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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A VARIOS GRUPOS DE PEREGRINO JUBILARES


Sábado 26 de agosto de 2000

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Al venir a Roma para vuestra peregrinación jubilar, habéis querido incluir una etapa aquí, en Castelgandolfo, para saludar al Sucesor de Pedro. ¡Gracias por vuestro afectuoso gesto! Os agradezco la visita y doy a cada uno mi cordial bienvenida.

Procedéis de varias regiones; os anima el deseo interior de participar más intensamente de los especiales favores espirituales del Año santo, y estáis decididos a renovar vuestra adhesión de fe al Hijo de Dios, de cuyo nacimiento celebramos el bimilenario.

Saludo, ante todo, a monseñor Enrico Masseroni, arzobispo de Vercelli, a monseñor Tarcisio Bertone, arzobispo emérito, secretario de la Congregación para la doctrina de la fe, y a monseñor Giulio Nicolini, obispo de Cremona, que han guiado las peregrinaciones de sus respectivas comunidades diocesanas. Saludo a cuantos han querido acompañarlos:  a los sacerdotes, a los consagrados, a los agentes pastorales, a las familias, a los jóvenes y a todos los que comparten la misma pasión por el Evangelio en la acción pastoral diaria. Por medio de vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, envío un cordial saludo a vuestras diócesis respectivas.

2. Amadísimos fieles de Vercelli, vuestra visita a los lugares sagrados, a las memorias de los apóstoles san Pedro y san Pablo, tiene para vosotros una doble finalidad. Es un momento intenso de oración, en vísperas de la reanudación de las actividades diocesanas en sus diferentes niveles, y, al mismo tiempo, es un gesto significativo con el que, tanto los pastores como el pueblo cristiano, queréis confirmar juntos vuestra fidelidad común a Cristo.

Al volver a vuestros hogares os espera el "septiembre pastoral", mes de encuentros y programación para establecer las líneas de la actividad apostólica común. Os interesáis, ante todo, por la acción de las parroquias, llamadas a ser auténticas fronteras de la evangelización, capaces de adaptarse a las nuevas situaciones sociales. En efecto, precisamente a través de esta importante red eclesial pasa, en primer lugar, la fuerza vivificante del Evangelio, que puede renovar la existencia de cuantos se muestran dispuestos a acogerlo. Esta tarea requiere valentía y prudencia, santidad de vida y entrega incansable al anuncio de la buena nueva, mediante la catequesis, la vida litúrgica y el testimonio de la caridad.

Otra meta de vuestro compromiso consiste en proseguir el camino que estáis recorriendo desde hace tres años, mediante una acción pastoral dirigida principalmente a las familias, "enviadas" a evangelizar a las otras familias.

Además, la reciente e inolvidable Jornada mundial de la juventud os indica cuán importante es "anunciar a Jesucristo al mundo de los jóvenes". Espero que el "laboratorio de la pastoral juvenil", que habéis creado, sea cada vez más un instrumento que ayude a las generaciones jóvenes a acercarse a la persona del Redentor, para que encuentren en él el sentido profundo de su compromiso y la fuente inagotable de su felicidad.

La parroquia, las familias y los jóvenes son los ámbitos pastorales privilegiados que requieren singular atención, entrega generosa y constante pasión misionera por parte de todos.
Que la Virgen María os sostenga en vuestro esfuerzo, e interceda por vosotros san Eusebio, vuestro patrono e intrépido defensor de la ortodoxia de la fe en la Iglesia de su tiempo.

3. Amadísimos fieles de Cremona, mi pensamiento se dirige ahora a vosotros y, con especial simpatía, a los socios del Centro deportivo italiano, que han venido aquí en bicicleta o a pie. Vuestra segunda peregrinación jubilar se desarrolla en el clima  y en continuidad ideal con la XV Jornada mundial de la juventud y el jubileo de los jóvenes, en los que estuvieron presentes  mil jóvenes cremoneses.

A la luz del Evangelio, he definido ese emocionante acontecimiento, lleno de profunda intensidad espiritual, como un "laboratorio de la fe". Hoy quisiera aplicar esta misma imagen también a nuestro encuentro. Que os estimule a fortalecer la fe y el testimonio cristiano que esta mañana, después de cruzar la Puerta santa, habéis profesado con gran fervor ante la tumba del apóstol san Pedro:  fe en Cristo, Hijo de Dios, y en su Iglesia una, santa, católica y apostólica. Ojalá que esta experiencia romana sostenga vuestro testimonio del Evangelio y os guíe en el nuevo año pastoral que la diócesis está a punto de comenzar, con el tema:  "Redescubrir el día del Señor para que el Año santo no termine".

Me alegra saber que todas vuestras iglesias  jubilares  están  dedicadas  a María. Recuerdo, entre ellas, la espléndida catedral y el santuario de Santa María de la Fuente, en Caravaggio, que visité en 1992 y llevo con cariño en mi corazón.

Por eso, a María le encomiendo con particular afecto el camino de la Iglesia que está en Cremona en este paso del siglo y del milenio, ya caracterizado por abundantes gracias.

4. Con iguales sentimientos de afecto, deseo dirigirme ahora a los fieles de las parroquias San Lorenzo, de Manerbio (Brescia), San José Obrero, de Turín, y Santa Francisca Cabrini, de Codogno (Lodi), así como a los demás peregrinos y familias que han querido unirse a nuestro encuentro.

Amadísimos hermanos y hermanas, ojalá que el intenso momento espiritual que ciertamente tenéis la gracia de vivir con ocasión de vuestro jubileo os impulse a ser fuertes en la fe, alegres en la esperanza y perseverantes en la caridad. Sed siempre testigos de alegría evangélica y de solidaridad fraterna.

Queridos hermanos, que Dios os colme de su amor misericordioso. Os acompaño con mi oración, al mismo tiempo que os imparto de corazón una especial bendición a vosotros, a vuestros seres queridos y a vuestras respectivas comunidades.
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