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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LAS DOMINICAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Viernes 5 de enero
He sabido con agrado que las madres capitulares se han reunido,
durante estos días, a fin de reflexionar con usted sobre los medios idóneos
para suscitar una renovación de la congregación, que le permita afrontar los
desafíos del momento actual. Me alegra dirigir a usted y a las hermanas mi
cordial saludo, a la vez que elevo junto con vosotras mi oración a Dios para
que os conceda generosamente los dones de su Espíritu y os impulse a realizar
opciones capaces de dar a vuestra familia religiosa renovado impulso en la obra
de evangelización, que acompaña desde los comienzos vuestro compromiso en la
Iglesia.
Surgida en Sicilia a fines del siglo XIX, gracias al celo del padre dominico
Timoteo Longo, conjuga el espíritu, las tradiciones y los ideales de
evangelización de la Orden de los Frailes Predicadores. Por tanto, la
congregación hace suya la unidad de vida entre la interioridad contemplativa y
la acción apostólica, realizada por santo Domingo, y se esfuerza
constantemente por alimentarla en la celebración comunitaria de la sagrada
liturgia, en la oración, en el estudio y en la comunión fraterna.
La evangelización es fin específico de vuestro instituto, que se propone de
modo particular la promoción humana y cristiana de la juventud a través de la
enseñanza, la pastoral juvenil, la catequesis familiar en las parroquias y las
misiones populares. Amadísimas hermanas, con este XV capítulo general queréis
profundizar la actualidad de vuestro carisma y las opciones operativas que
exige. En efecto, las transformaciones sociales y culturales requieren un
renovado y creativo compromiso apostólico. Expreso mi profundo aprecio por
vuestra voluntad de discernimiento comunitario. El riquísimo patrimonio
espiritual que habéis recibido os ayudará a encontrar los caminos convenientes
para transmitir adecuadamente el Evangelio a los hombres y a las mujeres de
nuestro tiempo. Esta obra será tanto más eficaz y creíble cuanto más se base
en una intensa comunión fraterna. Por tanto, os animo a vigilar constantemente
para que la vida comunitaria y las actividades apostólicas se mantengan en
equilibrio armonioso.
Por todos estos motivos de reflexión y compromiso, deseo aseguraros mi apoyo
espiritual. Estoy seguro de que con la ayuda de Dios sabréis encontrar valores
y estímulos positivos también en las situaciones actuales, muy diferentes de
las de otros tiempos. Seguid manteniendo vivo el espíritu que os ha sostenido
en los decenios pasados. Os impulsa a amar a vuestros hermanos, especialmente a
los jóvenes, como son, a buscarlos donde se encuentran y a acogerlos, para que
ellos, a su vez, acojan a Cristo. Oro para que esta renovación vaya acompañada
siempre por la solidez de la formación, en todos los niveles, a fin de que las
comunidades sean vivas, fervorosas y activas.
Encomiendo estas intenciones a María santísima, Sede de la sabiduría, y
bendigo de corazón a usted, a las capitulares y a toda la congregación.
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