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ALOCUCIÓN
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A UNA DELEGACIÓN DE MACEDONIA
Viernes
25 de mayo de 2001
Señoras y señores:
Una vez más, este año, la visita de vuestra delegación con ocasión de la
fiesta de san Cirilo y san Metodio me brinda la oportunidad de aseguraros mis
oraciones por la paz y la seguridad de vuestro pueblo. La misión de los dos
santos hermanos, los Apóstoles de los eslavos, dejó huellas indelebles en la
vida religiosa y cultural de vuestra nación. Y vuestra peregrinación anual
manifiesta que tenéis cada vez mayor conciencia de la necesidad de su herencia
para la vida de vuestro país y de toda Europa.
Con la fuerza de la gracia de Dios, los dos hermanos de Salónica dieron una
contribución decisiva y siempre válida a la construcción de Europa. No sólo
unieron a pueblos diferentes con el vínculo de la comunión cristiana, sino que
también dieron unidad cultural y civil a los territorios donde trabajaron. En
tiempos recientes, los pueblos de los Balcanes han experimentado muchos
sufrimientos y temores, y por eso me siento obligado a recordar la importancia
inmediata y práctica de las enseñanzas que dejaron como herencia san Cirilo y
san Metodio. "Ser cristiano en nuestro tiempo significa ser artífice de
comunión en la Iglesia y en la sociedad. A tal fin ayudan un espíritu abierto
hacia los hermanos, la mutua comprensión y la prontitud en la cooperación
mediante un generoso intercambio de los bienes culturales y espirituales" (Slavorum
apostoli, 27). Teniendo en cuenta las tensiones y los conflictos en vuestra
región, y la amenaza que representan para las personas y la sociedad, el camino
trazado por san Cirilo y san Metodio conserva plenamente su valor.
Las autoridades y los responsables del destino de vuestra región pueden
inspirarse en los valores evangélicos proclamados por los santos hermanos para
la búsqueda de una paz justa y global. Dios misericordioso os bendiga a
vosotros y a vuestro pueblo con su amor y su protección.
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