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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A DIVERSOS GRUPOS DE PEREGRINOS 

Sábado 5 de agosto de 2000 

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

A todos vosotros, aquí presentes, os dirijo un cordial saludo, y me alegra acogeros, hoy, primer sábado del mes de agosto. La liturgia romana celebra la Dedicación de la basílica de Santa María la Mayor, primer templo del Occidente cristiano consagrado a la Madre de Dios. Mi pensamiento va a María, Salvación del pueblo romano, a quien encomiendo todas vuestras intenciones. Además, a ella quisiera encomendarle de modo especial la solemne vigilia de oración que tendrá lugar esta tarde en la basílica de San Juan de Letrán. Se trata de un importante encuentro de oración, que se celebra por iniciativa y en comunión con el patriarcado ecuménico de Constantinopla y la Iglesia ortodoxa, en la víspera de la fiesta de la Transfiguración del Señor.

Quiera Dios que esta iniciativa providencial favorezca el diálogo ecuménico y haga que avance el camino común hacia la unidad plena de todos los cristianos.

Saludo especialmente a los enfermos de Malta, que, junto con sus asistentes y compañeros, vienen de una peregrinación a Lourdes. Queridos amigos, el mensaje espiritual que resuena en la gruta de Massabielle os ayudará ciertamente a obtener muchos frutos del Año jubilar, que es un tiempo privilegiado de penitencia y "curación" para hombres y mujeres, en todas las dimensiones de su vida. Espero sinceramente que las dificultades y pruebas no debiliten vuestro testimonio cristiano, sino que, por el contrario, lo fortalezcan aún más. Que el Señor sostenga a vuestros seres queridos, a los médicos, a las enfermeras y a los voluntarios que os acompañan.

Saludo, además, a los jóvenes de la parroquia San Antonio de Padua, de Blerick, en la diócesis holandesa de Roermond. Queridos jóvenes, os deseo que leáis y meditéis a diario el Evangelio, como hacía san Antonio de Padua, para que lleguéis a ser cada vez más mensajeros de su amor.

Saludo, asimismo, a las religiosas de la congregación de las Hijas de Nuestra Señora del Monte Calvario, aquí presentes, y también a las demás personas y familias presentes. Que María santísima conceda a cada uno paz y serenidad, a la vez que de buen grado os imparto a todos una especial bendición apostólica.

                             

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