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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON OCASIÓN DEL PREESTRENO
DE LA PELÍCULA "QUO VADIS?

Jueves 30 de agosto de 2001

1. Deseo expresar mi más profundo agradecimiento a cuantos han hecho posible esta tarde el preestreno de una película tan significativa en muchos aspectos. Me congratulo ante todo con el director, señor Jerzy Kawalerowicz, y con el productor, señor Miroslaw Slowinski, por haber realizado un trabajo excelente, que pone de relieve la actualidad de la novela de Henryk Sienkiewicz, escrita hace más de un siglo y gracias a la cual obtuvo el premio Nobel en 1905.

Esta nueva adaptación cinematográfica se realizó con ocasión del año 2000. En cierto sentido, durante el gran jubileo Cristo recorrió nuevamente las calles de Roma y del mundo entero. Y nosotros le repetimos las palabras del apóstol san Pedro, citadas por san Ambrosio (Serm. c. Auxentium, 13):  "Domine, quo vadis? Señor, ¿a dónde vas?". Y Jesús, como entonces, nos respondió:  "Venio iterum crucifigi. Vengo para ser crucificado de nuevo", es decir, vengo a renovar mi don de salvación a todos los hombres, en el alba del tercer milenio. Desde esta perspectiva, cobra un profundo significado la intención del director, al imaginar que san Pedro dirige esa misma pregunta al hombre contemporáneo:  "Quo vadis, homo? ¿A dónde vas, hombre?". ¿Vas al encuentro de Cristo, o sigues otros caminos que te llevan lejos de él y de ti mismo?

Esta pregunta nos impresiona más aún al considerar que en este momento nos encontramos precisamente en el mismo lugar en el que, hace dos mil años, sucedieron algunos de los hechos narrados por la novela y por la película Quo vadis? En efecto, estamos en el área del circo de Nerón, donde muchos cristianos sufrieron el martirio, incluido san Pedro. Testigo mudo de aquellos acontecimientos, trágicos y gloriosos, es el obelisco, el mismo obelisco que entonces se hallaba en medio del circo y que, desde el siglo XVI, se yergue en el centro de la plaza de San Pedro, corazón del mundo católico. En la cima del obelisco destaca la cruz, como para recordarnos que el cielo y la tierra pasarán, con los imperios y los reinos humanos, pero Cristo permanece:  él es el mismo ayer, hoy y siempre.

2. Muchas gracias por esta velada particular a todos los aquí presentes y, sobre todo, a los productores de la película:  al director Jerzy Kawalerowicz, a los magníficos actores y a todos los que, de diversas maneras, han colaborado en esta obra.

Dentro de poco los críticos se encargarán de hacer la valoración artística del filme. Yo solamente quiero dar las gracias por el respeto con que se ha realizado la película, respeto no sólo a la obra de arte de Sienkiewicz, sino sobre todo a la tradición cristiana, en la que se basa.

No se puede comprender la situación actual de la Iglesia y de la espiritualidad cristiana sin tener presentes los acontecimientos religiosos de los hombres que, entusiasmados por la "buena nueva" sobre Jesucristo, se convirtieron en sus testigos. Es necesario recordar el drama que experimentaron en su alma, en el que se confrontaron el temor humano y la valentía sobrehumana, el deseo de vivir y la voluntad de ser fieles hasta la muerte, el sentido de la soledad ante el odio inmutable y, al mismo tiempo, la experiencia de la fuerza que proviene de la cercana e invisible presencia de Dios y de la fe común de la Iglesia naciente. Es preciso recordar aquel drama para que surja la pregunta:  ¿algo de ese drama se verifica en mí? La película Quo vadis? permite volver a esta tradición de pruebas emocionantes y ayuda a reconocerse en ella. Una vez más, expreso mi gratitud a todos.

3. Doy las gracias nuevamente a cuantos han ofrecido y organizado el preestreno de esta tarde, y de corazón os imparto a todos vosotros y a vuestros seres queridos una especial bendición apostólica.

 

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