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DISCURSO DEL PAPA JUAN
PABLO II EN LA PRESENTACIÓN DE LAS CARTAS CREDENCIALES DE NUEVE
EMBAJADORES*
Viernes 18 de mayo de 2001
Excelencias:
1. Os recibo con agrado en el Vaticano, mientras presentáis las cartas que
os acreditan como embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de vuestros países:
Nepal, Túnez, Estonia, Zambia, Guinea, Sri Lanka, Mongolia, Sudáfrica y
Gambia. Vuestra presencia me brinda la ocasión de saludar a vuestros
responsables políticos y a todos los que tienen la tarea de servir al bien común
en las funciones que se les han confiado. Quisiera saludar cordialmente a todos
vuestros compatriotas, asegurándoles que los recuerdo en mis oraciones. Os
agradezco sinceramente los cordiales mensajes que me habéis entregado de parte
de vuestros respectivos jefes de Estado; os agradeceré que al volver les
transmitáis mis saludos deferentes y mis mejores deseos para sus personas y
para la alta misión que están llamados a cumplir.
2. Durante mi peregrinación jubilar tras las huellas de san Pablo en
Grecia, Siria y Malta, seguí con atención los hechos dramáticos que tenían
lugar en la región de Oriente Próximo. Quisiera aprovechar una vez más la
presencia de un número tan notable de diplomáticos para renovar con mayor
fuerza mi llamamiento en favor de la paz en todos los continentes, invitando a
los responsables de la vida social a tomar decisiones valientes que lleven a los
pueblos de manera decidida por el camino de la paz y la reconciliación. La paz
y la seguridad de las personas y de las comunidades son bienes esenciales. Ningún
país puede construir su futuro prescindiendo de los pueblos que lo rodean o de
las diversidades culturales y étnicas que lo componen. Es conveniente que todos
los organismos locales, nacionales e internacionales se comprometan a solucionar
por fin esos conflictos, que ya han causado demasiadas víctimas inocentes. En
este campo, el papel de la diplomacia es particularmente importante. Por eso,
pido ardientemente que todos los servicios diplomáticos se comprometan en favor
de una solución negociada de los diversos conflictos y de los focos de tensión
existentes en los diferentes continentes. Este compromiso contribuirá a
devolver la confianza y la esperanza a las poblaciones sometidas desde hace
demasiado tiempo a situaciones de inestabilidad.
3. Mientras comenzáis vuestra misión ante la Sede apostólica, os expreso
mis deseos más cordiales. Pido al Altísimo que derrame la abundancia de sus
bendiciones sobre vosotros, así como sobre vuestras familias, sobre vuestros
colaboradores y sobre los habitantes de las naciones que representáis.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua españolan. 21 p. 8 (p.276).
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