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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II
A LA FAMILIA ESPIRITUAL "LA OBRA"
CON MOTIVO DE SU APROBACIÓN
Queridos hermanos y hermanas de la familia espiritual "La Obra":
1. En la comunión gozosa de Dios uno y trino, del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, os saludo cordialmente y os doy la bienvenida. La alegría por
el reconocimiento de vuestra familia espiritual os impulsa a testimoniar de
nuevo al Sucesor de Pedro vuestra devoción y vuestra disponibilidad para
servir. De buen grado me uno a vosotros para dar gracias a Cristo, Señor de la
Iglesia, por vuestro carisma y ruego para que produzca abundantes frutos.
2. Según el espíritu de vuestra fundadora, estáis decididos a afrontar
los desafíos de nuestro tiempo con la fuerza de la fe católica. Debéis servir
con alegría a la Iglesia y al hombre como una comunidad contemplativa y al
mismo tiempo apostólica, que quiere actuar en el mundo como levadura.
Habéis seguido con generosidad la invitación del Señor a poneros a "la
obra" por su reino. Si permanecéis siempre disponibles al plan de Dios y
ponéis vuestros talentos al servicio de la misión salvífica de la Iglesia,
vuestra familia espiritual puede llegar a ser un medio eficaz para la nueva
evangelización, de modo particular en Europa. Vuestra entrega total a Dios es
la mejor respuesta a los apremiantes interrogantes del hombre y a las
necesidades de nuestro tiempo.
3. Jesucristo, dialogando con el Padre, resume así su misión salvífica:
"Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me
encomendaste realizar" (Jn 17, 4). A lo largo del tiempo, la Iglesia
realiza, con la fuerza del Espíritu Santo, la obra de Cristo, que es la
glorificación de Dios y la redención del hombre. Vuestra familia espiritual ha
nacido de la Iglesia. Como miembros de "La Obra", estáis dispuestos a
hacer vuestra la misión de la Iglesia de Cristo.
4. La Iglesia es la gran obra de Dios. Aunque hoy se cuestiona a veces su
origen divino, "La Obra" lleva a comprender y vivir a fondo el
misterio de la Iglesia. Que vuestra comunidad siga siendo siempre fiel a su
finalidad: sois un reflejo de la Iglesia para alabanza de Dios uno y trino
y salvación del hombre. Testimoniad la belleza de la Iglesia como pueblo de
Dios, Esposa de Cristo y templo del Espíritu Santo. Permaneced siempre
arraigados en la santa Eucaristía, fuente de la unidad con Dios y entre
vosotros.
5. Vuestra comunidad está animada por el espíritu de adoración. Dios está
en el centro. En torno a él giran vuestro pensamiento y vuestra acción. De
este modo, "La Obra" puede ser un medio eficaz contra la resignación,
que a veces se apodera también de los servidores de la Iglesia. Que vuestras
oraciones y vuestras acciones den fruto en la gran obra de Dios para la salvación
del hombre. El Señor de la historia guíe el camino de vuestra familia
espiritual en el futuro. De corazón os imparto la bendición apostólica.
Vaticano, 10 de noviembre de 2001
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