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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA ASAMBLEA PLENARIA DEL CONSEJO PONTIFICIO
PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Viernes 16 de marzo de 2001
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Eminencias;
queridos hermanos en el episcopado;
queridos amigos en Cristo:
1. Me alegra saludaros con ocasión de la asamblea plenaria del Consejo
pontificio para las comunicaciones sociales. Aprovecho esta oportunidad para
agradeceros todo lo que estáis haciendo con el fin de apoyar la presencia
diversificada de la Iglesia en el mundo de los medios de comunicación social.
De modo especial, deseo congratularme con vuestro Consejo por su contribución
específica al gran jubileo del año 2000.
En efecto, el jubileo fue una experiencia extraordinaria de fe en la ciudad de
Roma y en toda la Iglesia. Una parte significativa de su impacto se debió a la
cobertura que los medios de comunicación dieron a los acontecimientos
jubilares. El Consejo pontificio prestó un inestimable servicio coordinando las
transmisiones por televisión a todo el mundo de muchas de las ceremonias del Año
santo y ofreciendo asistencia profesional y pastoral a los miles de hombres y
mujeres que trabajan en los campos de la radio, la televisión, la prensa y la
fotografía. El Consejo se encargó de organizar también las memorables
celebraciones del jubileo de los periodistas en junio, y el jubileo del mundo
del espectáculo en diciembre. Vuestro compromiso estuvo impulsado
indudablemente por el deseo de hacer que el Año jubilar fuera una auténtica
respuesta al mandato evangélico de "anunciar a los pobres la buena nueva,
la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos" (Lc 4, 18).
2. A lo largo de los años el Consejo pontificio para las comunicaciones
sociales ha adquirido una experiencia muy positiva de cooperación con los
medios internacionales de comunicación social en la transmisión de los
acontecimientos importantes de la vida de la Iglesia a todo el mundo. Recuerdo
el inicio de esta actividad, y especialmente el Año santo 1975, cuando vuestro
Consejo, bajo la guía del cardenal Andrzej Maria Deskur y con la generosa
asistencia de los Caballeros de Colón, estableció una pauta, por decirlo así,
para este tipo de transmisión religiosa. A la vez que doy gracias a Dios por lo
que ya se ha hecho, animo a vuestro Consejo a proseguir la tarea que os confió
la constitución apostólica Pastor bonus.
3. El trabajo realizado en vuestra anterior asamblea plenaria, en 1999,
permitió que el Consejo publicara en junio del año pasado el documento Ética
en las comunicaciones sociales, que procuró ofrecer una orientación moral
para el uso de los medios de comunicación social, una realidad humana variada y
compleja en la que las cuestiones éticas a menudo se subordinan a los intereses
comerciales. Me agrada que durante estos días hayáis tomado en consideración
un documento semejante sobre el tema Ética en Internet, que sería
realmente muy oportuno, dada la rápida difusión de la cibercomunicación y las
numerosas cuestiones morales que plantea. La Iglesia no puede limitarse a ser
espectadora del impacto social de los avances tecnológicos, que tienen efectos
tan decisivos en la vida de las personas. Por esta razón, vuestra reflexión
sobre Ética en Internet puede constituir una gran ayuda para los
pastores y los fieles de la Iglesia al afrontar los numerosos desafíos
planteados por la emergente cultura de los medios de comunicación social.
Los problemas y las oportunidades creados por la nueva tecnología, por el
proceso de globalización, por la liberalización y la privatización de los
medios de comunicación social plantean nuevos desafíos éticos y espirituales
a quienes trabajan en el campo de las comunicaciones sociales. Estos desafíos
han de ser afrontados de modo eficaz por los que aceptan que "servir a la
persona humana, construir una comunidad humana fundada en la solidaridad, en la
justicia y en el amor, y decir la verdad sobre la vida humana y su plenitud en
Dios, han ocupado, ocupan y seguirán ocupando el centro de la ética en los
medios de comunicación" (Ética en las comunicaciones sociales,
33). Orando para que estos elevados objetivos guíen siempre el trabajo del
Consejo pontificio para las comunicaciones sociales, y encomendando todos
vuestros esfuerzos a la intercesión de María, Madre del Verbo encarnado, os
imparto de buen grado a vosotros y a vuestras familias mi bendición apostólica.
El Ángelus es la primera comunicación, la más importante en la historia de la
humanidad.
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