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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS PARTICIPANTES EN UN ENCUENTRO DE ESTUDIO SOBRE LOS NÓMADAS
Sábado
1 de diciembre de 2001
1. Deseo saludar ahora a los participantes en el Encuentro internacional
de estudio de los directores nacionales y expertos de la pastoral de los nómadas,
organizado por el Consejo pontificio para la pastoral de los emigrantes e
itinerantes, presidido por el arzobispo Stephen Fumio Hamao, a quien doy las
gracias por sus palabras.
Amadísimos hermanos y hermanas, habéis venido a Roma de los países de Europa
occidental y oriental, así como de Estados Unidos, de México y de la India,
para profundizar juntos durante estos días en los objetivos y los métodos de
vuestro apostolado específico.
Deseo reafirmar, en esta circunstancia, la constante atención que la Iglesia
presta a la vida de las comunidades de nómadas. Han encontrado un lugar
"en el corazón de la Iglesia", como solía decir mi predecesor, el
siervo de Dios Pablo VI, y los trabajos de vuestro encuentro internacional son
una ulterior y significativa confirmación.
Es preciso redescubrir los valores típicos de los nómadas. También los
comienzos de Israel, como recuerda la Biblia, se caracterizaron por el
nomadismo. Los nómadas son pobres en seguridades humanas, obligados cada día a
afrontar la precariedad y la incertidumbre del futuro. Precisamente por esto
profundizan en el sentido de la hospitalidad y de la solidaridad y, a la vez, se
fortalecen en la fe y en la esperanza en la ayuda de Dios.
2. Por tanto, al elaborar los principios y las orientaciones de la pastoral
para los nómadas conviene prestar la debida atención a estos valores
espirituales y culturales, ofreciéndoles un apoyo concreto para afrontar las
complejas problemáticas que acompañan su camino en las diversas partes del
mundo. Pienso, por ejemplo, en la dificultad de la comprensión recíproca con
su entorno, en la carencia de estructuras adecuadas de acogida, en la
instrucción y en la integración en el territorio. Sólo un compromiso pastoral
atento y clarividente puede brindar una contribución determinante para dar
soluciones adecuadas a estos problemas.
Amadísimos hermanos y hermanas, ¡gracias por el servicio que prestáis a la
comunidad nómada! Que en vuestro apostolado diario os acompañe el
ejemplo y la intercesión del beato
Ceferino Giménez Malla, llamado
"el Pelé", a quien tuve la alegría de elevar al honor de los altares
en 1997. Él nos recuerda que siempre debemos promover la convivencia pacífica
entre los pueblos que se diferencian por su origen étnico y su cultura.
Con estos sentimientos, os bendigo de corazón a vosotros, a vuestras
comunidades de proveniencia y a todos los grupos nómadas esparcidos por el
mundo.
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