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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A LA DELEGACIÓN DEL PATRIARCADO DE CONSTANTINOPLA
Viernes
29 de junio de 2001
Queridos hermanos en Cristo:
1. "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su
gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible,
inmaculada e inmarcesible" (1 P 1, 3).
Con estas palabras de san Pedro a los cristianos del Ponto, de Galacia y
Capadocia, de Asia y Bitinia quiero acogeros hoy, amados hermanos, miembros de
la delegación del patriarca ecuménico Su Santidad Bartolomé I y del Santo Sínodo
del patriarcado de Constantinopla, con ocasión de la visita que hacéis a la
Iglesia de Roma, por la que me alegro en lo más profundo del corazón. "Gracia
a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo"
(Ga 1, 3). Sed bienvenidos entre nosotros en estos días en que
celebramos la fiesta de san Pedro y san Pablo.
Este intercambio de delegaciones entre la Iglesia de Roma y el Patriarcado ecuménico
con motivo de las fiestas patronales durante las cuales honramos la memoria de
los apóstoles san Pedro y san Pablo, y san Andrés, es una iniciativa bendecida
por el Señor. Incluso podemos decir que ya se ha convertido en una práctica
natural de fraternidad eclesial. Me alegro profundamente de esta costumbre y
agradezco vivamente al patriarcado ecuménico y al Santo Sínodo los
sentimientos que tienen, como la Iglesia de Roma, por esta iniciativa que nos
permite celebrar la obra realizada por el Señor gracias a los primeros Apóstoles.
Además, nos brinda la oportunidad de participar juntos en la oración y al
mismo tiempo es una ocasión de diálogo regular y armonioso. Vuestra presencia,
queridos hermanos, os hace partícipes de esta fiesta de la Iglesia de Roma.
2. Entre los primeros discípulos, Jesús llamó a dos hermanos, Simón y
Andrés. Eran pescadores. "Les dijo: "Venid conmigo, y os haré
pescadores de hombres". Y ellos al instante, dejando las redes, le
siguieron" (Mt 4, 19-20).
Desde entonces, el mensaje evangélico ha sido llevado hasta los confines de la
tierra, y nosotros estamos llamados a proseguir en la historia la misión
confiada a los Apóstoles. Como el Señor llamó "juntamente" a Pedro
y a Andrés para que fueran pescadores de hombres por el reino de Dios, también
juntamente los sucesores de los Apóstoles están invitados a anunciar la buena
nueva de la salvación, para que, por nuestras palabras y nuestra unión
fraterna, el mundo crea.
Todos los años la presencia de una delegación católica en la celebración
eucarística de El Fanar y vuestra participación en la celebración que se
realiza en San Pedro demuestran que estamos llamados por el Señor a esta misión
común. Sin embargo, la imposibilidad de participar juntos en el único
sacrificio de Cristo es para todos nosotros un sufrimiento y una exhortación a
buscar caminos que nos permitan resolver las divergencias que aún persisten
entre ortodoxos y católicos.
3. Con este fin, deben intensificarse las relaciones fraternas entre las
Iglesias particulares católicas y ortodoxas, así como el diálogo teológico.
Es importante afrontar y aclarar lo que queda del contencioso teológico, fundándose
en la sagrada Escritura y en la Tradición. El trabajo de la comisión mixta
debe completarse según el programa que se ha fijado. Sé que el Consejo
pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, el patriarcado
ecuménico y el co-presidente ortodoxo de la comisión mixta están en estrecho
contacto para decidir juntos la mejor manera de continuar el diálogo. La
Iglesia católica está igualmente en contacto con las Iglesias ortodoxas autocéfalas
y autónomas. La promoción del diálogo de la caridad, que ha permitido crear
las condiciones necesarias para la apertura del diálogo teológico, se ha
mostrado una vez más el medio más directo para que nos encontremos en la
verdad y en el afecto recíproco en Cristo.
4. La fiesta de san Pedro y san Pablo nos ha brindado una nueva ocasión de
pedir juntos a los santos Apóstoles que intercedan por todos los discípulos de
Cristo, para que "todos sean uno" y juntos sean "pescadores de
hombres" entre las generaciones jóvenes de este nuevo milenio, que tienen
sed de conocer a Cristo y de seguirlo. Ojalá que anunciemos juntos al Salvador,
para dar a esas generaciones "una esperanza viva", que no defrauda jamás.
5. Queridos hermanos, os agradezco vuestra visita y os pido que transmitáis
mi saludo fraterno a Su Santidad Bartolomé I, así como a todos los miembros
del Santo Sínodo del patriarcado ecuménico. Que el Señor esté siempre con
nosotros y nos guíe por los caminos de su Reino.
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