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CEREMONIA DE BIENVENIDA EN EL AEROPUERTO DE GUDJA, MALTA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Martes 8 de mayo de 2001

Señor presidente;
miembros del Gobierno;
hermanos en el episcopado;
señoras y señores: 


1. Agradecido de corazón a Dios, me encuentro en tierra de Malta por segunda vez. La peregrinación jubilar que estoy realizando con ocasión del bimilenario del nacimiento de Jesucristo me ha traído a Malta. Después de visitar algunos lugares vinculados de modo especial a la historia de la salvación, en el Sinaí, en Tierra Santa y ahora en Atenas y Damasco, mi peregrinación tras las huellas de san Pablo me trae a vosotros.

2. Gracias, señor presidente, por la amable invitación que me hizo en nombre del pueblo maltés. Gracias por las deferentes palabras de bienvenida que me acaba de dirigir. Doy las gracias también a los distinguidos miembros del Parlamento, a las autoridades civiles y militares, a los miembros del Cuerpo diplomático, y a todos los que nos honran con su presencia en esta ocasión.

Con afecto en el Señor saludo al arzobispo Mercieca, al obispo Cauchi y al obispo auxiliar Depasquale, así como a los demás obispos presentes, algunos de los cuales representan la vocación misionera de la Iglesia en Malta, mientras que otros son descendientes de emigrantes malteses. Saludo a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos y religiosas, y, en particular, a los jóvenes que se preparan para servir al Señor en el sacerdocio y en la vida consagrada. Saludo a los catequistas y a todos los que colaboran activamente en la misión de la Iglesia.

Saludo a todo el pueblo maltés, sin excepción, con palabras de vuestro patrono san Pablo:  "Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Flp 1, 2).

3. Me viene espontáneamente a la memoria el recuerdo de mi primera visita, hace once años. Me acuerdo de los encuentros con los sacerdotes y los religiosos, los trabajadores, los intelectuales, las familias y los jóvenes. Recuerdo la concatedral de San Juan en La Valletta, los santuarios marianos de Mellieha y Ta'Pinu, en la isla de Gozo. Recuerdo la bahía y las islas de San Pablo y, en particular, la antigua Gruta, venerada como el lugar donde vivió.

Recuerdo, sobre todo, la fe y el entusiasmo de los malteses y de los habitantes de la isla de Gozo.

San Pablo llegó a Malta como prisionero durante su viaje a Roma, lugar de su martirio. Aquí él y sus compañeros de naufragio -como leemos en los Hechos de los Apóstoles- fueron tratados con "una humanidad poco común" (Hch 28, 2). Aquí dio testimonio de Cristo y devolvió la salud al padre de Publio y a otras personas de la isla que estaban enfermas (cf. Hch 28, 8). La bondad del pueblo maltés se unió a "la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres" (Tt 3, 4). Durante dos milenios habéis sido fieles a la vocación ínsita en aquel singular encuentro.

Hoy el Sucesor de Pedro desea confirmaros en la misma fe, y animaros en el espíritu de la esperanza y del amor cristianos. Pido a Dios que, al igual que vuestros antepasados, también vosotros deis abundantes frutos buenos. Los árboles buenos dan buenos frutos y abundantes (cf. Mt 12, 33-35), como fue el caso de los venerables siervos de Dios, que mañana tendré la alegría de declarar beatos.

4. Malta, caracterizada por su posición en Europa y en el Mediterráneo, es heredera de una tradición cultural muy rica, en cuyo centro se halla el humanismo del Evangelio. En un mundo que busca una luz segura que ilumine las transformaciones que se están produciendo, tenéis una herencia espiritual y moral perfectamente capaz de sanar y elevar la dignidad de la persona humana, fortalecer el entramado social y dar a la actividad humana un sentido y un significado más profundos (cf. Gaudium et spes, 40). Malta puede ofrecer esta sabiduría y esta visión a la nueva era histórica que está comenzando de modo lento pero seguro.

Queridos amigos malteses, cultivad vuestra vocación cristiana. Sentíos orgullosos de vuestra herencia religiosa y cultural. Mirad al futuro con esperanza y comprometeos con nuevo empeño a hacer de este nuevo milenio un tiempo de solidaridad y paz, de amor a la vida y de respeto a la creación de Dios.

5. He encomendado mi peregrinación a la protección de la santísima Virgen María y del apóstol san Pablo. Invoco su intercesión sobre todos los habitantes de Malta y de Gozo.

Os bendigo a todos y en particular a los enfermos, a los ancianos y a los que sufren en el cuerpo y en el alma.

Dios bendiga al pueblo de Malta y de Gozo.

 

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