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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UNA DELEGACIÓN DEL AYUNTAMIENTO DE CRACOVIA
Lunes 2 de abril de 2001
Ilustres señores y
señoras:
Os doy a todos mi cordial bienvenida y os agradezco vuestra visita. Representáis
a las autoridades de Cracovia. Están presentes aquí el alcalde de la ciudad,
el presidente del consejo municipal y los concejales: todos los que tienen
la responsabilidad de la administración y de la vida de esa ciudad real.
Durante mi última visita a Polonia pude constatar los cambios que se han
llevado a cabo. Comprobé también que Cracovia se ha convertido en una ciudad más
hermosa y animada. Recuerdo que el año pasado Cracovia fue incluida entre las
nueve capitales de la cultura europea. Son los frutos del esfuerzo de todos los
habitantes de la ciudad y de los suburbios; pero sé que, en gran parte, también
es mérito vuestro.
La imagen de una ciudad no consiste sólo en la belleza externa de sus avenidas,
de sus plazas y de sus edificios, sino sobre todo en el estilo de vida de sus
habitantes tanto desde un punto de vista material como espiritual. Por tanto,
las autoridades locales, al tomar decisiones sobre una ciudad o una localidad,
deben tener en consideración, antes que nada, el bien de sus habitantes:
sus necesidades, sus expectativas y las perspectivas de un desarrollo completo.
Esto es hoy particularmente importante.
Espero que, gracias a vuestro servicio, todos los ciudadanos de Cracovia,
afirmando la belleza de su ciudad, manifiesten también de este modo su
tranquilidad, que deriva del sentido de seguridad material, y su alegría por
compartir todo el patrimonio cultural y espiritual de la ciudad. Pido a Dios que
vuestro servicio diario dé buenos frutos. Que Dios bendiga vuestro servicio en
bien de Cracovia y de sus habitantes.
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