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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS MIEMBROS DEL SENADO ACADÉMICO DE LA UNIVERSIDAD DE POZNAN
Lunes 26 de marzo de 2001
Ilustres señores y
señoras:
Os agradezco de corazón vuestra presencia. Saludo al cardenal Zenon
Grocholewski, al arzobispo Juliusz y al obispo Marek. Doy mi bienvenida a los
ilustres profesores, a los estudiantes y al personal no docente de la
universidad "Adam Mickiewicz". Agradezco al señor rector las amables
palabras que me ha dirigido.
Habéis venido aquí como representantes de toda la comunidad de la universidad
"Adam Mickiewicz" de Poznan, para honrarme con el título de doctor de
vuestra benemérita universidad. Acepto con gratitud este privilegio. Aunque mis
contactos directos con la universidad de Poznan no han sido frecuentes, siempre
me he sentido unido a ella, como, por lo demás, a todas las universidades de
Polonia y del mundo. En efecto, consideraba el ambiente científico que se había
creado en torno a ella como un importante centro de formación de la cultura de
nuestra nación, entendida en sentido amplio. ¡Cómo no recordar en este
momento las palabras pronunciadas por Adam Poszwinski durante la ceremonia de
apertura de la Universidad, en 1919: "Nuestro deseo es que de este
centro no sólo salgan buenos profesionales, sino también ciudadanos de corazón
y espíritu patriótico, ciudadanos con un altísimo sentido del servicio cívico,
que consideren su profesión como servicio a la nación"! Si es así, si la
solicitud por el bien espiritual de la nación es el principio fundamental de
esta Alma Mater, no puedo por menos de apreciarla.
Hoy es preciso ver este bien espiritual de la nación desde la perspectiva de la
unificación de Europa. E incluso desde esta perspectiva es difícil sobrestimar
el papel del Ateneo de los Piast. En Poznan, el año 1983, dije que vuestra
ciudad había desempeñado un papel significativo en la formación de la cultura
polaca, haciendo que asumiera los aspectos característicos sobre todo del
Occidente europeo (cf. Discurso pronunciado el 20 de junio de 1983).
Vuestra universidad, unida desde sus lejanos albores a la figura del obispo Jan
Lubranski y, más tarde, a la del obispo Adam Konarski, se ha insertado activa y
eficazmente hasta nuestros días en la obra de construcción de puentes entre el
patrimonio de la dinastía de los Piast, de los Jagellones y las de las épocas
sucesivas, y el espíritu de Europa. Espero que también en el futuro la
universidad de Poznan siga siendo un lugar de encuentro entre la cultura polaca
consolidada en su identidad, y la cultura europea respetuosa de los valores
perennes.
Un pensamiento aún. No quisiera que el significado de este doctorado honoris
causa se limitara solamente a mi persona. Lo acepto como signo de una
coexistencia creativa de la ciencia y la religión, y de una provechosa
cooperación de los ambientes científicos y eclesiásticos. Parece un signo muy
elocuente, porque la concesión de este título fue propuesta por todas las
facultades de la Universidad. Me alegra que, desde hace poco tiempo, figure
también entre ellas la Facultad de teología. Quiera Dios que esta presencia
manifieste cada vez más la forma espiritual de la ciencia, abierta al infinito,
y al mismo tiempo ayude a descubrir los sólidos fundamentos científicos de la
fe.
Os doy una vez más las gracias por la benevolencia que me habéis mostrado. Os
pido que transmitáis mi cordial saludo a los profesores, a los alumnos y al
personal no docente de la Universidad que no han podido venir aquí. Llevo a
todos en mi corazón y hoy los recuerdo en mi oración. Pido a Dios la
abundancia de su bendición para vosotros y para toda la comunidad de la
universidad "Adam Mickiewicz" de Poznan.
¡Que Dios os bendiga!
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