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CEREMONIA DE DESPEDIDA EN EL
AEROPUERTO DE DAMASCO
DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
Martes 8 de mayo de 2001
Señor presidente; distinguidos amigos
sirios; señoras y señores:
1. Al despedirme de la antigua tierra de Siria, me embarga un sentimiento
de gratitud. Doy gracias en primer lugar a Dios todopoderoso, porque me ha
permitido proseguir mi peregrinación jubilar de fe con ocasión del bimilenario
del nacimiento de Jesucristo. Siento gratitud hacia san Pablo, que ha sido mi
compañero de viaje en cada paso de este camino.
Le expreso mi agradecimiento en especial a usted, señor presidente, y a los
miembros del Gobierno, porque me han acogido con gran corazón y me han tendido
la mano de la amistad. El pueblo sirio es famoso por su hospitalidad, y durante
estos días ha hecho que un peregrino se sintiera como en su propia
casa. No olvidaré jamás esta amabilidad.
Doy las gracias a la comunidad cristiana y, en particular, a Sus Beatitudes los
patriarcas y los obispos, por el modo como me han acompañado durante mi
peregrinación.
Conservaré el recuerdo de mi visita a la mezquita de los Omeyas y de la amable
bienvenida que me brindaron su excelencia el ministro del Wafq, su eminencia el
gran muftí y la comunidad musulmana.
Pido a Dios que se conserve y fortalezca cada vez más la larga tradición siria
de relaciones armoniosas entre cristianos y musulmanes, de modo que testimonie
al mundo que la religión, como adoración de Dios todopoderoso, siembra la
semilla de la paz en el corazón de las personas. Al colmar los anhelos más
profundos del espíritu humano, enriquece y une a la familia humana en su camino
a lo largo de la historia.
2. Siria es una tierra antigua con un pasado glorioso. Aunque en algunos
aspectos vuestra nación es aún joven, en un tiempo relativamente breve y en
circunstancias difíciles ha obtenido grandes logros. Como peregrino pido a Dios
que Siria se encamine con confianza y serenidad hacia un futuro nuevo y
prometedor, y que en vuestro país florezca una época de bienestar y
tranquilidad para todo su pueblo.
Siria desempeña un papel fundamental en la vida de toda esta región, cuyos
pueblos han sufrido largamente la tragedia de guerras y conflictos. Pero para
abrir la puerta de la paz, hay que resolver las cuestiones fundamentales de
la verdad y la justicia, de los derechos y las responsabilidades. El mundo
mira a Oriente Próximo con esperanza y preocupación, anhelando signos de diálogo
constructivo. Persisten aún muchos y serios obstáculos, pero el primer paso
hacia la paz debe ser la firme convicción de que una solución es posible
según los parámetros del derecho internacional y las resoluciones de las
Naciones Unidas. Exhorto una vez más a todos los pueblos implicados, y a
sus líderes políticos, a reconocer que el enfrentamiento ha fracasado y
fracasará siempre. Sólo una paz justa puede crear las condiciones necesarias
para el desarrollo económico, cultural y social al que tienen derecho los
pueblos de esta región.
Gracias, señor presidente. Muchas gracias a todos vosotros.
Que las bendiciones de Dios todopoderoso colmen vuestro futuro. Que su paz esté
siempre con vosotros.
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