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CEREMONIA DE DESPEDIDA EN EL AEROPUERTO
DE GUDJA, MALTA
DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
Miércoles 9 de mayo de 2001
Señor presidente; señor primer
ministro; excelencias; amado pueblo de Malta:
1. Como Sucesor de Pedro debo volver a Roma, la Sede de Pedro, y a mis
deberes de Pastor de la Iglesia universal.
Sin embargo, no olvidaré esta visita a las islas maltesas. Sobre todo no
olvidaré al pueblo maltés. ¡Gracias por haber sido parte de mi peregrinación
jubilar tras las huellas de san Pablo! En la "geografía de la salvación".
Al final de mi primera visita, os dije que al volver a Roma diría al apóstol
san Pablo que los malteses eran "un buen pueblo católico". Ahora, diré
a vuestro patrono que seguís haciendo lo que él quería: "Combate
el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido
llamado" (1 Tm 6, 12), como hicieron el beato don Jorge, el beato
Ignacio y la beata María Adeodata. Os dejo su ejemplo, para que lo sigáis, y
os encomiendo a su intercesión.
2. Gracias, señor presidente, por su cortesía durante mi breve visita.
También expreso mi agradecimiento al primer ministro y al Gobierno, a las
Fuerzas armadas, a las Fuerzas de policía y a todos los que han contribuido a
esta peregrinación de cualquier manera. Sé que lo habéis hecho con sacrificio
y amor. ¡Gracias de corazón!
Mi visita ha sido un momento de intensa comunión con el arzobispo Mercieca, el
obispo Cauchi y el obispo Depasquale, así como con los sacerdotes, los
religiosos y los laicos. A las Iglesias que están en Malta y en Gozo sólo les
digo: sed fieles a san Pablo, vuestro padre en la fe en estas islas;
permaneced firmemente unidas a Pedro y a la Iglesia universal. De este modo
seréis siempre fieles a Cristo.
3. Malta está en el centro del Mediterráneo. Por eso, tenéis una vocación
singular: edificar puentes entre los pueblos de la cuenca del Mediterráneo,
entre África y Europa. El futuro de la paz en el mundo depende del
fortalecimiento del diálogo y de la comprensión entre las culturas y las
religiones. Continuad vuestra tradición de hospitalidad y proseguid vuestro
compromiso nacional e internacional en favor de la libertad, la justicia y la
paz.
4. Al concluir mi peregrinación jubilar, encomiendo solemnemente a la
protección amorosa de Dios todopoderoso los pueblos y lugares que he visitado.
En los lugares vinculados al bimilenario del nacimiento del Salvador he esperado
y orado por una gran renovación de la fe de los cristianos. He querido
alentar a los creyentes y a todas las personas de buena voluntad a defender
la vida, a promover el respeto a la dignidad de todo ser humano, a tutelar la
familia contra las numerosas amenazas actuales, a abrir su corazón a las
personas pobres y explotadas en el mundo, y a trabajar por un orden
internacional basado en el respeto al derecho y en la solidaridad con los más
necesitados.
Esta es también la tarea y el ideal que os dejo, querido pueblo de Malta.
En los Hechos de los Apóstoles, san Lucas escribe que los malteses
"tuvieron para con nosotros (San Pablo y sus compañeros) toda suerte de
consideraciones y a nuestra partida nos proveyeron de lo necesario" (Hch
28, 10). He vivido espiritualmente esa misma experiencia y me marcho
alabando a Dios en mi corazón por todos vosotros.
¡Gracias, Malta!
¡Que Dios os bendiga a todos!
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