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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A LOS ADMINISTRADORES DE LA REGIÓN LACIO, DEL
AYUNTAMIENTO Y DE LA PROVINCIA DE ROMA
Jueves 18 de enero de
2001
Señores y señoras:
1. También este año tengo el agrado de recibiros juntos para nuestro
tradicional intercambio de felicitaciones al comienzo de un nuevo año. Así, se
confirman y fortalecen los vínculos, enraizados en la historia bimilenaria, que
unen al Sucesor de Pedro con la ciudad de Roma, con su provincia y con la región
del Lacio.
Saludo cordialmente al presidente de la Junta regional del Lacio, honorable
Francesco Storace, al alcalde de Roma, honorable Francesco Rutelli, y al
presidente de la provincia de Roma, honorable Silvano Moffa. Les estoy muy
agradecido por las amables palabras que han querido dirigirme en nombre de las
administraciones que encabezan. Saludo, asimismo, a los presidentes de las
juntas respectivas y a todos vosotros aquí presentes.
2. Este encuentro tiene lugar pocos días después de la conclusión del
gran jubileo: siento la necesidad de expresaros mi más profunda gratitud
a todos vosotros y a las instituciones que representáis por la cualificada y
generosa contribución que habéis dado para que este Año jubilar se celebrara
del mejor modo posible. Este año quedará grabado en la memoria de todos
nosotros y también en la historia de la Iglesia y de la familia humana como un
tiempo de bendición y gracia. A los creyentes nos ha ayudado y estimulado a
vivir con renovada intensidad nuestra relación con Jesucristo. La experiencia
jubilar ha permitido asimismo reforzar y traducir en gestos concretos la
fraternidad universal que constituye el fundamento seguro de todo auténtico
progreso social y civil. Al término del gran jubileo la ciudad, la provincia de
Roma y la región del Lacio se han beneficiado seguramente gracias a una
cooperación provechosa, mediante la cual las instituciones religiosas y laicas
han trabajado juntas activamente para acoger a los peregrinos y visitantes de
todos los rincones de la tierra.
A este propósito, no puedo olvidar el apoyo que habéis brindado a las grandes
citas jubilares, entre las que destaca la Jornada mundial de la juventud. El
esfuerzo por lograr que Roma y el Lacio fueran lo más acogedores y
hospitalarios posibles, acompañando con oportunas medidas e iniciativas
institucionales la gran disponibilidad y generosidad de nuestras poblaciones, ha
dado óptimos frutos, y se propone como experiencia que conviene desarrollar
también en el futuro. De este modo, el jubileo seguirá produciendo sus efectos
benéficos no sólo en la comunidad religiosa, sino también en la civil.
3. Todo el bien que hemos recibido durante el Año santo nos invita a
afrontar con impulso y confianza renovados las tareas y las responsabilidades
que nos esperan ahora. En vuestra función de administradores públicos, el
punto de referencia seguro y luminoso sigue siendo la búsqueda tenaz y concreta
del bien común, sobre todo en los sectores relacionados más estrechamente con
la vida de los ciudadanos, los valores que deben animarla, los obstáculos y los
problemas que a veces la dificultan.
Siento el deber de atraer vuestra atención, ante todo, hacia el gran tema de la
familia y el papel fundamental que desempeña para el crecimiento y la formación
de las nuevas generaciones, así como para el desarrollo de las relaciones
humanas basadas en el amor y en la solidaridad. La familia debe ser el centro de
las políticas sociales, y hay que respetar su identidad propia de unión
estable entre el hombre y la mujer fundada en el matrimonio, que jamás puede
equipararse con otras formas de relación. Me complacen las iniciativas que
vuestras administraciones han emprendido en favor de la familia, reconociéndole
la "subjetividad social" y ayudándole a afrontar sus necesidades más
importantes, con particular atención a las familias recién formadas. De igual
manera es preciso pensar en los ancianos, cada vez más numerosos en Roma y en
el Lacio, especialmente por lo que respecta a la soledad que caracteriza la vida
de gran parte de ellos.
Precisamente el envejecimiento de la población muestra cuán urgentes son una
cultura, una política y una organización social realmente favorables a la
vida. Por tanto, merecen un apoyo sincero las propuestas y las medidas en favor
de la maternidad y de la tutela de la vida desde su concepción hasta su ocaso
natural: aquí se plantea un desafío fundamental para nuestro futuro.
4. Gran compromiso merece asimismo el capítulo relativo a la educación de
los niños, los muchachos y los jóvenes. A este propósito, no tengáis miedo
de emprender iniciativas valientes con respecto a la efectiva equiparación
escolar y a la valoración de estructuras como, por ejemplo, los oratorios
parroquiales, que contribuyen en gran medida a brindar una sana formación y a
prevenir formas preocupantes de malestar juvenil.
Y ¿qué decir de la sanidad? En este ámbito no sólo son importantes la
calidad técnica y la oportunidad de las prestaciones, sino también el afecto y
la atención solícita a los enfermos y a sus familiares. Hoy, además, el ámbito
de la sanidad tiende a ampliarse, relacionándose con una serie de condiciones
que pueden mejorar la calidad de la vida. Doy gracias a Dios porque en nuestra
ciudad y en la región se están llevando a cabo importantes iniciativas para
garantizar una mayor capacidad de asistencia sanitaria, que beneficiarán
probablemente incluso a las poblaciones de otras regiones. Permitidme subrayar
la necesidad de que, en la continua y rápida evolución que están sufriendo
las estructuras sanitarias, no se reduzca el espacio de la asistencia espiritual
a los enfermos y a todo el personal sanitario, sino que, por el contrario, se
respete y conserve íntegramente. Se trata de una contribución particularmente
cualificada para una plena humanización de la medicina.
5. Existen, además, los numerosos problemas de la potenciación del
entramado productivo y del desarrollo de las capacidades de innovación, de las
que dependen en gran parte la seguridad económica y el empleo. Ciertamente, las
administraciones públicas no pueden resolver todo por sí mismas. Pero están
llamadas a dar en estos campos un estímulo y una orientación indispensables,
asegurando, en lo que de ellas depende, las condiciones sin las cuales no sería
posible ese desarrollo. No sólo me refiero a los aspectos estructurales, técnicos
y organizativos, sino también a la formación de las personas, pues sabemos que
precisamente las personas constituyen, incluso desde el punto de vista económico,
el recurso primario y principal.
Un último punto que quisiera mencionar es el de la seguridad de los ciudadanos.
Se trata de una exigencia evidente para todos y singularmente seria en algunas
áreas urbanas y suburbanas. La adopción de medidas eficaces también en este
campo sería de gran ayuda para aumentar la confianza en las instituciones y el
sentido de una ciudadanía común. Además, esto facilitaría la acogida y la
integración de los numerosos inmigrantes que llegan a Roma y al Lacio animados
por el deseo de un trabajo honrado y mejores condiciones de vida.
6. Honorables representantes de las administraciones regional, provincial y
municipal, me he permitido subrayar con vosotros algunos temas de gran interés
para el bien de nuestras poblaciones. A la vez que os agradezco el apoyo que
dais a la vida y a las actividades de la Iglesia, deseo aseguraros que, en cada
uno de esos campos, las comunidades cristianas de Roma y del Lacio prestarán su
contribución cordial y desinteresada.
Encomiendo al Señor en la oración todos vuestros proyectos y propósitos de
bien, y pido a María santísima que proteja y acompañe, con su poderosa
intercesión, vuestras personas y vuestras actividades.
Con estos sentimientos, os imparto a cada uno de vosotros, a vuestras familias y
a todos los que viven en Roma, en su provincia y en el Lacio, la bendición
apostólica.
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