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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA DELEGACIÓN DE RUMANÍA
EN LA ENTREGA DEL ÁRBOL
PARA LA PLAZA DE SAN PEDRO

Lunes 17 de diciembre de 2001

 

Señor presidente;
distinguidas autoridades civiles y académicas;
venerados hermanos en el episcopado;
amadísimos hermanos y hermanas: 


Me alegra acogeros a todos vosotros, que habéis venido a entregarme el regalo del árbol de Navidad, que este año proviene de los montes Cárpatos orientales, corazón de la hermosa y amada Rumanía. ¡Gracias por este significativo gesto, que me conmueve! ¡Gracias también por los otros árboles navideños, destinados a adornar varios lugares del Vaticano!

Vuestra presencia me trae a la memoria los días intensos que tuve la alegría de pasar en vuestra amada tierra, con ocasión de mi inolvidable visita apostólica de hace dos años. Recuerdo con gran emoción el encuentro con el patriarca Teoctist y la Iglesia ortodoxa rumana; asimismo, recuerdo con afecto al venerado cardenal Alexandru Todea y la fervorosa comunidad católica. Aprovecho de buen grado esta oportunidad para renovar a todo el pueblo rumano la expresión de mi gratitud por la exquisita hospitalidad que me brindaron en aquella oportunidad.

Señor presidente, a la vez que le agradezco su amable presencia y los cordiales sentimientos que me ha manifestado en nombre de todos, deseo subrayar la activa presencia de Rumanía, durante el año que está a punto de terminar, en la presidencia de la Organización para la seguridad y la cooperación en Europa. Entre las decisiones tomadas con la colaboración de vuestro país, me agrada citar las relativas al tema de los valores espirituales y de la libertad religiosa. Que Dios siga bendiciendo los esfuerzos de la nación rumana, para que no deje de desempeñar fielmente su misión de "puente" entre las diversas tradiciones culturales y religiosas europeas, favoreciendo así la paz y la comprensión entre los hombres.

Os deseo de modo especial a vosotros, venerados hermanos en el episcopado, y a toda la comunidad cristiana, que testimoniéis con coherencia los valores espirituales de la vida, el amor y la paz que la Navidad de Cristo difunde en el mundo. Que la Navidad os dé a vosotros, aquí presentes, y a todos los rumanos la alegría y la paz que nos trajo Jesús al nacer de la Virgen María.

A todos deseo felices fiestas de Navidad y de fin de año.

Con este deseo, os bendigo de corazón a todos.

 

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