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ORACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 PARA LA SOLEMNIDAD
DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
DE LA VIRGEN MARÍA


Plaza de España, Roma
Sábado 8 de diciembre de 2001

 

1. Madre Inmaculada, en este día solemne,
iluminado por el resplandor
de tu Inmaculada Concepción,
nos encontramos a tus pies, en esta histórica plaza,
en el corazón de la Roma cristiana.
Como todos los años, hemos venido a repetir
el tradicional homenaje floral del 8 de diciembre,
queriendo expresar con este gesto
el amor filial de la ciudad,
que cuenta con tantos signos
de tu presencia materna.
Hemos venido en humilde peregrinación
y, haciéndonos portavoces de todos los creyentes,
te invocamos con confianza: 
"Monstra te esse matrem...
Muéstrate Madre para todos,
ofrece nuestra oración;
Cristo, que se hizo Hijo tuyo, la acoja benigno".

2. Monstra te esse matrem!".
Muéstrate Madre para nosotros
que, ante esta célebre imagen tuya,
con corazón gozoso damos gracias a Dios
por el don de tu Inmaculada Concepción.
Tú eres la Toda Hermosa,
a la que el Altísimo revistió con su poder.
Tú eres la Toda Santa, a la que Dios preparó
como su intacta morada de gloria.
Salve, Templo arcano de Dios,
salve, llena de gracia,
intercede por nosotros.

3. Monstra te esse matrem!".
Te pedimos que presentes nuestra oración
a Aquel que te revistió de gracia,
sustrayéndote a toda sombra de pecado.
Nubes oscuras se ciernen
sobre el horizonte del mundo.
La humanidad, que saludó con esperanza
la aurora del tercer milenio,
siente ahora que se cierne sobre ella
la amenaza de nuevos y tremendos conflictos.
Está en peligro la paz del mundo.
Precisamente por esto venimos a ti,
Virgen Inmaculada, para pedirte que obtengas,
como Madre comprensiva y fuerte,
que los hombres, renunciando al odio,
se abran al perdón recíproco,
a la solidaridad constructiva y a la paz.

4. Monstra te esse matrem!".
Vela, oh María, sobre la gran familia eclesial,
para que todos los creyentes,
como verdaderos discípulos de tu Hijo,
caminen en la luz de su presencia.
Sigue velando
particularmente sobre la Iglesia de Roma,
que el 8 de diciembre de 1995,
precisamente en este lugar,
emprendió con confianza la misión ciudadana
con vistas al gran jubileo.
Fue una misión de frutos abundantes y profundos,
que contribuyó a difundir
el Evangelio de la esperanza
en cada rincón de la ciudad,
movilizando a sacerdotes, religiosos y laicos
para una amplia y profunda renovación espiritual.
Fue un camino dinámico y valiente
que, con la gracia del tiempo jubilar,
ha hecho que las personas y las familias,
las parroquias y las comunidades
sean conscientes del mandato misionero
que cada uno debe asumir responsablemente,
valorando la riqueza
y la variedad de sus propios carismas.

5. Monstra te esse matrem!".
Estrella de la nueva evangelización,
impúlsanos y acompáñanos tras los pasos
de una pastoral incansablemente misionera,
con un programa único y decisivo: 
anunciar a Cristo, Redentor del hombre.
Que la misión se convierta en testimonio diario
de cada creyente en el ambiente donde vive;
que gracias a ella
se renueve el rostro cristiano de Roma,
para que resulte claro a todos
que la fidelidad a Cristo
cambia la existencia personal
y modela un futuro de paz,
un porvenir mejor para todos.
Madre Inmaculada,
que haces a la Iglesia fecunda en hijos,
apoya también nuestra incesante solicitud
por las vocaciones
al sacerdocio y a la vida consagrada.
Que la asamblea romana del próximo mes de junio,
que la diócesis dedica oportunamente a este tema,
impulse a los jóvenes y a sus familias
a responder con corazón generoso
a la llamada del Señor.

6. Monstra te esse matrem!".
Sé para nosotros roca de valentía y fidelidad,
oh humilde joven de Nazaret,
gloriosa Reina del mundo.
Ofrece nuestra oración al Verbo de Dios,
que, convirtiéndose en Hijo tuyo,
se hizo hermano nuestro.
Que gracias a tu valiosísima intercesión
todo el pueblo de Dios
y en particular esta amada Iglesia de Roma,
"reme mar adentro" hacia la santidad,
que constituye la condición decisiva
para todo apostolado fecundo.
Madre de misericordia y de paz,
Inmaculada Madre de Dios, ¡ruega por nosotros!

 

 

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