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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
DIVERSOS GRUPOS DE PEREGRINOS JUBILARES
Sábado 2 de diciembre de 2000
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Durante vuestra peregrinación jubilar habéis deseado manifestar
vuestro afecto y vuestra cercanía espiritual al Sucesor de Pedro. Gracias,
queridos hermanos, por este testimonio de comunión. Os doy mi cordial
bienvenida a cada uno de vosotros, provenientes de varias localidades.
Saludo, ante todo, a monseñor Salvatore Boccaccio, obispo de
Frosinone-Veroli-Ferentino, y al numeroso grupo de peregrinos que guía. Le
agradezco las amables palabras con las que ha querido recordar las razones de
esta peregrinación diocesana. Saludo, además, a toda la comunidad diocesana:
a los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, los seminaristas, los jóvenes,
los laicos comprometidos en el apostolado y los representantes de los diversos
ayuntamientos que forman la articulación civil del territorio de la diócesis.
A vosotros, queridos fieles de la Ciociaria, os pido que llevéis mi saludo a
cuantos no han podido estar presentes hoy.
Habéis preparado en la diócesis un plan quinquenal, que prevé la formación
de los sacerdotes, los consagrados y los laicos, con el fin de llevar a cabo una
"conversión pastoral" que impulse a todos a un renovado compromiso en
las parroquias. Precisamente hoy se publica una carta pastoral de vuestro
obispo, que os impulsa a llevar a cabo una acción evangelizadora común, capaz
de implicar a todos los miembros de la comunidad eclesial. El cristiano, al
acoger el Evangelio en su vida, no puede menos de prodigarse para realizar en su
entorno el proyecto del Señor: evangelizado, evangeliza. Si abre su corazón
a Cristo, sabrá ser para sus hermanos signo vivo de su amor.
2. La nueva evangelización, como anuncio renovado de la novedad de la vida
en Cristo, quiere ayudar a todas las personas a comprender que la ley divina es
ley de libertad y de alegría para la plena realización de la persona. Todos,
sacerdotes y catequistas, padres e hijos, consagrados y casados, tienen la
responsabilidad de volver a proponer al mundo el anuncio siempre actual de
Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Es preciso que este anuncio resuene
con profundo ardor, gracias a una evangelización abierta a todos, nueva en los
métodos y en las propuestas.
Amadísimos hermanos y hermanas, el Señor os llama a esta ardua pero excelsa
misión. No os deja solos. Mediante la gracia de los sacramentos recibidos con
frecuencia, la intensa oración personal y la adhesión cordial al Magisterio,
podéis crecer espiritualmente y vuestra comunidad eclesial avanzará fiel a su
Señor. Proseguid por este camino, con plena unidad entre vosotros y en estrecha
comunión con vuestro celoso pastor.
3. Os dirijo un saludo cordial a vosotros, queridos miembros del Círculo
de San Pedro y de la Asociación San Pedro y San Pablo. Habéis querido celebrar
vuestro jubileo junto con vuestros colaboradores y familiares. Deseo manifestar
mi profunda estima a vuestros asistentes espirituales, a los queridos monseñores
Ettore Cunial y Franco Follo. Os exhorto a cada uno a proseguir la obra tan
meritoria, promovida por vuestras organizaciones respectivas. Por mi parte, os
agradezco vuestro constante y silencioso servicio a mi persona y a mi ministerio
petrino universal.
Este encuentro me brinda la oportunidad de repetiros que vuestras dos
asociaciones tienen una significativa misión que cumplir en el corazón de la
Iglesia: una misión de adhesión total al Evangelio y de generoso
servicio a los hermanos necesitados. Que estos dos aspectos -la conversión
personal a Cristo y el servicio al prójimo- estén siempre presentes en vuestra
actividad. Sed apóstoles del Evangelio en vuestra familia y, también gracias a
un itinerario de constante formación ascética y pastoral, creced en la
conciencia de vuestra vocación. El Señor os haga oyentes cada vez más atentos
de su palabra de salvación, para que se convierta en el pan diario de vuestro
crecimiento espiritual y misionero.
4. Me agrada particularmente dar una cordial bienvenida a cada uno de
vosotros, ilustres miembros de la Fundación "Centesimus annus, pro
Pontifice", que habéis venido con vuestros familiares. Este encuentro se
inscribe felizmente en el acontecimiento del gran jubileo del año 2000, que
también para vosotros constituye una ocasión singular de gracia y un valioso
estímulo para renovar vuestro generoso compromiso al servicio del magisterio
social y de caridad del Sumo Pontífice. Saludo a monseñor Agostino
Cacciavillan, presidente de la Administración del patrimonio de la Sede apostólica
y le agradezco sinceramente las amables palabras con las que ha querido expresar
la devoción al Papa que distingue a los miembros de esta fundación. También
participa en este encuentro el cardenal Francis Arinze, presidente del Consejo
pontificio para el diálogo interreligioso, a quien saludo con afecto. Saludo,
además, al secretario del APSA, monseñor Claudio Celli, a vuestros asistentes
nacionales y a todos los eclesiásticos presentes, que comparten el compromiso y
las esperanzas de esta benemérita organización.
Al término de un año rico en acontecimientos extraordinarios para la vida de
la Iglesia y del mundo, deseo manifestaros mi satisfacción por la contribución
dada por vuestra fundación a la profundización del magisterio eclesial al
servicio de la justicia y de la paz. Como recordaba monseñor Agostino
Cacciavillan, esa aportación se puso de relieve ante todo con ocasión de la
celebración del jubileo de esta fundación, el pasado 27 de febrero, y con la
significativa participación en el del mundo del trabajo, celebrado el pasado 1
de mayo en Tor Vergata. Os preparasteis para ese encuentro jubilar con un
importante congreso internacional sobre "Ética y finanzas", cuyo
documento final habéis querido presentarme ahora; representa vuestra contribución
para hallar los caminos justos y transitables a fin de promover el primado de la
persona humana y el bien común en el ámbito financiero y administrativo.
Espero que vuestra fundación brinde una colaboración cada vez más cualificada
a la misión de evangelización y promoción humana de la Iglesia y de la Sede
apostólica, y encomiendo todos vuestros propósitos y actividades a la protección
de María, que engendró en la carne al Hijo eterno del
Padre y, al pie de la cruz, nos fue dada como Madre.
5. Saludo asimismo a la comunidad educativa del seminario menor de
Altamura-Gravina-Acquaviva delle Fonti, a los formadores, a los profesores, a
los alumnos y a los familiares que los acompañan. Queridos hermanos, que esta
sea una ocasión propicia para encomendar al Señor vuestros proyectos. La
Iglesia espera mucho de vosotros. Preocupaos por cultivar un estilo de vida
siempre conforme al Evangelio, feliz en la fe y disponible al servicio de los
hermanos. Preparaos para ser para todos testigos elocuentes de amor dócil al
divino Maestro, que guía a todo hombre por las sendas de la paz y la alegría.
6. Me dirijo ahora con afecto a vosotros, miembros de la Asociación
nacional de buzos profesionales, que habéis venido a visitarme con ocasión de
vuestro jubileo. Gracias por vuestra presencia. Me ha conmovido el gesto simbólico
que queréis realizar en esta ocasión. En efecto, como testimonio de la
celebración de vuestro jubileo, me habéis pedido que bendiga una estatua que
representa al Cristo de los abismos. Sumergiréis esta imagen del Redentor en
las aguas de la isla del Giglio, en memoria de los caídos de vuestra intrépida
profesión. Que el Señor os proteja siempre y os conceda las gracias necesarias
para vuestra existencia.
7. Saludo cordialmente a los peregrinos de Billancourt (Francia), que habéis
venido en peregrinación jubilar. Queridos amigos, fortaleced vuestra fe y vivid
de manera renovada vuestra misión de cristianos. Recibid la bendición apostólica.
Saludo cordialmente al grupo de jesuitas croatas. Queridos hermanos, ojalá que
esta peregrinación a las tumbas de los apóstoles san Pedro y san Pablo en el
ámbito del gran jubileo del año 2000 reavive ulteriormente vuestro servicio a
la causa del Evangelio. Mi bendición apostólica os acompañe en vuestro
compromiso. ¡Alabados sean Jesús y María!
8. Por último, saludo con afecto al numeroso grupo de abogados de Bari.
Gracias, queridos hermanos, por vuestra visita. El Señor os ayude en vuestra
ardua misión al servicio de la justicia y del bien común. Saludo también a la
Unión de pequeños propietarios inmobiliarios, a los miembros de la Liga del
Chianti, a los participantes en el seminario organizado por la dirección
central de los Servicios antidroga, a los empleados y socios del Banco de
Salerno, a la Cámara de comercio de Milán-Unión de cámaras, a los empleados
de la universidad de Messina, a la Asociación italiana de empleados de hoteles
y a los Fogolars Furlans de Suiza, así como a los peregrinos de las numerosas
parroquias italianas.
Amadísimos hermanos y hermanas, os deseo que viváis este tiempo de gracia
acogiendo abundantemente el amor de Dios, que sostiene a los creyentes en su
compromiso de dar un testimonio cristiano coherente donde se encuentran y
trabajan. En este primer sábado del mes de diciembre, os encomiendo a todos a
la protección de María, a la vez que os bendigo de todo corazón.
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