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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL
SUPERIOR GENERAL DE LOS HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA
Al Reverendísimo Padre Luis Picazo Superior General de los Hijos de la Sagrada Familia
1. Al tener noticia de la celebración del centenario de la Aprobación
Pontificia de ese Instituto religioso, me es grato enviar un cordial saludo a
todos los Hijos de la Sagrada Familia que, habiendo acogido la semilla de su
Fundador, el Beato José Manyanet y Vives, desean hoy seguir sus pasos en la
consagración religiosa y en la particular misión de servir a la Iglesia,
especialmente mediante la pastoral familiar.
Esta efeméride es una ocasión propicia para reafirmar aquella inspiración
originaria de “hacer un Nazaret en cada hogar”, haciéndola fructificar en
“un momento histórico como el presente, en el que se está constatando una
crisis generalizada y radical de esta institución fundamental” (Novo
millennio ineunte, 47). Os invito, pues, a ser promotores de una acción
coordinada e incisiva para llevar a todos los sectores de la sociedad el mensaje
evangélico que santifica la vida conyugal, dando cohesión al núcleo familiar
que acoge la vida, asegura la educación y transmite la fe. Para ello contáis
con una tradición más que centenaria, en la cual habéis fraguado una especial
sensibilidad para percibir los problemas y llevar a cada hogar la ayuda
necesaria, material y espiritual, de manera que cumpla con su cometido de ser célula
básica de la sociedad e iglesia doméstica.
2. El centenario que ahora celebráis, además, sugiere una consideración
particular sobre la estrecha vinculación que debe presidir vuestra acción
apostólica con la doctrina y el Magisterio de la Iglesia. Bien sabéis la
importancia que vuestro Fundador daba al respaldo del nuevo Instituto por parte
de las autoridades eclesiásticas y la inmensa alegría que le embargó al obtener la aprobación canónica
del Papa León XIII, con el Decreto Attenta salutarium, del 22 de junio
de 1901.
Esta preocupación del Beato Manyanet es propia de un hijo fiel de la Iglesia.
Pero es también el fruto de una profunda espiritualidad forjada en la
contemplación del misterio del hogar de Nazaret, donde la cohesión y la
fidelidad van mucho más alláde las exigencias institucionales, para convertirse en límpido reflejo de la
comunión trinitaria. Así pues, al proponer la Sagrada Familia como ideal de
vida cristiana, se han de poner al mismo tiempo todos los medios para que en la
gran familia de Dios, que es la Iglesia, reine la más completa armonía y comunión. Por tanto, tenéis en vuestro propio carisma una raíz específica y una razَn ulterior para ser fieles a la exigencia de una “adhesión de mente y corazón”
al Magisterio, como se ha de caracterizar el sentir y actuar de todos los
consagrados (cf. Vita consecrata, 46).
3. Al celebrar solemnemente el momento en que vuestro Fundador, impregnado de
amor a la Iglesia y adhesión a sus Pastores, vio reconocido por el Santo Padre
su proyecto de vida consagrada, os exhorto a que sigáis sus pasos y renovéis vuestra fidelidad al carisma recibido. De este modo
continuaréis su obra, enriqueciendo cada día el rico patrimonio espiritual que os ha legado, para ofrecerlo como un
inestimable servicio al hombre de hoy.
Mientras pido a la Sagrada Familia de Nazaret que dé fecundidad a vuestros
esfuerzos apostólicos y os haga partícipes de aquella singular experiencia espiritual vivida intensamente en el hogar
por Jesús, María y José, os imparto de corazón la implorada Bendición Apostólica, que hago
extensiva a cuantos colaboran con vosotros en la misión de hacer de cada
familia, como decía el Beato Manyanet, “una Santa Familia”.
Vaticano, 16 de junio de 2001
IOANNES PAULUS PP.II
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