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AUDIENCIA DE JUAN PABLO II A VARIOS
GRUPOS DE PEREGRINOS Sábado
16 de septiembre de 2000
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra encontrarme con vosotros en esta audiencia especial, que se
inserta oportunamente en el programa de vuestra peregrinación jubilar. Os doy
mi cordial bienvenida.
Venís de diversas localidades y habéis llegado a Roma el día en que la
Iglesia hace memoria de los mártires san Cornelio, Papa, y san Cipriano,
obispo. Vuestra presencia en la ciudad eterna, donde numerosos creyentes,
junto con los apóstoles san Pedro y san Pablo, dieron su valiente testimonio
de Cristo, os ofrece la posibilidad de reflexionar en vuestro compromiso
cristiano y en la exigencia de un testimonio coherente, que deriva de él.
Os deseo cordialmente que, imitando el ejemplo de esos valientes testigos de
la fe e invocando su protección, os fortalezcáis en vuestros propósitos de
vida cristiana, de modo que prosigáis con renovado entusiasmo por el camino
de la santidad, fieles al Evangelio y a la enseñanza de la Iglesia.
2. Saludo con afecto a los peregrinos que han
venido de las diócesis de Sorrento-Castellammare di Stabia y de Castellaneta,
acompañados por sus obispos respectivos, monseñor Felice Cece y monseñor
Martino Scarafile, a quienes saludo con afecto fraterno.
Amadísimos hermanos y hermanas, espero que al cruzar la Puerta santa tengáis
las disposiciones interiores necesarias para recibir la riqueza que Dios
quiere derramar en las almas con ocasión de las celebraciones jubilares. Para
vosotros y para vuestras comunidades constituye una singular ocasión de
crecimiento espiritual, que no debéis desaprovechar en absoluto.
El jubileo se configura como un Año de gracia y de misericordia para todos
los creyentes, que están llamados a agradecer y alabar a Dios por sus
dones. Se trata de un tiempo propicio también para una práctica más
consciente de los sacramentos, que son medios privilegiados de gracia queridos
por Cristo para la santificación. La Eucaristía, en particular, encierra en
sí la totalidad de los misterios de la redención: en ella el Padre
sigue dándonos la persona divina del Hijo encarnado para la salvación de los
hombres.
Así pues, la Eucaristía debe ocupar en la vida eclesial un lugar destacado,
porque la Iglesia y cada creyente encuentran en ella la fuerza indispensable
para anunciar y testimoniar a todos el mensaje del Evangelio. Además, la
Eucaristía, al ser la celebración de la Pascua del Señor, es en sí misma
un acontecimiento misionero en el que se realiza el vínculo inseparable entre
comunión y misión, que hace de la Iglesia el sacramento de la unidad de todo
el género humano.
Quiera Dios que vuestras comunidades diocesanas saquen de la celebración de
la Eucaristía la convicción interior y la fuerza espiritual para crecer en
la caridad y abrirse a otras Iglesias más pobres y necesitadas de apoyo en el
campo de la evangelización y de la cooperación misionera.
3. Dirijo ahora un cordial saludo a los demás grupos y peregrinos
presentes, de modo especial a los fieles procedentes de varias parroquias. Que
vuestras comunidades sean lugares de encuentro con Cristo, en la oración y en
la fraternidad. Esto os permitirá acoger a cuantos viven un poco alejados de
la Iglesia, ayudándoles a volver a ver en ella a la familia de los hijos de
Dios.
Acojo con alegría a las Religiosas Misioneras de la Inmaculada, que están
celebrando durante estos días su capítulo general, con el que quieren
despertar en su instituto una conciencia más viva del carisma originario:
el celo por anunciar el Evangelio a los pueblos. Queridas hermanas, abrid en
la oración vuestro corazón a la voz del Espíritu. Pedidle que suscite en
vuestra congregación un nuevo impulso para difundir el reino de Dios. El
tercer milenio espera personas inflamadas del amor de Cristo, que sepan llevar
con gran eficacia el anuncio de la salvación a las nuevas generaciones. Ruego
por vosotras, para que las decisiones que toméis durante vuestro capítulo
reflejen plenamente la voluntad del Señor.
Me alegra asimismo dar la bienvenida al numeroso grupo de administradores y
colaboradores de la "Compañía católica de seguros", de Verona,
que han venido aquí para testimoniar su fe y las raíces en las que se
inspira la actividad de su prestigiosa compañía. En efecto, llevar el nombre
de "católica" es motivo de gran responsabilidad. Por eso, animo a
cada uno a ser siempre coherente con los valores que profesa la Iglesia, a la
vez que expreso mi aprecio por todo lo que realiza vuestra compañía con el
fin de incrementar la cooperación y la solidaridad social.
Dirijo ahora un saludo en particular a los representantes
del "Instituto Pablo VI" de Brescia y de las ediciones Studium
de Roma, a quienes agradezco el regalo que me han hecho de la reciente
publicación sobre el Papa Pablo VI. Saludo, además, a las diferentes
asociaciones y a los grupos presentes, en particular a los Alpinos jubilados,
que han venido aquí en gran número, y a los miembros del "Grupo
Camunni" del eremitorio de Bienno, de la diócesis de Brescia. Ojalá que
la experiencia jubilar sea para todos un estímulo eficaz de caridad, justicia
y paz, para renovar en Cristo todos los ámbitos de la vida.
4. Saludo con afecto a los participantes en el II congreso internacional
del Foro vascular de Europa central, reunido en Roma para debatir sobre
diferentes patologías vasculares y nuevas técnicas de tratamiento. Ojalá
que esas deliberaciones sirvan para fortalecer la determinación internacional
de poner el conocimiento y la experiencia médica al servicio de todas las
personas sin distinción, y de usar los progresos de la ciencia médica para
salvaguardar y defender la vida humana en todas las fases de su existencia.
Gracias por vuestra presencia, y que el Señor os bendiga a vosotros y a
vuestras familias con su gracia y su paz.
5. Dirijo un saludo particular a los padres Basilianos, a las religiosas
Esclavas de María Inmaculada y a los laicos de la Iglesia greco-católica
ucraniana procedentes de la archidiócesis de Lvov. Queridos hermanos, os
deseo que el don de vuestra peregrinación jubilar y la experiencia de vuestra
visita a las tumbas de los Apóstoles os ayuden a fortalecer vuestra adhesión
al Evangelio y vuestra comunión en la caridad con la única Iglesia de
Cristo.
6. Invocando sobre todos los presentes la intercesión de María, Madre
del Redentor, en este sábado dedicado particularmente a ella, os imparto de
corazón a vosotros y a vuestras familias la bendición apostólica.
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