalmente se os presenta a vosotros, personas llamadas a ayudar a la gente que sufre, es el del buen samaritano, que se inclina con compasión sobre el hombre asaltado por los bandidos y abandonado al borde del camino. El buen samaritano por excelencia es Jesús. Que él sea vuestro modelo. Él, que pasó entre los hombres haciendo el bien y curando a todos los que se lo pedían (cf. Hch 10, 38), os ayude a dedicaros con entrega generosa a cuantos recurren a vosotros.

Con todas vuestras posibilidades, sed promotores de solidaridad en Italia y en las demás naciones mediante la formación y la actualización de nuevas generaciones de profesionales preparados y responsables. Estudiad los métodos mejores para proporcionar la ayuda científica y técnica que necesitan los países que no tienen acceso a la asistencia odontológica más actualizada. Con la creatividad que nace del amor, encontrad respuestas atentas a las urgencias del prójimo necesitado, respetando la dignidad propia de todo ser humano.

4. Amadísimos hermanos y hermanas, el Año jubilar nos recuerda que Cristo vino a traer, también al hombre de nuestro tiempo, la gracia sobreabundante del Padre celestial. Acoged este don con disponibilidad, conscientes de que Dios quiere la salvación de todos sus hijos. Ante el misterio del sufrimiento, que afecta vitalmente a la existencia de numerosos hermanos, convertíos en instrumentos y en testigos de su bondad divina. La mirada iluminada por la fe sabe descubrir en el rostro de quien atraviesa una prueba los rasgos del rostro de Cristo, "varón de dolores", que con la cruz redimió el mundo.

Que en vuestra actividad, animada por estos ideales, os acompañe siempre la Virgen santísima, refugio y salud de los enfermos.

Con estos sentimientos, invoco sobre vosotros la asistencia divina y os imparto de corazón la bendición apostólica, que, complacido, extiendo a vuestras familias y a vuestros seres queridos.

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