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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A DIVERSOS GRUPOS DE PEREGRINOS JUBILARES


Sábado 21 de octubre de 2000

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Me alegra daros mi cordial bienvenida en esta audiencia jubilar, en la víspera de la Jornada mundial de las misiones. Se propone de nuevo a nuestra reflexión, también en esta circunstancia, el gran misterio de la encarnación del Verbo divino, que se realizó hace dos mil años en el seno de María. Por tanto, esta cita constituye una ocasión muy favorable para tomar mayor conciencia de la urgencia de llevar al tercer milenio el gran anuncio de la salvación, ofrecida por Dios a la humanidad.

En este clima de fiesta y de compromiso misionero, os saludo a todos los que habéis venido a Roma en peregrinación jubilar, comenzando por el grupo de peregrinos del vicariato diocesano de Bolonia norte, guiado por el obispo auxiliar, monseñor Ernesto Vecchi, a quien agradezco las palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Queridos hermanos, recuerdo siempre con agrado mi visita a vuestra ciudad, hace tres años, con ocasión de la solemne clausura del Congreso eucarístico nacional. Fui precisamente al territorio de vuestro vicariato. Recuerdo la gran vigilia de oración y la sucesiva solemne celebración eucarística conclusiva.

Conservad siempre vivo en vuestra alma el recuerdo de aquel acontecimiento eclesial, que fue un momento importante del camino de preparación para el gran jubileo. En efecto, en el "corazón" del jubileo está Jesús eucarístico, fuente y cumbre de toda la evangelización. En él podréis encontrar constantemente energía y valentía para la misión a la que Dios os llama.

Sé que recientemente las reliquias de vuestro patrono, el santo obispo Petronio, fueron trasladadas a la basílica dedicada a él. Me congratulo con vosotros, y espero que esa significativa celebración os ayude también a mantener viva la conciencia de vuestra identidad "petroniana". Que la Virgen de San Lucas, tan querida para los boloñeses, y san Petronio, vuestro protector especial, os sostengan en vuestro renovado camino de vida y de testimonio cristiano.

2. Mi afectuoso saludo se dirige ahora a los fieles provenientes de la diócesis de Palestrina, presentes en esta audiencia junto con su pastor, monseñor Eduardo Davino, que ha interpretado con vigor vuestros sentimientos comunes. Queridos hermanos, la peregrinación a las tumbas de los Apóstoles representa una fuerte invitación a experimentar el perdón, la reconciliación y la renovación de vida. Es una llamada a volver a comenzar cada día el camino de fe y de participación en la vida de la comunidad cristiana. Es obvio que este esfuerzo por comenzar de nuevo no ha de entenderse, por decirlo así, en orden cronológico, sino más bien en sentido espiritual. Os animo a perseverar.

Espero que la celebración del Año santo, y en particular la visita a la Sede de Pedro y el paso por la Puerta santa, acrecienten en todos vosotros el deseo de auténtica conversión, para iniciar un camino más intenso y generoso de apertura a la gracia divina y de testimonio de los valores evangélicos.

3. Me dirijo ahora a vosotros, amadísimos fieles provenientes de la diócesis de Crema, acompañados por vuestro obispo, monseñor Angelo Paravisi, a quien agradezco los sentimientos expresados en nombre de todos. Este encuentro me trae a la memoria la cordial acogida que vuestra comunidad me dispensó con ocasión de la visita pastoral que realicé a Crema en junio de 1992. Sé que os habéis preparado para este encuentro con el Sínodo diocesano y con las diversas etapas que han jalonado progresivamente el camino pastoral de vuestra diócesis en estos últimos años.

Os exhorto a proseguir con renovado entusiasmo vuestro esfuerzo de fidelidad al Evangelio. Obtened luz y fuerza del sugestivo episodio evangélico de los discípulos de Emaús, en el que se inspira vuestro itinerario pastoral. Que el fascinante descubrimiento de la presencia viva del Señor resucitado a través de la escucha de su palabra y la "fracción del pan" os impulse a profundizar la comunión y la colaboración pastoral dentro de vuestras comunidades y renueve vuestro anhelo de ser heraldos del Evangelio de la salvación.

4. Dirijo también un afectuoso saludo al numeroso grupo de peregrinos de las parroquias San Tammaro, San Vito, Santa Catalina y Nuestra Señora del Buen Consejo en Grumo Nevano, de la diócesis de Aversa, de la que proviene el querido monseñor Crescenzio Sepe, secretario del Comité para el gran jubileo, el cual ha interpretado oportunamente los sentimientos de sus paisanos. Amadísimos hermanos y hermanas, ojalá que esta celebración ante la Cátedra de san Pedro os fortalezca en vuestro camino personal y eclesial hacia una fe cada vez más firme y madura, que siga traduciéndose en iniciativas de caridad al servicio de vuestros hermanos.

Sed conscientes de vuestro papel dentro de una comunidad cristiana que vive intensamente su espíritu de servicio en el mundo, al que siente el deber de presentar de modo creíble el Evangelio.

5. Mi cordial saludo va asimismo a los numerosos miembros de la Federación italiana de Asociaciones de donantes de sangre, acompañados por el obispo auxiliar de Roma monseñor Armando Brambilla, que ha expresado los sentimientos de cada uno. Queridos hermanos, la donación de sangre es un gran gesto de solidaridad, que llega a implicar los aspectos más profundos de la personalidad humana, comprometiéndola a vivir la espiritualidad del don. A la vez que os expreso mi vivo aprecio por el significativo testimonio de sensibilidad dado por vuestras beneméritas asociaciones, os exhorto a enriquecer sus diversas actividades sociales y sanitarias con una sólida formación espiritual, para que presten siempre su servicio a la vida de la mejor manera posible.

6. Saludo cordialmente a los jóvenes húngaros, estudiantes de la escuela secundaria de los cistercienses de Pécs. Ojalá que este encuentro sea para vosotros fuente de gracia divina. Alabado sea Jesucristo.

7. Por último, doy una afectuosa bienvenida a los demás grupos de peregrinos. En particular, a los miembros de la Asociación nacional de bomberos jubilados, de la Asociación de campistas itinerantes, de la Asociación de conmemoraciones históricas de Las Marcas, y del Club de Leones de Caserta, así como a los participantes en el Congreso organizado por el Instituto de la Caridad y a los frailes capuchinos de la provincia religiosa de Umbría. A todos os dirijo mi afectuoso saludo, deseándoos una intensa y fructuosa celebración jubilar.

Invocando la protección materna de María, Estrella de la evangelización y Reina de las misiones, os bendigo de corazón a cada uno de vosotros, a vuestras familias, a vuestras comunidades y a vuestras asociaciones.

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