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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS PEREGRINOS QUE PARTICIPARON EN LA BEATIFICACIÓN
Lunes
5 de noviembre de 2001
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; amadísimos religiosos y
religiosas; hermanos y hermanas:
1. Pocos días después de la solemnidad de Todos los Santos, en la que
dimos gracias a Dios por las maravillas realizadas en numerosos hermanos y
hermanas nuestros que nos precedieron en el camino de la santidad, la Iglesia
sigue estando de fiesta por la proclamación de ocho nuevos beatos, que ha
tenido lugar ayer.
En el encuentro de esta mañana tenemos la oportunidad de confrontarnos con las
enseñanzas y los testimonios de caridad que nos han dejado. Todo esto debe
impulsarnos a tener confianza y valentía para proseguir en el difícil y
exaltador camino hacia la santidad, "alto grado de la vida cristiana
ordinaria" (Novo millennio ineunte, 31).
2. Os dirijo ante todo mi cordial saludo a vosotros, amadísimos peregrinos
procedentes de Eslovaquia, que os alegráis por la beatificación de Pablo
Pedro Gojdic y Metodio Domingo Trcka. Siguiendo el espíritu evangélico
y el ardor apostólico de san Cirilo y san Metodio, apóstoles de los eslavos,
los dos nuevos beatos resplandecen por su amor a Cristo, su servicio a los
hermanos y su fidelidad a la Sede de Pedro.
Para su ministerio episcopal el beato Pablo Pedro Gojdic eligió el lema:
"Dios es amor, amémoslo", que traducía en una devoción profunda a
la Eucaristía y al Sagrado Corazón. Alimentó un afecto filial por la Madre de
Dios, venerada particularmente en la imagen de la Virgen de Kolkocov, que
custodiaba en la capilla residencial. Cuando la Iglesia greco-católica fue
declarada ilegal por el poder estatal, el beato Gojdic fue arrestado y
encarcelado. Podía haber salido de la cárcel, a costa de traicionar su
fidelidad a la Iglesia y al Papa. Pero permaneció fiel, y nosotros lo veneramos
hoy en la gloria de los beatos como ejemplo de profunda espiritualidad y
luminosa actividad pastoral.
El beato Metodio Domingo Trcka realizó su trabajo misionero como
superior de la casa de Mukacevo y visitador apostólico de las religiosas
basilianas en Presov y Uzhorod, convirtiéndose en el punto de referencia de
muchas personas para su vida espiritual e iniciativas apostólicas. Con la
llegada del régimen comunista, el padre Trcka fue encarcelado, interrogado
varias veces, procesado y condenado a doce años de cárcel. A causa de las
privaciones y las penas sufridas en la cárcel, falleció en su celda, dando un
heroico testimonio de fidelidad al Evangelio, de solidaridad con su pueblo y de
amor a la tradición del cristianismo de rito oriental.
3. Me dirijo ahora a los peregrinos de lengua italiana, en particular a
cuantos han venido a Roma para participar en la beatificación de Juan
Antonio Farina, que fue obispo celoso y clarividente, primero de Treviso y
después de Vicenza. Saludo a los pastores de estas dos diócesis, sucesores del
nuevo beato, y a las Hermanas Maestras de Santa Dorotea Hijas de los Sagrados
Corazones, por él fundadas.
El beato Farina se dedicó totalmente al auténtico progreso humano y espiritual
de la grey confiada a su cuidado. Con el deseo de hacerse todo para todos,
descuidaba incluso las cosas necesarias para su propia vida. Su intensa
actividad apostólica, tanto en su juventud como en los años de su madurez,
estuvo animada constantemente por su unión con Dios. Hombre de caridad, dedicó
especial atención a la formación de la juventud y al cuidado de las personas
necesitadas, abandonadas y de los que sufrían por cualquier causa, respondiendo
a las graves necesidades sociales de su época con riqueza creativa y espíritu
de total abandono en Dios.
4. La Jornada mundial de las misiones, celebrada en octubre, se prolonga prácticamente
en la beatificación del padre Pablo Manna, que fue superior general del
Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, y gran apóstol de la
evangelización ad gentes. Con su existencia gastada completamente en
favor de la causa misionera, fue un auténtico precursor de las intuiciones y
las indicaciones del concilio ecuménico Vaticano II. El nuevo beato tiene
el gran mérito de haber insistido con fuerza en la santidad sin concesiones ni
vacilaciones, como premisa indispensable para ser apóstoles auténticos y creíbles
del Evangelio.
Nuestra mirada se dirige ahora al beato Luis Tezza, en el que
resplandecen de modo singular la caridad y el amor a las personas más
necesitadas. Vivió día a día la fidelidad plena a su vocación, en la búsqueda
y la realización constantes de la voluntad divina y en el servicio generoso y
desinteresado al prójimo. La afirmación del Señor Jesús: "Estaba
enfermo, y me visitasteis" (Mt 25, 36) es la base de su existencia
de religioso perteneciente a la Orden de los Ministros de los Enfermos, y de
fundador del instituto de las Hijas de San Camilo, a las que quiso transmitir el
carisma de "testimoniar con corazón de madres el amor misericordioso de
Cristo a los enfermos".
También Cayetana Sterni, fundadora de la Hijas de la Divina Voluntad,
supo llevar una vida ordinaria con espíritu extraordinario. Los numerosos
sufrimientos que debió soportar, sobre todo durante sus años juveniles,
afinaron su sensibilidad, haciéndola capaz de un amor abnegado, de perdón y de
disponibilidad para con los pobres. Viviendo en un estado de búsqueda y
realización continuas de la voluntad de Dios, comprendió que cumplir la
voluntad divina significa comprometerse a sacar, con la fuerza del amor, el bien
incluso del mal, a la manera de Jesús. Precisamente por esto, su testimonio de
vida es muy necesario también en nuestros días.
5. El beato Bartolomé de los Mártires, dominico por vocación e
ideal de vida, ardía de celo por la causa de Dios, que es la salvación de los
hombres, iluminándoles el camino con el Evangelio. Fiel a la norma apostólica:
"Dedicarse asiduamente a la oración y al ministerio de la Palabra" (Hch
6, 4), atrayendo consigo al clero: promueve su formación permanente,
pone a su alcance medios para predicar al pueblo, y funda el seminario para
preparar dignamente a los futuros sacerdotes.
El seminario era sólo una de las medidas de la reforma recomendada por el
concilio de Trento, a cuya aplicación el beato arzobispo se entregó en cuerpo
y alma, no sin obstáculos, algunos de los cuales tuvieron resonancia aquí en
Roma. El Papa Pío IV, hablando de don fray Bartolomé, respondió así: "Durante el tiempo que estuvo en el Concilio nos dio tal satisfacción con
su bondad, piedad y devoción, que seguimos teniendo gran estima por él, un
gran concepto de su honradez y su virtud, que no podrán alterar las quejas de
nadie" (Carta al rey de Portugal, cardenal don Enrique). Ayer he
podido confirmar, con el acto de su beatificación, estos sentimientos de mi
predecesor. Saludo a la Iglesia de Lisboa, que lo vio nacer, y a la de Viana do
Castelo, que lo acogió durante sus últimos años y conserva la reliquia
venerable de su cuerpo; saludo a la archidiócesis de Braga, en su extensión de
entonces, y a todo Portugal, al que sirvió y amó, sobre todo en la persona de
los pobres.
6. Saludo con mucho afecto a todos los peregrinos que participaron ayer en
la beatificación de la madre María Pilar Izquierdo, procedentes de los
lugares donde está presente la Obra Misionera de Jesús y María. En Europa:
España e Italia; en América: Colombia, Ecuador y Venezuela; en África:
Nacala y Maputo, de Mozambique.
En el mundo actual, donde a veces prevalece la búsqueda desmesurada del goce y
la utilidad inmediata, la figura de la madre Pilar Izquierdo proclama con
sublime elocuencia el valor redentor del sacrificio, libremente aceptado y
ofrecido juntamente con el de Cristo para la salvación del género humano. La
beata Pilar Izquierdo fue un verdadero apóstol de la difusión del Evangelio.
Con un grupo de seguidoras se dedicó a anunciarlo en barrios pobres y
marginados, hambrientos de pan y sobre todo de Dios, en un período de su vida
en el que no le faltaron incomprensiones de todo tipo. Nunca perdió el amor al
sacrificio, siendo por ello un luminoso ejemplo para cuantos, aun en medio de
muchas dificultades, consagran su vida a la causa del reino de los cielos.
7. Amadísimos hermanos y hermanas, elevemos nuestra oración al Señor
para implorar también nosotros la misma fe, la misma valentía y la misma
entrega que engrandecieron a estos ocho nuevos beatos.
Que nos sostenga siempre su intercesión celestial, juntamente con la de la
Virgen María, a cuya protección materna os encomiendo a todos vosotros, a
vuestras familias y a vuestras comunidades de proveniencia, a la vez que de
corazón imparto a todos una especial bendición.
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