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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 A UNA DELEGACIÓN DE LA CONFERENCIA
EPISCOPAL DE RUMANIA CON MOTIVO
DE LA PRESENTACIÓN DE LA "BIBLIA DE BLAJ"


Jueves 31 de mayo de 2001

Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado;
estimados profesores; ilustres señores: 


1. "Tú, en cambio, persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, teniendo presente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena" (2 Tm 3, 14-16).

Con estas palabras el apóstol san Pablo se dirige al joven obispo Timoteo, puesto al frente de la Iglesia de Éfeso, recordándole la importancia de la sagrada Escritura en el anuncio de la salvación en Cristo. Desde los inicios del cristianismo la Biblia fue el libro que forjó muchas culturas, y para traducirlo se crearon a veces los alfabetos nacionales.

La Iglesia ortodoxa era muy consciente de ello en los principados rumanos cuando proveyó a las primeras traducciones de la Biblia a la lengua nacional, para hacerla más accesible a los fieles. En la segunda mitad del siglo XVIII se agotó la primera edición completa rumana de la sagrada Escritura, conocida como Biblia de Bucarest (1688). Mientras tanto, en la lengua nacional se habían producido notables transformaciones. Resultó necesaria entonces una nueva edición, trabajo que realizó con competencia y celo un gran monje erudito, Samuel Micu, de la Escuela Ardeleana. La edición tomó el nombre de la ciudad de Blaj, donde en el año 1795 la imprimió el obispo Ioan Bob.

2. Esta nueva traducción no sólo fue utilizada por la Iglesia greco-católica de Transilvania, sino también por la Iglesia ortodoxa, y sirvió así a todos los rumanos para la difusión de la fe en Cristo. De este modo, en la liturgia se siguieron proclamando los mismos textos y se desarrolló ulteriormente el lenguaje teológico común.

Además, dada la gran calidad literaria de la obra, ejerció una notable influencia cultural sobre toda la nación, como sucedió, por ejemplo, en Polonia gracias a la traducción de la Biblia realizada por el sacerdote jesuita p. Jakub Wujek.

Al considerar la importancia de la Biblia de Blaj, que representa un verdadero monumento de fe y, al mismo tiempo, un monumento literario de la lengua rumana, he querido que una de sus ediciones, preparada por un grupo de insignes estudiosos bajo el patrocinio de la sede metropolitana greco-católica y de las más altas autoridades culturales de Rumanía, se imprimiera en el Vaticano como don de la Santa Sede.

Con este gesto también he deseado confirmar la secular cercanía de los Romanos Pontífices a la nación rumana. Llevo siempre en el corazón el recuerdo de mi viaje a vuestro país y el afecto que me demostraron entonces tanto católicos como ortodoxos. Me viene a la memoria el grito del pueblo durante la celebración eucarística en el parque Podul Izvor:  ¡unidad, unidad! Es el anhelo espiritual de un pueblo que pide unidad y quiere trabajar por la unidad. Jamás podré borrar de mi memoria el entusiasmo de los rostros y los gestos de fraternidad de ese histórico encuentro. Ya forman parte de la historia. Del mismo modo que aquel viaje nos acercó en el camino hacia la unidad, espero que la reimpresión de la Biblia de Blaj constituya un nuevo paso hacia la comunión plena de los discípulos de Cristo.

3. "Poned estas palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, atadlas a vuestra mano como una señal, y sean como una insignia entre vuestros ojos. Enseñádselas a vuestros hijos, hablando de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado. Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas, para que vuestros días y los días de vuestros hijos en la tierra que el Señor juró dar a vuestros padres sean tan numerosos como los días del cielo sobre la tierra" (Dt 11, 18-21).

La palabra del Señor ante todo se debe vivir. Tiene que penetrar en todos los espacios donde el hombre vive y trabaja. Para que esto suceda, la Iglesia está llamada a predicarla con fuerza y claridad, recurriendo tanto a los medios tradicionales como a los que ofrecen las nuevas tecnologías.

Invito a los pastores y a los fieles a convertir la Biblia en su alimento espiritual diario. Los exhorto a meditar y a orar con las palabras de la sagrada Escritura que, junto con la Eucaristía, debe constituir el centro de la vida eclesial y familiar. Sólo así tendrán siempre la inspiración y la fuerza divina necesarias para permanecer fieles a Cristo dando testimonio ante el mundo.

Por eso, con gran alegría lo acojo hoy, señor presidente, a usted y a cuantos han cooperado en la reimpresión de la Biblia de Blaj. Doy las gracias a los promotores de esta iniciativa y a quienes han cuidado las diversas fases de su realización.

Asimismo, espero que la reimpresión de la Biblia de Blaj recuerde esta urgencia, a la que se ha de dar prioridad en los programas pastorales y en la formación del clero. Así la Iglesia católica, que con razón puede sentirse orgullosa de la contribución que ha dado a lo largo de los siglos a la vida del pueblo rumano, seguirá siendo útil a la nación.

A los cristianos de Rumanía les entrego idealmente esta nueva edición de la Biblia, e invoco a María, Virgen de la escucha y Madre de la unidad, para que vele sobre los pasos de todo el pueblo rumano.

Con este fin, os aseguro de corazón mi oración,  y de  buen grado envío a cada uno una especial bendición apostólica.

 

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