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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS MIEMBROS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE ESLOVENIA EN VISITA "AD
LIMINA"
Jueves 26 de abril de 2001
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Amadísimos hermanos en el episcopado:
1. Con gran afecto os doy mi cordial bienvenida, con ocasión de vuestra
visita ad limina Apostolorum. Habéis venido para dar testimonio de la
comunión de fe que une a la Iglesia que está en la República de Eslovenia con
el Sucesor de Pedro, Cabeza del Colegio episcopal. En esta circunstancia, hago mías
las palabras del apóstol san Pablo a los Filipenses: "Doy gracias a
mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre y en todas mis
oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis
prestado al Evangelio" (Flp 1, 3-5).
Agradezco a monseñor Franc Rodé, arzobispo metropolitano de Liubliana, las
cordiales palabras que me ha dirigido, en calidad de presidente de la
Conferencia episcopal eslovena, en nombre suyo y de cada uno de vosotros.
Por los informes sobre vuestras diócesis y, en particular, gracias al coloquio
fraterno que he podido tener con vosotros sobre la situación actual de la
Iglesia en vuestro país, sobre su compromiso apostólico y sobre las
perspectivas y las dificultades que encuentra en la actividad de evangelización,
he podido constatar con alegría cuán grande es el celo pastoral que os anima a
vosotros y a vuestros sacerdotes. Continuad por el camino de la fidelidad al
mandato recibido de Cristo, esforzándoos por cumplir vuestro compromiso diario
por la causa del Evangelio.
2. Ante vosotros, pastores de la Iglesia que está en Eslovenia, se abre un
vasto campo de acción evangelizadora. Para responder mejor a las expectativas y
a las exigencias de vuestras comunidades diocesanas y de toda la sociedad civil,
habéis querido celebrar el primer Concilio plenario esloveno, al que
dieron su contribución los sacerdotes, los religiosos y los fieles laicos del
país (cf. Documento final, p. 8). Os exhorto a hacer referencia
constante a las indicaciones surgidas de ese encuentro providencial, teniendo
solicitud por "toda la grey, en medio de la cual os ha puesto
el Espíritu Santo como vigilantes" (Hch 20, 28). Al apacentar al
pueblo de Dios, al realizar los actos de culto y al enseñar la doctrina
transmitida por los Apóstoles, debéis ser siempre y en todo "modelos de
la grey" (1 P 5, 3).
A este propósito, tenéis ejemplos luminosos de pastores que gastaron sus energías
en el incansable servicio a sus hermanos. Quisiera recordar aquí, en
particular, al beato Anton Martin Slomsek y a los siervos de Dios monseñor
Friderik Baraga y monseñor Anton Vovk, obispos. Inspiraos en sus enseñanzas, y
que os acompañe su intercesión.
En el nuevo escenario social que está delineándose en vuestro país, os
preocupáis de que, además del anuncio del Evangelio, se promueva también el
bien común de la sociedad, para favorecer el progreso espiritual y material de
todo el pueblo y de cada persona. Trabajar por el auténtico crecimiento de los
hombres y las mujeres del país forma parte de la misión de la Iglesia. En
efecto, ninguna dimensión genuinamente humana -social, cultural, política,
económica, científica, socio-sanitaria y deportiva- es "ajena" al
Evangelio.
Al cumplir su misión específica al servicio del hombre, la Iglesia se
encuentra en diferentes campos con el Estado, y esto abre perspectivas de una
colaboración mutua provechosa, en el pleno respeto de la legítima autonomía
de cada uno.
3. Al encontrarnos hoy, me vienen a la mente algunos recuerdos inolvidables
de las dos visitas pastorales que he realizado a vuestro país: del 17 al
20 de mayo de 1996, y el 19 de septiembre de 1999. En mi corazón ha quedado
grabada la emoción que me produjo la cordial acogida que me dispensaron las
autoridades del país, la comunidad cristiana y la población entera. De igual
modo, conservo vivo el recuerdo de otros encuentros que he tenido con los fieles
de Eslovenia en diversas circunstancias aquí en Roma, en particular con ocasión
de la peregrinación jubilar nacional. He podido constatar siempre el entusiasmo
y el arrojo de los católicos eslovenos, y me he dado cuenta de la rica herencia
espiritual y cultural que posee vuestro país.
En el umbral del tercer milenio, mientras también en Eslovenia se siente con
gran intensidad la urgencia de "una apasionante tarea de renovación
pastoral" (Novo millennio ineunte, 29), haced de esa herencia el
punto de partida para una renovación profética del anuncio evangélico. Sin
duda alguna, como ya sucedió en el pasado, esto redundará en beneficio de toda
la nación. Le ayudará a permanecer fiel a los valores humanos y religiosos auténticos,
superando los desafíos antiguos y nuevos que ha de afrontar en el camino de la
existencia diaria.
4. Mientras os hablo a vosotros, pastores de la Iglesia que está en
Eslovenia, y juntamente con vosotros contemplo con confianza el vasto campo
apostólico que os espera, mi pensamiento va a los sacerdotes, vuestros primeros
y principales colaboradores en el servicio al pueblo de Dios; va a los diáconos
y a los demás agentes pastorales, así como a los religiosos, a las religiosas
y a los fieles laicos, comprometidos activamente en la vida y en la misión de
la comunidad cristiana; va, por último, a cuantos han dejado su patria para
llevar el anuncio del Evangelio a tierras de misión. A cada uno de ellos le
manifiesto mi profundo aprecio por su generoso compromiso apostólico. Los
animo a perseverar con pronta entrega y humilde caridad en la tarea que se les
ha confiado, manteniéndose en plena sintonía con los pastores y entre sí,
para que el ministerio de cada uno contribuya a la edificación del Cuerpo místico
de Cristo y al bien de la sociedad civil (cf. Catecismo de la Iglesia católica,
n. 799).
En cuanto a vosotros, venerados hermanos en el episcopado, vuestra misión específica
sigue siendo la de examinarlo todo y quedarse con lo bueno, favoreciendo la acción
del Espíritu (cf. Lumen gentium, 12), en plena comunión con
el Sucesor de Pedro, heredero de "un carisma seguro de verdad" (san
Ireneo, Adversus haereses, IV, 26, 2: PG 7, 10, 53). En
efecto, vosotros sois los primeros responsables de la obra pastoral en cada una
de vuestras diócesis.
La sintonía en los propósitos apostólicos y la íntima colaboración entre
todos -presbíteros, consagrados, consagradas y fieles laicos, bajo la atenta guía
del obispo-, dará frutos abundantes de fe, caridad y santidad. Queridos
hermanos, con este fin cultivad la comunión entre vosotros; unid vuestras
fuerzas a nivel parroquial, diocesano y nacional, para responder adecuadamente a
las exigencias pastorales modernas. Así, con atenta caridad evangélica, podréis
crear estructuras adecuadas a las necesidades actuales, haciendo lo posible para
que nadie quede excluido de vuestra solicitud de pastores. Hacedlo con audacia y
valentía apostólicas.
5. En nuestros días la gente se siente más atraída por los testigos que
por los maestros, como subraya muy bien un proverbio vuestro: "Las
palabras atraen, los ejemplos arrastran". Por eso es importante que cuantos
quieren dedicarse al apostolado sobresalgan por santidad, doctrina y sabiduría.
Su vida y su obra deben reflejar en todas las circunstancias la imagen viva de
Cristo.
Queridos hermanos en el episcopado, esto exige una constante formación teológica,
litúrgica y pastoral, que debéis asegurar siempre a vuestras comunidades. Esta
formación no sólo se ha de dar a los presbíteros, sino también a los demás
agentes pastorales, a los consagrados, a las consagradas y a los fieles laicos.
Por tanto, esforzaos para que a los sacerdotes y a cuantos se dedican a la obra
pastoral no les falte la posibilidad de actualizarse, de modo especial en los
temas que son particularmente útiles para cumplir sus obligaciones diarias. Al
mismo tiempo, a los fieles laicos, jóvenes y adultos, hay que ofrecerles
oportunidades adecuadas para profundizar su fe, con vistas a una mayor
coherencia con el Evangelio tanto a nivel individual, como familiar y
comunitario.
Dedicaos, además, con mucho esmero a la formación humana y espiritual de los
futuros sacerdotes. Que los seminarios sean un verdadero Cenáculo, donde los
candidatos tengan la oportunidad de una auténtica maduración integral. A la
vez, preocupaos de que los fieles laicos se comprometan a cumplir su misión en
los diversos ámbitos de la vida social, política, económica y cultural del país,
como heraldos de Cristo y de la fuerza profética de su Evangelio.
Por tanto, es preciso preparar un programa pastoral que reactive la evangelización
de la familia y de los jóvenes; una catequesis capilar, que llegue a los
componentes de cada sector social, a hombres y mujeres de todas las edades, ayudándoles
a descubrir y vivir el misterio de Cristo y de la salvación, celebrado en la
liturgia.
6. Un testimonio intenso y coherente constituye una premisa y promesa de
renovado impulso en la evangelización. Desde esta perspectiva, será muy
importante una constante promoción de las nuevas vocaciones al sacerdocio, a la
vida consagrada y a las otras formas de entrega total al Señor. De igual manera
es fundamental el compromiso de mantener vivo el espíritu misionero que ha
caracterizado siempre a la Iglesia que está en Eslovenia. Que Dios impulse en
las nuevas generaciones a numerosos jóvenes a convertirse en dispensadores de
los misterios de la salvación, confiados por Cristo a su Iglesia; y que
suscite, además, personas generosas que sigan a Cristo con corazón libre e
indiviso por el camino de la perfección evangélica.
Si saben abrirse a las inspiraciones del Espíritu Santo, vuestras comunidades
eclesiales serán levadura en la sociedad y difundirán por doquier la buena
nueva del Señor resucitado, dando con su vida un testimonio convincente de su
fuerza salvífica. Cristo Jesús, nuestra esperanza (cf. 1 Tm 1, 1), Señor
de la historia y Pastor de la Iglesia, os colme a vosotros y a vuestras Iglesias
de su gracia y de su paz.
Encomiendo estos deseos a la Virgen de Nazaret, humilde esclava del Señor. María
vele desde su santuario de Brezje sobre sus hijos devotos de la amada Eslovenia
y los sostenga con su intercesión en el compromiso de construir el presente y
el futuro en sintonía con el proyecto de Dios sobre el hombre y sobre la
sociedad humana.
Con estos sentimientos, os imparto una especial bendición apostólica a
vosotros, venerados y queridos hermanos, a los sacerdotes, a los diáconos, a
los consagrados, a las consagradas, a los fieles laicos y a toda la población
de vuestro amado país.
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