Viernes 5 de enero de 2001
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Con ocasión del XIV capítulo general de vuestra congregación,
me alegra dirigirle a usted y a las hermanas mi cordial saludo. Me uno a la
asamblea capitular en la invocación al Espíritu Santo, para que las guíe
cuando, escuchando religiosamente la palabra de Dios, tomen las decisiones
oportunas sobre el camino que conviene recorrer.
Cada instituto de vida consagrada representa un don valioso del Señor a la
Iglesia y al mundo. Las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús Agonizante lo
son desde hace más de cien años, tanto en Italia como en otros países. Esto
testimonia la vitalidad de un carisma que vuestros venerados fundadores, monseñor
Marco Morelli y la madre Margherita Ricci Curbastro, supieron hacer fructificar
con admirable celo. Es un carisma que pone de relieve un aspecto esencial de la
naturaleza y de la vida del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. En
efecto, ella, como prolongación del misterio de Cristo en la historia, está
llamada a elevar al Padre continuas súplicas por la salvación de la
humanidad.
El hombre contemporáneo necesita hoy más que nunca acudir a las fuentes del
Corazón sacratísimo de Cristo. Sólo en él puede encontrar paz en los
momentos de angustia, que la actual cultura secularizada hace cada vez menos
soportables. La pobreza espiritual está hoy muy difundida, convirtiéndose a
veces en miseria. Por eso, el verdadero remedio es el redescubrimiento de la
oración cristiana, que no es evasión de la realidad y de sus pruebas, sino
vigilancia del espíritu y aceptación confiada de la voluntad divina, con la
certeza de que es siempre voluntad de amor, dispuesta a dar al hombre vida plena
y eterna.
¿Qué mejor testimonio puede encontrar este abandono confiado que el de una
vida consagrada totalmente al servicio de Dios, conocido y amado en el Corazón
de su Hijo Jesucristo, que "está en agonía hasta el fin de los
tiempos" (Blas Pascal)? Y esta consagración se ha de expresar en el
servicio generoso y fiel a los hermanos, especialmente a los más necesitados,
por cuyo amor Cristo aceptó beber el cáliz amargo de la Pasión.
Así pues, a todas las religiosas de vuestra congregación, a la que aprecio,
les recomiendo que toda la actividad apostólica esté vivificada y guiada
incesantemente por un intenso esfuerzo de oración vigilante. Que la
bienaventurada Virgen María, Reina de las vírgenes, queridas religiosas, sea
vuestro modelo. Si para todo bautizado la Virgen santísima representa el
arquetipo de la adhesión humilde y dócil a la voluntad de Dios, mucho más
debe serlo para las religiosas. Toda Esclava podrá ser fiel a su vocación si
procura asemejarse totalmente, en su corazón y en sus obras, a María, perfecta
"Esclava del Señor".
Deseo de corazón que el capítulo general, celebrado precisamente al término
del Año santo, constituya para todo el instituto un tiempo de gracia, una ocasión
privilegiada para realizar opciones sabias y valientes, según la invitación
que nos ha hecho el jubileo, con la mirada fija en el rostro de Cristo.
Con estos sentimientos, le imparto a usted, a las capitulares y a todas las
Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús Agonizante, una especial bendición
apostólica.