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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN EL JUBILEO DE LOS VOLUNTARIOS 
DE LA XV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 

Castelgandolfo, sábado 12 de agosto

 

Amadísimos muchachos; queridísimos jóvenes: 

1. En el itinerario jubilar que os ha traído a Roma, a las basílicas y a los lugares santos por las memorias de los Apóstoles, habéis querido incluir una visita al Sucesor de Pedro, y habéis venido a encontraros conmigo aquí, en Castelgandolfo.

Gracias por vuestra presencia. ¡Sed bienvenidos! Gracias por vuestro testimonio de afecto. Os deseo de corazón que esta peregrinación sea para vosotros ocasión propicia para renovar una fuerte y convencida adhesión al Señor. Cristo necesita almas que testimonien ante el mundo la novedad radical de su Evangelio. Y yo os invito a abrirle, con generoso impulso, vuestro corazón, a fin de que, después de esta estancia romana, volváis a vuestros hogares más rebosantes aún de espíritu apostólico, para ser misioneros valientes de la nueva evangelización. Ojalá que las personas con quienes os encontréis, al contemplar vuestra existencia, orientada hacia la meta de la santidad, experimenten la alegría de ser discípulos de Cristo.

Durante estos días, la liturgia nos presenta significativas figuras de santos, que nos estimulan a seguir al Señor con plena fidelidad. Pienso en santa Teresa Benedicta de la Cruz, copatrona de Europa, monja y mártir del siglo pasado; pienso en san Maximiliano Kolbe, cuya fiesta celebraremos el próximo lunes; pienso en san Lorenzo, que hizo de la diaconía el sentido de su existencia, y en santa Clara de Asís, que vivió del misterio eucarístico. Que su intercesión, unida a la de san Pedro y san Pablo, os sostenga y os ayude a caminar en la fe y en la caridad, trabajando por el reino de Dios donde la Providencia os ha colocado.

2. Quisiera saludar con especial cordialidad a los "voluntarios del jubileo", que ya están trabajando desde hace algunos días para preparar la celebración ordenada de la Jornada mundial de la juventud. Se trata de un acontecimiento muy esperado, y en el que todos los creyentes tienen puesta su mirada, porque a las generaciones jóvenes les corresponde recoger la antorcha de la fe y llevarla a sus coetáneos y a la humanidad del tercer milenio.

Una representación de ellos está aquí, mientras que los demás se encuentran en la plaza de San Pedro, pero nos escuchan porque están en conexión con nosotros mediante la radio. Han participado en la santa misa presidida por el cardenal vicario, y concluirán la celebración de su jubileo cruzando por la Puerta santa. Quiero recordar, asimismo, a los agentes del Centro del voluntariado del jubileo, que coordina a los diversos grupos de voluntarios que están a disposición de los peregrinos del Año santo.

Queridos hermanos, os saludo con afecto y os agradezco la generosidad con que habéis asegurado vuestra colaboración. Dios os recompense la diligencia y la disponibilidad que manifestáis en el servicio que estáis llamados a prestar. Se os pide que ayudéis a vuestros coetáneos y a los peregrinos procedentes de todo el mundo a participar de modo ordenado y provechoso en los diferentes momentos de la Jornada mundial de la juventud. Ayudadles, también gracias a una organización eficiente, a encontrarse con Cristo y a hacer que este encuentro internacional sea una experiencia inolvidable, experiencia de los jóvenes, de la Iglesia joven. Ayudadles, además, a experimentar la belleza de estar juntos animados por sentimientos positivos, para poner las bases de una nueva humanidad, inspirada en los valores de la fraternidad y de la paz. Esta experiencia se expresa también a través de la variedad de los colores. A través de los colores y también a través de las inscripciones que lleváis. Cada uno posee un carné de identidad.

3. Mi viva estima se extiende a los dirigentes y a los colaboradores de la empresa "Sodexho". Es una institución importante porque se encarga de la distribución de la comida en los comedores organizados para la Jornada mundial de la juventud. Su labor es más meritoria aún por el gesto de renunciar a algunos días de vacaciones para estar a disposición de los participantes en esta extraordinaria manifestación jubilar y por el don del dinero correspondiente a una hora de su trabajo, que se destinará a la caridad del Papa. Así el Papa ha salido ganando. Por eso, os doy cordialmente las gracias por vuestra solicitud y por vuestra  generosidad. ¡Que Dios os lo pague!

4. Queridas hermanas de la Asociación de mujeres de Schönstatt, en pleno Año santo, con ocasión del 50° aniversario de vuestra fundación, habéis peregrinado a Roma para fortaleceros ante las tumbas de los apóstoles san Pedro y san Pablo con vistas a vuestra misión. Os doy cordialmente la bienvenida en Castelgandolfo y, al mismo tiempo, os deseo que vuestra peregrinación os confirme en la fe, en la esperanza y en la caridad.

En este encuentro me vienen a la memoria el testimonio y las obras de las mujeres cristianas, que han forjado la vida de la Iglesia y de la sociedad. La fuerza espiritual de la mujer reside precisamente en que Dios le ha confiado la vida de modo particular. Ojalá que esta conciencia de vuestra vocación os recuerde la dignidad que, como mujeres, habéis recibido de Dios. El servicio a la vida os hace "mujeres fuertes y completas" (cf. Pr 31, 10), apoyo firme para todos los que os rodean. Demos gracias a Dios por tantas "mujeres fuertes". Por intercesión de la Virgen María, que estuvo al servicio de la vida divina, os deseo una provechosa estancia en la ciudad eterna. Os imparto de buen grado a vosotras, y a todos los miembros de la Asociación de mujeres de Schönstatt, mi bendición apostólica.

5. Quisiera saludar, por último, a los demás peregrinos, que han venido, individualmente o en grupo, a visitarme. A todos os aseguro un recuerdo en mi oración y, a la vez que invoco sobre cada uno la dulce protección de María, elevada al cielo, ya casi en la vigilia de su fiesta, os bendigo de todo corazón.

                                  

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