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DISCURSO
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL SENADO ACADÉMICO DE LA UNIVERSIDAD "CARDENAL
STEFAN WYSZYNSKI" DE VARSOVIA
Sábado 15 de diciembre de
2001
Os doy mi cordial bienvenida a todos vosotros, y os agradezco la
benevolencia que me habéis mostrado al conferirme el título de doctor honoris
causa de vuestra Universidad. Lo acepto con gratitud, en consideración del
cordial recuerdo del Primado del milenio, cuyo nombre lleva vuestro Ateneo,
especialmente porque este año, con ocasión del centenario de su nacimiento, se
reavivan de modo particular los recuerdos de este gran pastor y estadista.
Acepto este título también por la esperanza que albergo, a saber, que la
Universidad dedicada al cardenal Stefan Wyszynski, cuya historia es breve, pero
sus raíces antiguas, se desarrolle en todos sus aspectos y se convierta en un
centro científico y cultural cada vez más dinámico y más importante en
Polonia.
Antes de compartir con vosotros la reflexión que nace en mi mente con ocasión
de este día quiero saludar al señor cardenal primado, gran canciller de la
Universidad, y al rector magnífico. Les agradezco las palabras que me han
dirigido. Con un cordial saludo os abrazo también a vosotros: al senado,
a los profesores, al personal docente y administrativo, a los estudiantes, a las
personas que os acompañan y al coro. Os agradezco vuestra presencia y vuestra
cercanía espiritual.
La definición del cardenal Stefan Wyszynski como gran pastor se suele
asociar a la obra de preparación de la Iglesia en Polonia para entrar en el
nuevo milenio del cristianismo. En cambio, cuando hablamos de él como estadista,
normalmente nos viene a la memoria su firme actitud frente al ateísmo
comunista, frente al totalitarismo: gracias a esta actitud la Iglesia, en
condiciones de dura prueba, logró mantener su posición en la nación y la
justa dirección de su desarrollo interno. Al parecer, este modo de ver su
persona, aunque sea justo desde todos los puntos de vista, requiere hoy una
cierta profundización. Es preciso subrayar el hecho, raramente puesto de
relieve, de que el cardenal Wyszynski, como pastor y como estadista, acentuaba
el papel de la cultura, entendida en sentido amplio, en la formación del rostro
espiritual de la Iglesia y de la nación. Más aún, no separaba jamás
estos dos campos en la influencia ejercida por la cultura. Esta cuestión debía
interesarle mucho, porque en 1966, el año del milenio, afirmó: "Los
estudios sobre nuestro pasado cultural, a causa del trabajo de la Iglesia y de
la inspiración que la Iglesia da al arte y a todo tipo de creatividad, están
siempre abiertos y son recomendables. El actual empobrecimiento del pensamiento
(...) muestra una decadencia de la cultura, experimentada como consecuencia del
abandono de las inspiraciones religiosas" (Varsovia, 23 de junio de 1966).
El pasado cultural, el patrimonio del esfuerzo creativo del pensamiento y de las
manos de generaciones animadas por el espíritu de fe arraigado en el Evangelio es
el fundamento de la identidad de la nación polaca. El Primado del milenio
destacaba justamente la necesidad de estudiar este patrimonio, de conocer los
fundamentos que mil años antes fueron puestos bajo la inspiración que de
generación en generación lleva consigo la comunidad de la Iglesia, unida en
torno a Cristo, impulsada por el Espíritu Santo, en camino hacia la casa del
Padre. ¿No es esta la tarea primaria de las universidades? Más aún, ¿no es
esta la tarea principal de una universidad que lleva el nombre del Primado del
milenio? Del mismo modo que la sede primada de Gniezno salvaguarda la tradición
religiosa de san Adalberto, así también vuestra Universidad debe salvaguardar
el patrimonio cultural que tiene su fuente en esa tradición. Sed fieles a la
llamada del cardenal Stefan Wyszynski a impulsar la cultura.
Recientemente he hablado en varias ocasiones a los representantes de los centros
universitarios polacos sobre la urgente necesidad no sólo de formar
intelectualmente a la generación joven, sino también de inculcar en ella el
espíritu de un sano patriotismo, que consiste precisamente en un
descubrimiento incesante de las raíces de su identidad humana, nacional y
religiosa, y en un esfuerzo por participar en la creación de ese patrimonio,
del que nace la realidad actual. La conciencia de saber quiénes son y la
capacidad de asumir su responsabilidad por lo que son permitirá a las
generaciones sucesivas de jóvenes polacos recurrir con gran apertura, pero sin
un sentido de extravío, al rico patrimonio de la cultura europea y mundial. Les
permitirá discernir los auténticos y perennes valores del espíritu humano,
distinguiéndolos de los fugaces sucedáneos del bien, que cobran forma en el
imperativo cultural de hoy.
En los tiempos del cardenal Wyszynski se debía subrayar la importancia de la
cultura y de la ciencia con vistas a la supervivencia de la nación frente a los
peligros del totalitarismo. Al parecer, hoy, continuando esa obra frente a las
demás amenazas surgidas en el nuevo siglo, hay que ir más allá. Observamos el
proceso de unificación de los países de Europa y de la globalización de
numerosos sectores de la vida en el mundo. Este proceso no puede realizarse
sin tomar en consideración las tradiciones espirituales y culturales de las
naciones. Por tanto, es necesario hacer que se lleve a cabo con una
participación positiva y creativa de las personas y de los ambientes
responsables en la cultura, la conservación y el desarrollo de su herencia
secular.
Hace algunos días dije a los estudiantes reunidos en la basílica de San Pedro:
"Europa necesita una nueva vitalidad intelectual. Una vitalidad que
proponga proyectos de vida austera, capaz de compromiso y sacrificio, sencilla
en sus aspiraciones legítimas, clara en sus realizaciones y transparente en sus
comportamientos. Es necesario una nueva valentía del pensamiento, libre y
creativo, dispuesto a aceptar, desde la perspectiva de la fe, las exigencias y
los desafíos que surgen de la vida, para mostrar con claridad las verdades últimas
del hombre. (...) Sois como un símbolo de la Europa que debéis construir
juntos" (Homilía durante la santa misa con los universitarios, 11
de diciembre de 2001, n. 4: L'Osservatore Romano, edición en
lengua española, 21 de diciembre de 2001, p. 8). Hoy os renuevo estas palabras
a vosotros, a los representantes de la universidad "Cardenal Stefan
Wyszynski", esperando que, mediante el honrado compromiso científico de
los profesores y los alumnos, no sólo contribuya a formar el rostro
espiritual de Polonia, sino también el de toda Europa. Es una gran tarea
-podría parecer incluso demasiado grande-, pero es una misión a la que está
llamada toda institución científica europea que se inspire en la tradición
cristiana. Aceptad con confianza esta llamada. La juventud de vuestra institución
puede ser vuestra fuerza, la fuente de nuevas energías que brotan de un modo
nuevo de afrontar los problemas que los ambientes científicos tienen planteados
desde hace siglos. Aprovechad las posibilidades que derivan de la juventud,
de la juventud de la institución y de la juventud del espíritu. De vuestra
juventud.
Este es también mi deseo para toda la universidad "Cardenal Stefan
Wyszynski": que se desarrolle y tenga gran vitalidad y creatividad;
que se inserte con fuerza en el futuro de Polonia y de Europa, modelando su
perfil espiritual y conservando toda la riqueza del patrimonio cristiano. Que la
bendición divina acompañe vuestro trabajo creativo y educativo.
Quiero saludar también a los representantes de la juventud de Varsovia, que me
han traído un regalo singular: la foto de los ocho mil participantes en
el encuentro de oración que se celebró el 22 de septiembre en los Campos de
Wilanów. Os agradezco cordialmente este gesto de recuerdo y benevolencia y,
sobre todo, el don de vuestra oración. Os bendigo de corazón a vosotros y a
todos los jóvenes de Varsovia y de Polonia.
El cardenal primado me pidió que, con ocasión de nuestro encuentro, bendijera
la copia de la imagen de la Virgen de Czestochowa que seguirá la peregrinación
por las parroquias de las diócesis de Polonia. Lo hago de buen grado. Sé cuánto
bien espiritual produce. Es una referencia particularmente fecunda a la obra del
milenio realizada por el cardenal Wyszynski. Bendigo de corazón a todos los que
ante esta imagen pidan ser confirmados en la fe, en la esperanza y en la
caridad. Que la protección de la Señora de Jasna Góra os acompañe a vosotros
y a todos mis compatriotas en Polonia. ¡Que Dios os bendiga!
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