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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II
A LAS HIJAS DE JESÚS
Sábado 26 de mayo de 2001
Queridas Hermanas:
1. Es muy grato para mí tener este encuentro con vosotras, que
estáis celebrando la XVª Congregación General, en la que deseáis discernir
la voluntad de Dios para vuestro Instituto en este momento de la historia, en
los comienzos de un nuevo milenio.
Saludo con afecto a la Hermana María Pilar Martínez García,
reelegida como Superiora General, a sus Consejeras y demás directas
colaboradoras, así como a las participantes en esta Congregación. Haced llegar
este saludo también a las Hermanas que representáis, y que desempeñan su misión
en diversos países de África, América, Asia y Europa. Ellas enriquecen las
Iglesias particulares donde viven con su quehacer pastoral y educativo y, sobre
todo, siendo portadoras del propio carisma, que es siempre un don otorgado por
el Espíritu a la Iglesia.
2. Hace pocos días se ha cumplido el V aniversario de la
Beatificación de Cándida María de Jesús, vuestra Fundadora. Tuve el gozo de
elevarla al honor de los altares junto con una de las primeras Hermanas, la
Beata María Antonia Bandrés Elósegui. La Madre Cándida supo recorrer con
fidelidad y constancia el camino de la santidad, pero, al mismo tiempo, ahora
hace casi 130 años, inició en Salamanca un proyecto de vida religiosa para que
otras personas, entregándose del todo a Dios y sirviendo mejor a la Iglesia,
siguieran los mismos pasos. Así ocurrió con la Beata María Antonia, cuya
santidad de vida es como la confirmación de aquel proyecto original, pues
"todo árbol bueno da frutos buenos" (Mt 7, 17). A vosotras os
corresponde dar los frutos de hoy, con una entrega cada vez más radical a
vuestra vocación y la continua aspiración a ser, con el testimonio de vida,
signo de la presencia de Cristo y cauce de la llamada de Dios.
La coincidencia, pues, entre esta entrañable conmemoración y
los trabajos de vuestra Congregación General es una elocuente invitación a
reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de la Fundadora,
como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy (cf. Vita
consecrata, 37). La entrega total e incondicional a Dios sigue siendo una
referencia firme para toda programación, pues no se debe olvidar que "Dios
nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar
todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro
servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, ‘no
podemos hacer nada’" (Novo millennio ineunte, 38).
3. Estas consideraciones adquieren un significado particular en
la pastoral educativa, una de las facetas que más distinguen vuestro carisma y
vuestra tradición, y que es un elemento esencial de la misión de la Iglesia
(cf. Vita consecrata, 96). En efecto, quien ha percibido interiormente la
sublime belleza de Dios y se siente enraizado en Cristo, Camino, Verdad y Vida,
no se contentará con impartir a los niños y jóvenes un mero bagaje de
conocimientos, sino que suscitará en ellos el deseo de crecer en todos los
aspectos de la existencia humana y, sobre todo, fomentará la pasión por
"una verdad ulterior que pueda explicar el sentido de la vida; por eso es
una búsqueda que no puede encontrar solución si no es en el absoluto" (Fides
et ratio, 33). Ante este sublime cometido, el educador no puede permanecer
ajeno a lo que enseña. Jesús mismo habla de "lo que el Padre me ha enseñado"
(Jn 8, 28) y el Apóstol anuncia "lo que hemos visto y oído" (1
Jn 1, 3; cf. Hch 4, 20).
Transmitir con competencia el saber y la cultura, despertar la
responsabilidad social, impregnar la conciencia moral de los más altos valores
éticos e iluminar la excelsa vocación transcendente de todo ser humano, son
ciertamente tareas urgentes, especialmente en un mundo frecuentemente tentado
por la banalidad o el provecho material inmediato. Pero, además de esto, para
las religiosas ha de ser también un signo profético. Por eso, en vuestra misión,
se ha de manifestar ante todo un especial seguimiento de Cristo, haciendo ver
con nitidez que continuáis cultivando en la historia "aquellas semillas
del Reino de Dios que Jesús mismo dejó en su vida terrena atendiendo a cuantos
recurrían a él para toda clase de necesidades espirituales y materiales"
(Novo millennio ineunte, 49).
De este modo se proclama también la propia esperanza en un
futuro de la humanidad según Dios, sin dar cabida al desaliento ni a los sombríos
presagios. Por el contrario, la religiosa educadora da cuenta de su fe "en
los prodigios de la gracia que el Señor realiza en los que ama" (Vita
consecrata, 20) y, con su tenaz confianza en las posibilidades de toda
persona humana, es capaz de sorprender al mundo y hacer brotar en él
continuamente nuevas esperanzas. Esta es una manera cotidiana de indicar "a
todos los creyentes los bienes del cielo, ya presentes en este mundo" (Lumen
gentium, 44).
4. Al final de este encuentro, os invito a que en éste, como en
los otros campos en vuestra actividad apostólica, prestéis atención a las
necesidades emergentes en nuestro tiempo, dándoles una respuesta nacida del
corazón de Cristo y de la misión original de la Iglesia. En efecto,
"cuanto más se vive de Cristo, tanto mejor se le puede servir en los demás,
llegando hasta las avanzadillas de la misión y aceptando los mayores
riesgos" (Vita consecrata, 76).
Expreso a la Superiora General y sus colaboradoras los mejores
deseos para el desempeño de la responsabilidad que les ha sido confiada. La
importancia que, de acuerdo con vuestra herencia ignaciana, concedéis al
discernimiento ponderado de la voluntad de Dios y a la firme determinación en
seguirla, es una base sólida para afrontar sin temor las decisiones, a veces
difíciles, que son propias de vuestro servicio de gobierno.
Para terminar, deseo poner en las manos de la Virgen María los
frutos de esta XV Congregación General y el porvenir del Instituto. En Ella
encontraréis el gozo y la esperanza que debe embargar vuestra vida personal y
comunitaria, vuestras obras y vuestra misión. Con estos deseos, os imparto de
corazón la Bendición Apostólica, que muy gustoso extiendo a todas las Hijas
de Jesús.
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