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ENCUENTRO CON LOS
JÓVENES
DISCURSO
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Lvov
(explanada de Sykhiv) Martes 26 de junio de 2001
1. "Señor,
¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6,
68).
Amadísimos jóvenes de Ucrania, el apóstol san Pedro pronunció estas palabras
dirigiéndose a Jesús, que se había presentado a las multitudes como el pan
bajado del cielo para dar la vida a los hombres (cf. Jn 6, 58). Hoy tengo
la alegría de repetirlas en medio de vosotros, más aún, de repetirlas en
vuestro nombre y juntamente con vosotros.
Hoy Cristo os plantea a vosotros la pregunta que hizo entonces a los Apóstoles:
"¿También vosotros queréis marcharos?". Y vosotros, jóvenes de
Ucrania, ¿qué respondéis? Estoy seguro de que, junto conmigo, también
vosotros hacéis vuestras las palabras de san Pedro: "Señor, ¿a quién
iremos? Tú tienes palabras de vida eterna".
Al veros tan numerosos y entusiastas, mi pensamiento vuelve a la Jornada
mundial de la juventud, que tuvo lugar en Roma en agosto del año pasado y
en la que muchos de vosotros participasteis. Allí invité a los jóvenes de
todo el mundo a abrir un gran "laboratorio de la fe", para buscar y
profundizar los motivos para seguir a Cristo Salvador. Hoy vivimos un momento
significativo del "laboratorio de la fe" aquí, en vuestra tierra,
donde hace más de mil años llegó el anuncio del Evangelio.
Una vez más, al comienzo del tercer milenio, Cristo os repite a vosotros:
"¿Quién decís que soy yo?" (Mt 16, 15). Queridos jóvenes,
el Papa ha venido a vosotros para animaros a responder: "Tú eres el
Cristo, el Hijo de Dio vivo" (Mt 16, 16); "Tú tienes palabras
de vida eterna" (Jn 6, 68).
2. Sí, amadísimos jóvenes,
Cristo tiene "palabras de vida eterna". Sus palabras duran para
siempre y, sobre todo, nos abren las puertas de la vida eterna.
Cuando Dios habla, sus palabras dan la vida, llaman a la existencia, orientan el
camino y confortan los corazones defraudados y extraviados, infundiéndoles
nueva esperanza.
Al leer la Biblia, descubrimos ya desde su primera página que Dios nos habla.
Nos habla dando vida a la creación: el cielo, la tierra, la luz,
las aguas, los seres vivos, el hombre y la mujer, todo existe por su palabra. Su
palabra da sentido a todas las cosas, sacándolas del caos. Por eso, la
naturaleza es un inmenso libro, en el que podemos buscar, con asombro siempre
nuevo, las huellas de la belleza divina.
Más aún que en la creación, Dios habla en la historia de la humanidad.
Revela su presencia en los acontecimientos del mundo, entablando muchas veces un
diálogo con los hombres creados a su imagen, a fin de establecer con
cada uno una comunión de vida y de amor. La historia se transforma así en un
camino de conocimiento recíproco entre el Creador y el ser humano, un diálogo
que tiene como objetivo último llevarnos de la esclavitud del pecado a la
libertad del amor.
3. Queridos jóvenes, la historia, vivida de este modo, se convierte en un camino
que lleva a la libertad. ¿Queréis recorrer este camino? ¿Queréis
participar también vosotros en esta aventura? El futuro de Ucrania y de la
Iglesia en este país depende también de vuestra respuesta. No estáis solos en
este camino. Formáis parte del gran pueblo de los creyentes que se remonta a un
antiguo patriarca, Abraham. Él escuchó la llamada del Señor y se puso
en camino; se convirtió en nuestro "padre en la fe", porque creyó y
se fio del Señor que le prometía una tierra y una descendencia.
De su fe desciende el pueblo elegido que, bajo la guía de Moisés, afronta el
éxodo de la esclavitud de Egipto hacia la libertad de la tierra prometida. En
el centro del éxodo se sitúa la alianza del Sinaí, basada en las diez
palabras de Dios: el "decálogo", los "diez
mandamientos". Son "palabras de vida eterna", porque valen
siempre y porque dan la vida a quien las cumple.
4. Queridos amigos, un día, un joven muy rico preguntó a Jesús:
"Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?"
(Mt 19, 16). Y Jesús le respondió: "Si quieres entrar en la
vida, cumple los mandamientos" (Mt 19, 17). Cristo no vino a abolir
la primera alianza, sino a perfeccionarla. Los diez mandamientos tienen valor
perenne, porque son la ley fundamental de la humanidad, escrita en la
conciencia de toda persona. Son el primer paso hacia la libertad y la vida
eterna, porque el hombre, cumpliéndolos, mantiene una correcta relación con
Dios y con el prójimo. Los diez mandamientos "explicitan (...) la
respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a su Dios" (Catecismo
de la Iglesia católica, n. 2083). Esta ley está escrita naturalmente en el
corazón de todo ser humano, y debe ser acogida y cumplida fielmente. Debe
llegar a ser la regla de nuestra existencia diaria.
En el mundo actual se producen profundos y rápidos cambios sociales, y
muchos puntos de referencia moral vacilan, confundiendo a los hombres y, a
veces, llevándolos a la desesperación. El Decálogo es como una brújula,
que en un mar agitado evita perder el rumbo y permite llegar al puerto. Por eso,
queridos jóvenes de Ucrania, hoy quisiera entregaros una vez más simbólicamente
los mandamientos del Decálogo, para que sean vuestra "brújula", el sólido
punto de apoyo para construir vuestro presente y vuestro futuro.
5. "Amarás al Señor tu Dios". Hay que dar a Dios el primer
lugar en nuestra vida. Por eso los tres primeros mandamientos se refieren
a nuestra relación con él. Él merece justamente ser amado con
todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (cf. Dt 6, 5).
Dios es único, y no hay que confundirlo con falsas divinidades. También a
vosotros, queridos jóvenes, os dice: "Yo soy el Señor tu Dios, que
quiere guiarte a la plenitud de la vida: no me sustituyas con otras
cosas".
Hoy es fuerte el impulso a sustituir al verdadero Dios con falsos dioses e
ideales falaces. Son ídolos los bienes materiales. Si
los buscamos y utilizamos como medios e instrumentos para el bien, nos ayudan.
Pero jamás deben ocupar el primer lugar en el corazón del hombre, mucho menos
del joven, llamado a volar alto, hacia los ideales más hermosos y nobles.
El nombre de Dios es Padre, amor, fidelidad, misericordia. ¡Cómo no
desear que todos lo conozcan y lo amen! Su día -el sábado, que para
nosotros cristianos se ha convertido en el domingo, el día de la resurrección
del Señor- es anticipación de la tierra prometida. ¡Cómo no santificarlo con
la participación en la Eucaristía, encuentro festivo de la comunidad
cristiana!
6. "Amarás a tu prójimo". Los otros siete mandamientos se
refieren a las relaciones con el próximo. Nos indican el camino para establecer
con los demás seres humanos relaciones basadas en el respeto y el amor,
fundadas en la verdad y en la justicia.
Quien pone en práctica esta ley divina, muy a menudo va contra corriente. Jóvenes
de Ucrania, Cristo os pide ir contra corriente. Os pide que seáis
defensores de su ley y que la traduzcáis en comportamientos coherentes en la
vida diaria. Esta ley antigua y siempre actual encuentra su cumplimiento
perfecto en el Evangelio. El amor es lo que vivifica la existencia, y la
observancia fiel de los diez mandamientos lleva a un amor verdadero, libre y
profundo. Con esta ley divina bien arraigada en el corazón, no tengáis miedo:
os realizaréis plenamente y contribuiréis a la construcción de un mundo más
solidario y justo.
7. Queridos jóvenes, vuestro pueblo está viviendo una transición difícil
y compleja del régimen totalitario, que lo oprimió durante tantos años, a una
sociedad finalmente libre y democrática. Pero la libertad exige conciencias
fuertes, responsables y maduras. La libertad es exigente y, en cierto
sentido, cuesta más que la esclavitud.
Por eso, abrazándoos como un padre, os digo: elegid el camino estrecho,
que el Señor os indica a través de sus mandamientos. Son
palabras de verdad y vida. El
camino que con frecuencia parece ancho y cómodo se muestra al final engañoso y
falaz. No paséis de la esclavitud del régimen comunista a la del consumismo,
otra forma de materialismo que, sin rechazar a Dios con palabras, lo niega en
los hechos, excluyéndolo de la vida.
Sin Dios no podréis hacer nada bueno. En cambio, con su ayuda podréis afrontar
todos los desafíos del momento actual. También lograréis hacer opciones
arduas, contra corriente, como por ejemplo la de permanecer con confianza en
vuestra patria, sin ceder a los espejismos de fortunas fáciles en el
extranjero. Aquí os necesitan a vosotros, jóvenes dispuestos a dar vuestra
contribución para mejorar las condiciones sociales, culturales, económicas y
políticas del país. Aquí hacen falta vuestros valiosos talentos para el
futuro de vuestra tierra, que tiene un pasado tan glorioso.
El futuro de Ucrania depende en gran parte de vosotros y de las responsabilidades
que sepáis asumir. Dios bendecirá vuestros esfuerzos, si consagráis
vuestra vida al servicio generoso de la familia y la sociedad, anteponiendo el
bien común a los intereses privados. Ucrania necesita hombres y mujeres que se
dediquen al servicio de la sociedad, teniendo como objetivo la promoción de los
derechos y el bienestar de todos, comenzando por los más débiles y
desheredados. Esta es la lógica del Evangelio, pero también es la lógica que
hace crecer a la comunidad civil. En efecto, la verdadera civilización no se
mide sólo por el progreso económico, sino, sobre todo, por el desarrollo
humano, moral y espiritual de un pueblo.
8. Amadísimos jóvenes, doy gracias a Dios porque me ha concedido la alegría
de encontrarme con vosotros. Antes de dejaros, quisiera añadir estas palabras:
¡amad a la Iglesia! Es vuestra familia y el edificio espiritual, del que
estáis llamados a ser piedras vivas. Presenta aquí un rostro particularmente
fascinante, por las diversas tradiciones que lo enriquecen. Con espíritu de
fraternidad, caminad y creced unidos como hoy, para que las diferentes
tradiciones no sean motivo de división, sino, por el contrario, estímulo al
conocimiento y a la estima recíprocos.
Que os acompañe en este camino la Virgen María, tan venerada aquí, en
tierra de Ucrania. Amadla y escuchadla. Ella os enseñará a entregaros con sinceridad y generosidad a Dios y a
vuestros hermanos. Os impulsará a buscar en Cristo la plenitud de la vida y de
la alegría. Así, seréis en la Iglesia la nueva generación de santos de
vuestra tierra, fieles a Dios y al hombre, apóstoles del Evangelio, ante todo
entre vuestros coetáneos.
Que vuestro alimento espiritual sea el Pan eucarístico, Cristo. Alimentándoos
de él en la Eucaristía, permaneceréis siempre en su amor y daréis mucho
fruto. Y si alguna vez el camino se os hace cuesta arriba, si el camino de la
fidelidad al Evangelio os parece demasiado arduo, porque os exige sacrificios y
opciones valientes, acordaos de nuestro encuentro. Así podréis revivir el
entusiasmo de la profesión de fe que hoy hemos hecho juntos: "Señor,
¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna". Repetidla y no temáis.
Cristo será vuestra fuerza y vuestra alegría.
Gracias, queridos amigos. El Papa os ama y os considera los centinelas de una
nueva aurora de esperanza. Alaba a Dios por vuestra generosidad, a la vez
que ora con afecto por vosotros y de todo corazón os bendice.
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