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MENSAJE DEL PAPA JUAN
PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO ORGANIZADO POR LA ACADEMIA
PONTIFICIA PARA LA VIDA
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; ilustres
señores y señoras:
1. Con gran cordialidad os dirijo a cada uno mi saludo con ocasión de este
encuentro de estudio, organizado por la Academia pontificia para la vida con el
objeto de examinar el delicado problema relativo a la licitud del
xenotrasplante. Saludo en particular al querido monseñor Elio Sgreccia,
vicepresidente de la Academia y animador de vuestro grupo.
La finalidad de vuestro trabajo es, ante todo, de interés humano, porque brota
de la necesidad de resolver el problema de la grave insuficiencia de órganos
humanos válidos para el trasplante: se sabe que esta insuficiencia causa
la muerte de un alto porcentaje de enfermos en lista de espera, que podrían
salvarse con el trasplante, prolongando así una vida aún válida y siempre
valiosa.
2. Ciertamente, la implantación de órganos y tejidos de un animal en el
hombre mediante el trasplante plantea problemas nuevos de índole científica y
ética. Habéis fijado vuestra atención en ellos con responsabilidad y
competencia, preocupándoos al mismo tiempo por el bien y la dignidad de la
persona humana, por los posibles riesgos de orden sanitario, no siempre
cuantificables y previsibles, y por el respeto que se debe siempre a los
animales, aun cuando se los utilice para el bien superior del hombre, ser
espiritual creado a imagen de Dios.
En estos sectores, la ciencia es guía necesaria y luz preciosa. Sin embargo, la
investigación científica debe situarse en una correcta perspectiva, orientándose
siempre hacia el bien del hombre y la salvaguardia de su salud.
3. La antropología y la ética, a su vez, deben intervenir cada vez más
para ofrecer una iluminación necesaria y complementaria, definiendo valores y
criterios a los que hay que atenerse y estableciendo al mismo tiempo las
condiciones de armonía y jerarquía que han de existir entre ellos.
Como lo demuestran vuestra misma presencia y la composición de vuestro grupo,
se constata cada vez más que la alianza entre la ciencia y la ética enriquece
a ambas ramas del saber y las lleva a converger en la ayuda que es preciso
ofrecer al hombre y a la sociedad.
La cautela y las claras condiciones de viabilidad del xenotrasplante, que habéis
subrayado, son el fruto de este diálogo y de esta convergencia.
4. La reflexión racional, confirmada por la fe, descubre que Dios creador
ha puesto al hombre en el vértice del mundo visible y, a la vez, le ha asignado
la tarea de orientar su camino, respetando su dignidad, hacia
la consecución del bien verdadero de todos sus semejantes.
Por tanto, la Iglesia dará siempre su apoyo y su ayuda a quien busca el auténtico
bien del hombre con el esfuerzo de la razón, iluminada por la fe:
"La fe y la razón (...) son como las dos alas con las cuales el espíritu
humano se eleva hacia la contemplación de la verdad" (Fides et ratio,
Introducción).
Expresándoos mi aprecio por el trabajo llevado a cabo y por el esfuerzo
realizado con generosidad y con espíritu de servicio a la humanidad que sufre,
invoco sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre las personas con las que
efectuáis vuestras investigaciones las bendiciones del Dios de toda ciencia y
de toda bondad.
Vaticano, 1 de julio de 2001
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