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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS NUEVOS CARDENALES
CON SUS FAMILIARES Y AMIGOS

Viernes 23 de febrero de 2001

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Sigue vivo en la memoria de todos el eco de las grandes celebraciones de ayer y anteayer, en las que hemos sido protagonistas de una nueva página de la historia de la Iglesia. Con el corazón rebosante de agradecimiento al Señor os acojo también hoy, en este encuentro más sencillo y familiar.

Os saludo en primer lugar a vosotros, venerados cardenales italianos. A través de vosotros, la Iglesia que está en Italia enriquece al Colegio cardenalicio con más sabiduría pastoral y entusiasmo apostólico. Extiendo de buen grado mi cordial saludo a cuantos comparten con vosotros la alegría de este momento y aprecian vuestro amor a Cristo, así como vuestra generosa entrega a la Iglesia.
A todos vosotros, amadísimos familiares, amigos y diocesanos de los nuevos purpurados, os pido que les aseguréis el apoyo de vuestra oración, para que perseveren fielmente en sus tareas respectivas y sigan realizando su valioso trabajo en beneficio de todo el pueblo cristiano.

2. Saludo a las personas de lengua francesa que han venido para acompañar a los nuevos cardenales de sus países:  Francia, Egipto, Siria, Costa de Marfil y Vietnam. Las celebraciones que acabamos de vivir nos invitan a tomar cada vez mayor conciencia de nuestro papel personal en la Iglesia. Cada bautizado, en virtud de su bautismo, está llamado a ser testigo del Evangelio y a participar activamente en la edificación del Cuerpo de Cristo, con los pastores, que tienen la misión de guiar al pueblo de Dios.

Ojalá que, al volver a vuestras diócesis, os sintáis fortalecidos en vuestra fe y en vuestro amor a Cristo y a su Iglesia, con un deseo renovado de seguir al Señor y conformar vuestra vida a la suya. Por eso, cada cristiano está llamado a desarrollar su vida espiritual contemplando al Salvador. Os imparto a todos una afectuosa bendición apostólica.

3. Con afecto en el Señor saludo a los nuevos cardenales de los países de lengua inglesa y a todos los que los han acompañado a Roma en esta feliz ocasión. A lo largo de los años he visto directamente las inmensas riquezas de las culturas de las que provenís -India, Sudáfrica, Irlanda, Inglaterra y Estados Unidos-. Ahora los nuevos cardenales ponen esas riquezas con más generosidad al servicio de la Iglesia universal, dado que están unidos más estrechamente al Sucesor del apóstol san Pedro en la tarea de proclamar el Evangelio a todas las naciones.

Queridos amigos, vivimos en una época en que las personas tienen hambre de las cosas más profundas del Espíritu. ¡Ahora es el tiempo de echar las redes! El comienzo del nuevo milenio es el momento para renovar nuestro compromiso en favor de la misión que Cristo nos ha confiado, una misión arraigada en las profundidades de la contemplación. Esta contemplación, como dije en la carta apostólica Novo millennio ineunte, es la contemplación del rostro de Jesucristo, la Palabra de vida:  "Lo que existía desde el principio (...) os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estemos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn 1, 1. 3).

Quiera Dios que las comunidades de fe a las que pertenecéis lleguen a ser cada vez más verdaderas escuelas de oración, contemplación y misión. Sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre vuestros países invoco de buen grado la protección amorosa de María, Madre de la Iglesia.

4. Dirijo un cordial saludo a los nuevos cardenales de Alemania. Saludo, asimismo, a vuestros familiares y amigos, a vuestros colaboradores y colaboradoras en  las  diócesis, a las autoridades y a los fieles que os han acompañado a Roma.

Sabéis que considero vuestra elevación al rango de cardenales también como un signo de la estima que siento por la Iglesia que vive y trabaja en vuestro país. Así, estoy seguro de que este homenaje representa para vosotros un nuevo impulso a comprometeros generosamente en el testimonio de Cristo y de su Evangelio. A la vez que deseo que la Iglesia en Alemania crezca, florezca y dé muchos frutos espirituales, os imparto de corazón a vosotros, a vuestros seres queridos, que os han acompañado a la ciudad eterna, y a todos los que han sido confiados a vuestro cuidado pastoral, la bendición apostólica.

5. Saludo con afecto a los peregrinos provenientes de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, España, Honduras, Perú y Venezuela, que han acompañado con gozo a los nuevos cardenales. A ellos se les pide ahora un mayor compromiso en el servicio a la Iglesia, hasta dar la vida por el Evangelio, como el santo que conmemoramos hoy, san Policarpo de Esmirna. Esto implica también una mayor responsabilidad para sus comunidades eclesiales y, sobre todo, para quienes, como vosotros, estáis más cerca de ellos. Por eso os invito a que les ayudéis en esta nueva misión que se les ha confiado, con la oración, la colaboración fiel y la cercanía espiritual.

Tras estos intensos días vividos en Roma, llevad a vuestras familias y paisanos, el saludo afectuoso del Papa, que se siente muy cercano a la situación de cada uno de vuestros países, que reza por sus gentes y que ahora os bendice de corazón.

6. Con particular afecto dirijo mi saludo más sincero a los señores cardenales de Brasil y Portugal. Dado que representan una parte significativa de toda la catolicidad en naciones que, por su tradición histórica y su compromiso misionero, constituyen la esperanza para la Iglesia del futuro, ruego a Dios todopoderoso que bendiga a esos pueblos y tierras, y los favorezca en el camino de la nueva evangelización con abundantes frutos de santidad en todos los sectores de la sociedad.

También dirijo un saludo especial a los familiares y amigos de los señores cardenales, a quienes han querido unirse algunos miembros del Episcopado local, principalmente de las Conferencias episcopales, y de diversas comunidades diocesanas. Esta participación tan significativa indica el aprecio del pueblo brasileño y portugués por sus pastores, y por la obra que han realizado durante estos años con generosidad y abnegación. Que la Virgen santísima proteja sus países, tan queridos para mí, y haga que los nuevos purpurados sean ejemplos vivos de pastores entregados, dispuestos a servir a la Iglesia y al Romano Pontífice con fidelidad y amor.

7. Saludo cordialmente a todos los que, durante estos días solemnes, acompañan a los cardenales Marian y Zenon.

Doy gracias a la Providencia porque la Iglesia latina en Ucrania da testimonio de su fe viva, que ha sobrevivido durante los años de la opresión y la prueba, se desarrolla reavivada por el Espíritu divino, y hoy puede alegrarse por el nuevo cardenal. Que el color púrpura de sus vestiduras sea signo de la gratitud de la Iglesia universal por todos los sacerdotes y fieles de Ucrania, que con sus sufrimientos, y a menudo con el sacrificio de su vida, han pagado su amor a Cristo y su deseo de permanecer unidos a Pedro. Ojalá que sea también un signo de esperanza:  que esta semilla de sangre dé frutos benditos en el nuevo milenio.

Me alegra que la Iglesia en Polonia participe de modo particular en el ministerio petrino mediante la persona del cardenal prefecto de la Congregación para la educación católica (para los seminarios y los institutos de estudios). Saludo a todos los que han venido a acompañarlo durante estos días con su oración.

Pido a Dios que la participación en el Consistorio os haga experimentar en la fe el misterio de la universalidad y de la unidad de la Iglesia, del que el Colegio cardenalicio es un signo particular. A Cristo y a su Madre encomiendo a los nuevos cardenales y a todos los presentes. Dios os bendiga.

8. Os dirijo ahora un cordial saludo a vosotros, queridos peregrinos ucranios, en este día solemne en que dos hijos de vuestra patria han sido creados cardenales:  uno de rito latino y otro de rito oriental. Orad para que este signo de unidad se convierta en prenda de comunión plena entre los cristianos de Occidente y Oriente. En espera de encontrarme con vosotros durante la visita que realizaré, Dios mediante, el próximo mes de junio, envío a todos vuestros compatriotas un cordial saludo.

Asimismo, os dirijo un afectuoso saludo a vosotros, queridos fieles de Lituania, que habéis acompañado a vuestro digno representante elevado a la dignidad cardenalicia. Se trata de una dignidad que honra a toda la Iglesia que está en Lituania por su fidelidad a Cristo, que le costó un elevado precio durante los años de la dominación comunista. Perseverad en el amor al Evangelio y estad siempre unidos a vuestros pastores:  Dios os asegura su protección, que invoco con un recuerdo constante en mi oración.

Por último, os acojo con gran alegría a vosotros, queridos fieles que habéis venido de Letonia para acompañar a un hijo de vuestra tierra llamado a formar parte del Colegio cardenalicio. Apoyadlo con vuestro afecto y vuestra oración, para que Dios le ayude en su misión al servicio de la Iglesia.
Al volver a vuestros hogares, os pido que llevéis mi saludo y mi  bendición a vuestros compatriotas.

9. Queridos y venerados hermanos que habéis entrado a formar parte del Colegio cardenalicio, al despedirme de vosotros, permitidme que os renueve mi felicitación más cordial. Vuestro ministerio, diferente para cada uno, está siempre al servicio del único Cristo y de su Cuerpo místico. Con estima fraterna os animo a proseguir vuestra misión espiritual y apostólica, que hoy ha conocido una etapa muy importante. Mantened fija la mirada en Cristo, tomando de su Corazón abundantes gracias y consuelos, a ejemplo de los intrépidos servidores de la Iglesia que a lo largo de los siglos han glorificado a Dios con el ejercicio heroico de las virtudes y la inquebrantable fidelidad al Evangelio.

Con este fin, invoco a la Virgen María, Madre de la Iglesia, y os imparto de corazón a cada uno de vosotros, así como a cuantos os rodean con afecto y devoción, una especial bendición apostólica.

 

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