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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL
NUEVO EMBAJADOR DE LA SOBERANA ORDEN MILITAR DE MALTA*
Viernes 12 de enero de 2001
Señor embajador:
1. Con profundo agrado recibo las cartas con las que el gran maestre de la
Soberana Orden Militar de Malta lo acredita como embajador extraordinario y
plenipotenciario ante la Santa Sede. Le agradezco las amables palabras que me ha
dirigido en este momento en que se dispone a cumplir la misión que se le ha
confiado, y le doy de buen grado mi cordial bienvenida.
A través de su persona quiero enviar un saludo deferente al eminentísimo príncipe
fray Andrew Bertie y al Consejo que colabora con él en el gobierno de la Orden.
Mi amable saludo se extiende también a todos los miembros de la benemérita
institución que usted representa y a sus respectivas familias, asegurando a
cada uno mi constante benevolencia y mi aprecio por su diligente
testimonio de fe cristiana y caridad evangélica.
Este encuentro tiene lugar pocos días después de la clausura del gran jubileo,
durante el cual los miembros de la Orden se han prodigado en la asistencia a los
peregrinos, desplegando generosamente medios y energías para satisfacer sus
necesidades. Por tanto, deseo expresar por medio de usted a los numerosos
voluntarios y miembros de la Soberana Orden Militar de Malta mi profundo
agradecimiento por ese servicio tan solícito.
2. Después de la enriquecedora experiencia espiritual del jubileo, la
Iglesia se dispone a proseguir su camino. Entra en el nuevo milenio partiendo
nuevamente de Cristo, deseosa de ser testigo de su amor entre todos los hombres.
Es para mí motivo de gran consuelo haber escuchado de sus labios, señor
embajador, que la Orden, fiel a su carisma de la tuitio fidei y del obsequium
pauperum, apoya de corazón este programa de la Iglesia.
Ante una humanidad sedienta de verdad y solidaridad, ¡cómo no subrayar la
oportuna unión y casi la fusión de estos dos objetivos que caracterizan en
todo continente la cualificada misión de los caballeros de la cruz blanca
octagonal! En la carta apostólica Novo millennio ineunte escribí que
"es la hora de una nueva "creatividad de la caridad", que
promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la
capacidad de mostrarse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto
de ayuda no sea percibido como limosna humillante, sino como un compartir
fraterno" (n. 50).
Testigos y ministros de Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8. 16), los
caballeros y las damas de la Soberana Orden Militar de Malta están llamados a
proseguir con renovada entrega, en el nuevo milenio, su acción de buenos
samaritanos, siempre dispuestos a inclinarse sobre las heridas del hombre para
derramar en ellas el aceite de la compasión y el bálsamo de la caridad.
3. Durante sus más de nueve siglos de existencia, vuestra benemérita
Orden se ha caracterizado siempre por un vínculo particular con la Sede de
Pedro. Lo recordó mi venerado predecesor el Papa León XIII en la carta apostólica
Solemne semper con la que, en 1879, reconstituyó el Gran Maestrazgo de
la Orden de Malta.
Después de él, muchos Pontífices han elogiado a vuestra Orden por su sintonía
constante y leal con la Sede apostólica. Ha actuado y sigue actuando de este
modo, dialogando con todas las culturas, para contribuir a la promoción de la
civilización del amor y de la paz. Su presencia en el ámbito internacional se
apoya también en su especial "Carta" constitutiva, que remite a los
valores fundamentales de la misericordia y la caridad, en los que la Orden se ha
inspirado constantemente en el curso de los siglos.
Señor embajador, estos son los rasgos que caracterizan a la ilustre institución
que usted representa. La fidelidad al ideal evangélico y al Sucesor de Pedro
ha costado a numerosos miembros de la Orden a lo largo de la historia su sangre,
y aún hoy adorna con honor vuestro estandarte. En la situación actual, en la
que los mecanismos impersonales de grandes transformaciones económicas y tecnológicas
contribuyen a enriquecer a quien ya posee las mayores fortunas, os pido que
intensifiquéis, en la medida de vuestras posibilidades, las intervenciones.
Seguid trabajando por una humanización y una participación de los recursos que
Dios ha destinado en igual medida a todos los hombres. No os desalentéis frente
a la dureza de la competencia "sin corazón" y "sin
misericordia" (cf. Rm 1, 31), ni frenéis vuestra acción ante ningún
obstáculo; por el contrario, seguid siendo hospitalarios, es decir,
hombres y mujeres de fe con un corazón rico en misericordia, generosos e intrépidos
en la defensa de las razones y los derechos de los pobres.
4. Señor embajador, en este momento en que empieza su misión, deseo
confirmar a toda la Orden, que usted representa, mis sentimientos de estima y
afecto. Espero cordialmente que la Soberana Orden Militar de Malta siga
brillando, como es su tradición, por un auténtico y vivificante espíritu de
caridad cristiana, capaz de aliviar, sanar y redimir de la indigencia no sólo
los cuerpos necesitados sino también las almas, a menudo envueltas en mayores
angustias.
Con estos sentimientos, invoco sobre el príncipe gran maestre, sobre todos los
caballeros y las damas de la Orden, así como sobre su persona y sobre la misión
que emprende hoy, la abundancia de las gracias divinas, confirmando estos votos
con la bendición apostólica, que imparto de todo corazón.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua españolan.3 p. 6, 9 (p. 34, 37).
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