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DISCURSO DEL SANTO PADRE A LOS
REPRESENTANTES DEL "CENTRO CULTURAL JUAN PABLO II" DE WASHINGTON
Martes
6 de noviembre de 2001
Eminencias; queridos amigos:
Me complace recibiros en el Vaticano por primera vez desde la inauguración del
nuevo Centro cultural en Washington. Agradezco al cardenal Maida sus amables
palabras y su informe sobre el progreso de la misión del Centro de desarrollar
el diálogo de la Iglesia con las diversas formas en las que se expresa la búsqueda
humana universal de la verdad y de su significado.
Los trágicos acontecimientos que han conmovido a la comunidad internacional en
los últimos dos meses nos han hecho comprender a todos, una vez más, la
fragilidad de la paz y la necesidad de construir una cultura de diálogo
respetuoso y de cooperación entre todos los miembros de la familia humana.
Tengo confianza en que la comunidad católica en Estados Unidos seguirá
sosteniendo el valor de la comprensión y del diálogo entre los seguidores de
las religiones mundiales. Como sabéis, el compromiso de la Iglesia en favor de
este diálogo se inspira, en definitiva, en su convicción de que el mensaje
evangélico tiene la fuerza de iluminar a todas las culturas y actuar como una
levadura salvífica de unidad y paz para toda la humanidad. En un mundo de
creciente pluralismo cultural y religioso, este diálogo es esencial para
superar los trágicos conflictos heredados del pasado y asegurar que "el
nombre del único Dios tiene que ser cada vez más, como ya es de
por sí, un nombre de paz y un imperativo de paz" (Novo millennio
ineunte, 55).
El Centro cultural debe dar su contribución propia a esta importante realización.
Una vez más aprovecho esta oportunidad para agradeceros a vosotros y a los
numerosos bienhechores del Centro vuestro continuo compromiso en su misión de
dar a conocer más ampliamente a la Iglesia y sus enseñanzas. Invocando sobre
vosotros y vuestras familias la paz de Cristo, que supera todo conocimiento (cf.
Flp 4, 7), os imparto cordialmente mi bendición apostólica.
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