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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE NIÑOS POLACOS
ENFERMOS DE CÁNCER


Lunes 4 de junio de 2001

 

Queridos hermanos: 

Os doy a todos mi cordial bienvenida. Agradezco a la esposa del señor presidente la introducción de este encuentro. Me alegra mucho poder acogeros aquí. Espero que esta breve visita al Vaticano os permita, al menos por un momento, olvidar la realidad en la que os encontráis normalmente a causa de vuestra enfermedad.

Sé cuán difícil es la experiencia de la enfermedad, especialmente cuando afecta a un niño. Por eso, junto con vosotros, imploro de todo corazón del Señor el don de la salud para vosotros y para todos vuestros coetáneos probados por la enfermedad y el sufrimiento. Oro también para que tengáis esperanza, para que la tengan vuestros padres y todos los que os cuidan, a fin de que seáis fuertes espiritualmente, de modo especial cuando vuestro cuerpo se debilita. Al pensar en la difícil situación que atraviesa hoy el servicio sanitario en Polonia, pido también a Dios que infunda en todos los responsables el espíritu de amor y sabiduría, que los impulse a hacer todo lo posible para cambiar eficazmente esa realidad, por el bien de todos los polacos.

Junto con vosotros, quiero dar gracias a Dios por todo bien. A la persona que sufre le resulta a veces difícil comprender que también la enfermedad constituye un gran bien tanto para ella como para todos los que le rodean. Debemos dar gracias a Jesús por el amor que os tienen vuestros padres y familiares, por la solicitud con que os atienden los médicos y enfermeras, y por la generosidad de muchas personas, a menudo desconocidas, que os sostienen material y espiritualmente. Quiera Dios que no os falten jamás este amor y esta bondad.

Os pido que transmitáis mi saludo y mi bendición a vuestros seres queridos, así como a vuestros compañeros y compañeras, especialmente a los que, como vosotros, luchan contra la enfermedad. Dios os conceda la gracia de la salud y os bendiga.

 

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