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DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A LOS MIEMBROS DE LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL
 DE FÚTBOL ASOCIACIÓN (FIFA)


Lunes 11 de diciembre de 2000

 

Señor presidente; señoras y señores: 

Con gran placer os doy la bienvenida esta mañana con ocasión de la reunión del comité ejecutivo de la FIFA. Saludo al presidente, señor Joseph Sepp Blater, y a sus vicepresidentes, al secretario general señor Michel Zen-Ruffinen, a los presidentes de las Confederaciones internacionales y a todos vosotros, que tenéis la responsabilidad del mundo del fútbol, una tarea verdaderamente universal.

En efecto, el fútbol es un deporte de alcance mundial, y esto es mucho más evidente aún en la actualidad debido al gran interés popular y a la cobertura de los medios de comunicación social con que se sigue el deporte. Vuestra responsabilidad tiene una dimensión mundial, ya que más de doscientos países y ciento veinte millones de jugadores forman parte de vuestra asociación. Tenéis un inmenso poder y debéis usarlo para el bien de toda la familia humana.

Ciertamente, sois administradores; pero también sois educadores, dado que el deporte puede transmitir efectivamente muchos valores elevados, como la lealtad, la amistad y el espíritu de equipo. Es muy importante tener presente esto en un tiempo en que el fútbol se ha convertido, por decirlo así, en una industria mundial. Es verdad que el éxito financiero del fútbol puede ayudar a sostener nuevas y valiosas iniciativas, como el "Proyecto caridad" de la FIFA. Pero también puede contribuir a una cultura del egoísmo y de la avidez. Por este motivo hay que poner de relieve los valores más nobles del deporte y darlos a conocer mediante los organismos representados en vuestra federación.

Como deporte practicado por personas de diferentes ámbitos étnicos, raciales, económicos y sociales, el fútbol es un excelente medio para promover la solidaridad, tan necesaria en un mundo profundamente afectado por tensiones étnicas y raciales. La "Campaña de juego limpio" de la FIFA es un signo positivo de que queréis hacer lo que está de vuestra parte para que con el deporte se pueda crear un clima de respeto y comprensión entre los pueblos.

El deporte es educativo, porque transforma los impulsos humanos, incluso los potencialmente negativos, en buenos propósitos. Los jóvenes aprenden a desarrollar un sano espíritu de lucha, sin conflictos. Aprenden a competir en un campo, donde su adversario no es su enemigo. Por esta razón, expreso mi más viva esperanza de que la FIFA siga afrontando en todos los niveles el problema de la violencia, que tanto perjudica al deporte.

De hecho, el fútbol, tan importante para enseñar a afrontar los grandes desafíos de la vida, sigue siendo un deporte. Es una forma de juego, simple y complejo a la vez, en el que la gente siente alegría por las extraordinarias posibilidades físicas, sociales y espirituales de la vida humana. Sería muy triste si un día se perdiera el espíritu del juego y el sentido de la alegría de la competición noble. Vosotros sois los guardianes del espíritu auténtico del juego. Habéis elegido como vuestro lema las palabras:  "Por el bien del juego". Sin duda, el bien del juego también puede ser una parte importante del bien del mundo. Como prenda de que el Todopoderoso os acompaña en esta tarea, invoco sobre vosotros y sobre quienes representáis los dones divinos de paz y alegría. Dios os bendiga a todos.
                

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