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CONSISTORIO EXTRAORDINARIO

PALABRAS DEL SANTO PADRE

 Lunes 21 de mayo de 2001



Venerados hermanos cardenales: 

1. "A vosotros gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Rm
1, 7). Con estas palabras del apóstol san Pablo os saludo a cada uno y doy a todos mi más cordial bienvenida.

Agradezco con afecto al señor cardenal Bernardin Gantin, decano del sacro Colegio, que se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos comunes. Me ha dirigido amables y deferentes palabras, no sólo en nombre de los presentes, sino también de cuantos, no pudiendo estar físicamente con nosotros, nos acompañan con su oración en los trabajos de estos días, que manifiestan muy bien la comunión existente entre el Sucesor de Pedro y los padres cardenales, sus primeros y más íntimos colaboradores. La composición de esta venerable asamblea, que reúne a purpurados procedentes de todas las partes de la tierra y pertenecientes a culturas diversas, representa muy bien la unidad, la universalidad y la misionariedad de la Iglesia, proyectada hacia nuevas metas apostólicas.

2. El encuentro, que comienza esta mañana, es muy importante y guarda relación idealmente con el gran jubileo, cuyo eco resuena aún en todos nosotros. Mientras pienso con emoción en las diferentes fases y en las múltiples citas que vivimos juntos durante el Año santo, oro para que el Espíritu del Señor, que nos permitió vivir experiencias eclesiales extraordinarias, siga guiándonos y nos ayude ahora a identificar los desafíos que es preciso afrontar en la actual transición histórica. En la carta apostólica Novo millennio ineunte, que quise firmar precisamente durante el solemne rito conclusivo del itinerario jubilar, subrayé la exigencia de poner de relieve las "indicaciones programáticas concretas" (n. 29) de la acción evangelizadora de la Iglesia en el alba de un nuevo milenio. Se trata de definir los objetivos misioneros prioritarios y los métodos de trabajo más idóneos, y buscar los medios necesarios para alcanzarlos. Es preciso dedicarse a una adecuada formación y valoración de todos los agentes pastorales, porque es vasto y complejo el campo de acción apostólica que se abre ante nosotros.

Con todo, sabemos que, aunque nuestro esfuerzo sea indispensable, todo depende de la acción divina. Por esta razón, el compromiso principal de todo creyente y de la comunidad eclesial debe ser el de tender a la santidad, mediante la búsqueda apasionada de Dios y la contemplación amorosa de su rostro.

3. Venerados y queridos hermanos, durante estos días tendremos la posibilidad de escuchar reflexiones y testimonios; debatiremos fraternalmente sobre problemas y desafíos pastorales; y buscaremos juntos las líneas más apropiadas para ser, también hoy, signos creíbles del amor de Dios a todo hombre. Sobre todo, permaneceremos en oración, dóciles al Espíritu Santo y a sus inspiraciones, conscientes de que, como sucedió al comienzo del cristianismo, está unido a nosotros todo el pueblo de Dios, a cuyo servicio el Padre celestial nos envía constantemente.
María, Madre de la Iglesia y Estrella de la evangelización, nos acompañe como acompañó a los Apóstoles en el Cenáculo. En sus manos maternas quisiera poner hoy, de modo particular, los trabajos de este consistorio extraordinario y los anhelados frutos espirituales y pastorales que producirá para el bien de la Iglesia y del mundo entero.

 

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