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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LA
COMISIÓN MIXTA INTERNACIONAL DE DIÁLOGO ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y
LA ALIANZA MUNDIAL DE IGLESIAS REFORMADAS
Lunes
18 de septiembre de 2000
Queridos hermanos:
Me agrada mucho tener la oportunidad de saludaros durante estos días de
vuestro encuentro, en Roma. Os halláis en la tercera fase del diálogo
internacional entre la Alianza mundial de Iglesias reformadas y la Iglesia católica,
diálogo que comenzó poco después del concilio Vaticano II y que ya ha dado
resultados significativos.
En el ámbito del movimiento ecuménico, el diálogo teológico es el modo
apropiado de afrontar juntos las cuestiones por las cuales los cristianos han
estado divididos, y de construir juntos la unidad a la que Cristo llama a sus
discípulos (cf. Jn 17, 21). En este diálogo aclaramos nuestras
posiciones respectivas y examinamos las razones de nuestras diferencias. Así,
nuestro diálogo se convierte en un examen de conciencia, una llamada a la
conversión, en la que ambos interlocutores examinan en presencia de Dios su
responsabilidad con el fin de hacer todo lo posible para superar los
conflictos del pasado. El Espíritu nos infunde el deseo de confesar juntos
que hay "un solo cuerpo y un solo Espíritu, (...) un solo Señor, una
sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios, Padre de todos, que lo trasciende
todo, y lo penetra todo, y lo invade todo" (Ef 4, 4-6). Sentimos
esto como un deber, como algo que debe hacerse para que "el mundo
crea" (Jn 17, 21). Por esta razón, el compromiso de la Iglesia
católica en favor del diálogo ecuménico es irrevocable.
En esta tercera fase, vuestro diálogo tiene como tema: "Iglesia y
reino de Dios". En la historia reciente asistimos a la agonía causada
por ideologías que pretendían desplazar a Dios y su reino. Al comienzo del
nuevo milenio, es muy importante que todos los cristianos, separados entre sí
desde hace tiempo, se sientan profundamente interpelados por esta exhortación
del Señor: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios:
convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15). Que vuestro diálogo
encarne el espíritu de amor fraterno y de estima necesario para acoger estas
palabras de nuestro Salvador.
"La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor
Jesucristo estén con vosotros" (1 Co 1, 3).
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