 |
MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II CON MOTIVO DEL 75
ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN DEL INSTITUTO PONTIFICIO DE ARQUEOLOGÍA CRISTIANA
Al venerado hermano
ZENON GROCHOLEWSKI
Gran canciller del Instituto pontificio
de arqueología cristiana
1. La feliz celebración del 75° aniversario de la fundación del
Instituto pontificio de arqueología cristiana me brinda la grata ocasión de
enviarle un saludo cordial a usted, al cuerpo de profesores, a los
colaboradores y a los estudiantes. Deseo, además, manifestar mi profundo
aprecio por la valiosa actividad cultural realizada por el instituto durante
los decenios pasados, que sigue siendo fecunda en estudios, encuentros,
debates y publicaciones.
Hoy conmemoráis con solemnidad el motu proprio "I primitivi
cemeteri", con el que el Papa Pío XI, de venerada memoria, instituyó
ese centro de investigación y formación. Deseo transmitiros a todos vosotros
la seguridad de mi cercanía espiritual y mi más ferviente estímulo a
proseguir en el servicio que prestáis en favor de cuantos se interesan por el
conocimiento y el estudio de las ricas memorias históricas de la comunidad
cristiana.
La gran solicitud con que mi venerado predecesor Pío XI, siguiendo el ejemplo
de muchos otros Papas, quiso promover la custodia y la profundización de la
vastísima herencia arqueológica de la Iglesia de Roma, se inserta muy bien
en la tarea de los sagrados pastores de recoger con el máximo esmero los
testimonios de fe y las riquezas de arte, de liturgia y de teología que
fluyen del gran río de la Revelación como innumerables arroyos a lo largo de
la historia del cristianismo. Esta tarea reviste particular importancia al
comienzo de este nuevo milenio. La celebración del gran jubileo de la
encarnación del Hijo de Dios ha proporcionado nuevo vigor a la comunidad de
los creyentes, decidida a proseguir con renovada confianza su obra de
evangelización en favor de toda la humanidad.
2. "Sanguis martyrum, semen christianorum", afirmaba
Tertuliano (Apol. 50, 13), para indicar que la fecundidad de la adhesión
incondicional a Cristo ha contribuido a la construcción del magnífico
edificio vivo que es precisamente la Iglesia. Este testimonio, que se ha
expresado también a través de la multiforme variedad de monumentos
literarios, arquitectónicos y pictóricos realizados en tantos siglos, es
herencia elocuente de innumerables "soldados desconocidos" de la
gran causa de Dios. La comunidad de los fieles no puede permitir que se pierda
este rico patrimonio espiritual.
A este propósito, me complace recordar lo que mi santo predecesor Dámaso,
cuya memoria litúrgica se celebra hoy, recomendaba a los fieles. Los
exhortaba a venerar los lugares que custodiaban las reliquias de quienes
"Christum per astra secuti... aetherios petiere sinus et regna
piorum" (Carm. IX: PL 13, 382-383). Conocer la
herencia de las generaciones cristianas pasadas permite a las generaciones
sucesivas mantenerse fieles al depósito recibido, de modo que en todo tiempo
y en todo lugar resuene el único Evangelio que salva y da vida.
La vasta actividad literaria, cultural y académica, así como la intensa obra
de preservación y conocimiento de los monumentos de la Roma cristiana, que
vuestro benemérito instituto realiza desde hace 75 años, han dado una
valiosa contribución a la Iglesia, tanto en los campos litúrgico, patrístico,
hagiográfico, canónico y teológico, como en el sector de la construcción
sagrada.
3. Aunque el objetivo principal del Instituto de arqueología cristiana
es el estudio de los vestigios de la vida eclesial a lo largo de los siglos,
no se puede olvidar la influencia benéfica que ha ejercido en la investigación
de las huellas dejadas por las demás culturas antiguas, que han contribuido
al nacimiento y al desarrollo de las formas expresivas del cristianismo de los
primeros tiempos. Así, la actividad académica de esa institución ha
entablado un intenso diálogo científico con cuantos estudian las
civilizaciones del primer milenio cristiano, aportando ulteriores
conocimientos y recibiendo valiosas enseñanzas, en una relación de ósmosis
cordial y fecunda. Espero que prosiga el clima de confrontación serena de los
decenios pasados y que contribuya al crecimiento de una actitud de sincera búsqueda
de la verdad. En efecto, es posible alcanzar notables objetivos científicos y
humanos, superando actitudes de enfoque superficial de acontecimientos y obras
que no pueden menos de mostrar en su estructura íntima las huellas de las
pasiones, de los ideales, de los errores y de las concepciones de sus artífices.
Y gracias a la libertad, la honradez, la perseverancia y la humildad del
estudioso actual se puede llevar a cabo una investigación capaz de llegar a
conocimientos cada vez más profundos de cuanto nos ha legado la antigüedad.
4. Además de los resultados científicos, por lo demás importantes,
vuestro instituto puede dar también una provechosa contribución al
conocimiento y a la profundización de la fe. Efectivamente, el estudio de los
"vestigios del pueblo de Dios" facilita la reflexión sobre los
contenidos de su fe y sobre el intenso proceso de su inculturación en el arco
de muchos siglos. Este aspecto demuestra que la Iglesia es en verdad un
estandarte elevado entre las naciones, constituida por quienes "son raza
bendita del Señor" (Is 61, 9).
Ojalá que la oportuna celebración del aniversario del Instituto de arqueología
cristiana, valioso instrumento académico que colabora con la Comisión
pontificia de arqueología sacra, sea para las generaciones jóvenes motivo de
renovado interés por el estudio de la noble tradición que nos han dejado
tantos cristianos como testamento de su adhesión a Cristo.
A la vez que deseo el mayor éxito a los promotores, a los relatores y a los
participantes en ese significativo acontecimiento, os encomiendo a cada uno a
María, Madre de la Iglesia, y de corazón le imparto a usted, venerado
hermano, a los prelados, a los estudiosos y a cuantos asistan a la manifestación
conmemorativa, una especial bendición apostólica, prenda de mi constante
benevolencia.
Vaticano, 11 de diciembre de 2000, memoria de san Dámaso, Papa
|