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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A LAS RELIGIOSAS DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET
Viernes 6 de julio de 2001
Queridas religiosas
de la Sagrada Familia de Nazaret:
1. Os saludo cordialmente con ocasión de este encuentro, que se celebra
durante el XXI capítulo general de vuestra congregación. Saludo en particular
a la superiora general, madre María Teresa Jasionowicz.
Representáis a vuestras ocho provincias religiosas, que abarcan quince países,
donde se realiza vuestra actividad apostólica. Habéis venido a Roma, a la casa
general y a las tumbas de los apóstoles san Pedro y san Pablo, para reflexionar
con sentido de responsabilidad sobre la situación actual de la congregación y
programar su futuro. Desde esta perspectiva, queréis actualizar vuestras
Constituciones y proceder a la elección del nuevo gobierno general.
2. En el Mensaje a los consagrados, que dirigí a las comunidades
religiosas en el santuario de la Virgen de Czestochowa, el 4 de junio de 1997,
recordé que "vivimos en tiempos de caos, de extravío y de confusión
espirituales, en los que se perciben varias tendencias liberales y secularistas;
a menudo se elimina abiertamente a Dios de la vida social (...) y en la conducta
moral de los hombres se infiltra un dañoso relativismo. Se difunde la
indiferencia religiosa. La nueva evangelización es una apremiante necesidad del
momento (...). La Iglesia espera de vosotros que (...) con todas vuestras
fuerzas (...) os opongáis a la gran tentación de nuestro tiempo: la de
rechazar al Dios del amor" (n. 3: L'Osservatore Romano, edición
en lengua española, 20 de junio de 1997, p. 13).
El mundo actual encierra muchas amenazas. Las experimentan hombres y mujeres,
parejas de esposos, jóvenes, niños... Sin embargo, al parecer la familia es la
más amenazada. Pero no hay que desanimarse. Cuanto más numerosos son los
peligros, tanto mayor es la necesidad de fe, esperanza, caridad, oración y
testimonio de vida cristiana. Vuestra congregación quiere dar una respuesta
evangélica a las inquietudes del hombre contemporáneo. Me alegra saber que,
durante los trabajos capitulares, queréis reflexionar en vuestro carisma
religioso a la luz de la nueva evangelización.
3. Vuestra fundadora, la madre Francisca Siedliska, María de Jesús Buen
Pastor, que proclamé beata el 23 de abril de 1989, indicó a vuestra comunidad,
como modelo de vida, la vida de la Sagrada Familia de Nazaret:
precisamente os invitó a imitar el ejemplo de Jesús, María y José. Solía
definir la encarnación del Hijo de Dios y la vida escondida de Jesús en el
misterio de la Sagrada Familia como el reino del amor divino.
Formando una comunidad religiosa de amor, ayudad a las familias a oponerse
"a la mayor tentación de nuestro tiempo": el rechazo del Dios
del amor. Ayudad a las familias a abrirse a Cristo. Esto será posible en la
medida en que vuestra vida de oración y vuestro testimonio manifiesten una
particular solicitud por la familia. Quiera Dios que las familias, gracias a
vuestro servicio, encuentren en la Familia de Nazaret el modelo de su vida y de
su conducta. Que os conforte el ejemplo de vuestras hermanas beatas, las once mártires
de Nowogròdek, que, durante la segunda guerra mundial, dieron su vida por la
liberación de algunos padres de familia residentes en esa localidad. Me alegra
haberlas elevado a la gloria de los altares el 5 de marzo de 2000, durante las
celebraciones del gran jubileo. Que el testimonio de vuestra vida y la fidelidad
a vuestro carisma sostengan la obra de evangelización y edificación, en las
familias, del reino del amor de Dios.
4. El tema de los trabajos de vuestro capítulo general es: La ley
del amor como llamada a la entrega total a Dios. Desde hace muchos años estáis
tratando de corresponder a esta llamada con vuestro apostolado, mediante el cual
queréis cooperar con Cristo y con su Iglesia. Dad testimonio de la ley del amor
en vuestras comunidades y especialmente en el servicio a las familias
necesitadas de ayuda espiritual y material, en los consultorios y en la pastoral
familiar, en el servicio celoso entre los enfermos y los discapacitados, en el
trabajo parroquial, en las escuelas, en los centros de educación, en los
hogares de madres solteras, en medio de los indigentes y los sin techo, entre
los niños y las personas extraviadas y marginadas.
Aprovecho la ocasión de vuestro capítulo para expresaros mi profundo aprecio
por este apostolado del amor, que es el anuncio más eficaz de Cristo al mundo
de nuestros días y la realización concreta de vuestro carisma religioso. A
vosotras, queridas hermanas aquí reunidas, os entrego este mensaje, para que lo
transmitáis a toda la comunidad de religiosas. Ruego al Señor para que las
autoridades de la congregación, elegidas durante este capítulo, afronten, según
el espíritu de sus indicaciones, los nuevos desafíos, de modo que vuestro
carisma -el reino del amor de Dios- brille con mayor esplendor aún en vuestras
comunidades, en la Iglesia y en el mundo. Que sea el claro reflejo del
"Amor que nos ha visitado de lo alto" (cf. Jn 1, 8).
5. En la carta apostólica Novo millennio ineunte dirigí a todos
los fieles la exhortación: Duc in altum! ¡rema mar adentro! Hoy,
con estas mismas palabras, invito a vuestra comunidad "a recordar con
gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirse con confianza al
futuro: "Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre" (Hb 13,
8)" (n. 1). Con el espíritu de esta exhortación, pido a Dios que la
gracia de vuestra vocación religiosa dé abundantes frutos espirituales.
Imparto de corazón la bendición apostólica a la superiora general, a las
participantes en el capítulo y a toda la comunidad de las religiosas de la
Sagrada Familia de Nazaret.
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