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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II EN
EL PRIMER CENTENARIO DEL PONTIFICIO COLEGIO CROATA
Viernes
16 de noviembre de 2001
Señor cardenal; venerados hermanos en el episcopado y en
el sacerdocio; hermanos y hermanas en Cristo:
1. Me alegra acogeros con ocasión de las celebraciones del primer
centenario del Pontificio Colegio croata de San Jerónimo en la urbe, que se están
concluyendo durante estos días. Os doy mi cordial bienvenida, saludándoos en
nombre de "Cristo Jesús, nuestra esperanza" (1 Tm 1, 1).
Agradezco al venerado hermano monseñor Ratko Peric, obispo de Mostar-Duvno y
administrador apostólico de Trebinja, las afectuosas palabras que me ha
dirigido en nombre de todos vosotros.
La importante presencia croata en Roma se ha distinguido a lo largo de los
siglos mediante las "instituciones jeronimianas", entre las cuales
figuran el cabildo, la residencia y la cofradía, erigidas o aprobadas por los
Sumos Pontífices en épocas diversas y puestas al servicio de la noble nación
croata. Vuestro colegio sigue los pasos de esa presencia plurisecular,
constituyendo un admirable signo de la laboriosidad de los católicos croatas.
Ideado en un específico marco eclesiástico y cultural, fue erigido por mi
predecesor León XIII con la carta apostólica Slavorum gentem, del 1 de
agosto de 1901, como Collegium Hieronymianum pro Chroatica Gente.
Culminaba así, en cierto modo, el ambicioso proyecto del Papa Pío VI, quien,
el 27 de febrero de 1790, había dado vida con poco éxito al Collegium
Chroaticum ad Sanctum Hieronymum: por diversas razones la institución
no logró consolidarse y, después de varias intentos de recuperación, tuvo que
cerrar definitivamente en 1889.
2. Después de un siglo, podemos constatar con agrado que la iniciativa de
León XIII de fundar el Colegio de San Jerónimo ha resultado providencial para
las comunidades eclesiales de la nación croata. En efecto, esta institución,
denominada también durante varios decenios Collegium Hieronymianum
Illiricorum, ha desempeñado un papel insustituible en favor de la
evangelización en las queridas regiones de Croacia y Bosnia-Herzegovina. Ha
representado, además, un signo constante de la cercanía de los Papas al pueblo
croata, así como del afecto de vuestro pueblo al Sucesor de Pedro, el Romano
Pontífice. El Colegio ha contribuido a conservar e incrementar vuestro
patrimonio religioso y cultural, mediante una continuidad ideal
con las instituciones croatas anteriores en Roma.
Vuestro Colegio fue instituido con un objetivo muy preciso: ofrecer a los
sacerdotes, que "por origen y lengua pertenecen al pueblo croata", la
posibilidad de completar sus estudios en los ateneos pontificios de Roma. La
celebración del primer centenario constituye una ocasión propicia para
considerar la aportación que esta benemérita institución ha dado al
apostolado de la Iglesia en la República de Croacia y en Bosnia-Herzegovina y,
a la vez, para reflexionar en el impulso que conviene dar a las iniciativas
formativas y pastorales del Colegio mismo, en sintonía con las exigencias apostólicas
de la Iglesia al comienzo del tercer milenio. En efecto, "es mucho lo que
nos espera" (Novo millennio ineunte, 15), y el Espíritu
Santo nos llama "pensar en el futuro" (ib., 3), mirando hacia
adelante con fe viva, esperanza firme y caridad operante.
3. El Colegio, llamado a ser lugar privilegiado de formación humana,
espiritual, cultural y científica de los jóvenes sacerdotes, tiene también
hoy la tarea de asegurar las condiciones para una preparación idónea al
ministerio pastoral de los presbíteros. Sin embargo, al dar a cada alumno la
posibilidad de llegar a ser experto en las disciplinas de los diferentes
sectores de la teología, la liturgia, el derecho canónico, la filosofía y las
ciencias humanísticas, vuestro Colegio deberá procurar que el estudio vaya
acompañado por una sólida espiritualidad sacerdotal. En efecto, aunque el
estudio sea arduo y exigente, jamás debe realizarse en detrimento de la vida
espiritual y de la dimensión pastoral del sacerdote.
Asimismo, la presencia del Colegio croata en la ciudad de Roma exige que los
alumnos tengan la posibilidad de profundizar ulteriormente la dimensión
eclesial del ministerio petrino, familiarizándose con las instituciones y la
actividad de la Santa Sede, que está al servicio de la unidad de la fe y de la
caridad de todas las Iglesias particulares. Terminados sus estudios según las
directrices de los respectivos obispos, los alumnos del Colegio podrán
enriquecer con su servicio la vida de la Iglesia donde la Providencia los
destine.
4. Al encontrarme hoy con vosotros, me vienen a la memoria recuerdos muy
hermosos, que me unen a vuestro Colegio. Como obispo polaco, pude visitarlo
varias veces, acogido con amabilidad por los superiores y alumnos en los tiempos
del cardenal Seper. Después de mi elección a la Cátedra de Pedro, visité el
Colegio el 21 de octubre de 1989, con ocasión del IV centenario de la
construcción de la iglesia de San Jerónimo de los Croatas y del 50°
aniversario de la inauguración del actual edificio del Colegio. En aquella
circunstancia manifesté el deseo de realizar una visita pastoral a vuestras
queridas regiones. Dios me concedió dos veces la gracia de visitar la República
de Croacia, en septiembre de 1994 y en octubre de 1998. No podré olvidar
tampoco la peregrinación a la ciudad de Sarajevo, en Bosnia-Herzegovina, en
abril de 1997, para implorar el don de la paz para toda la región. Y en aquella
ocasión incluso nevó.
También por estos motivos, compartiendo con vosotros la alegría de este
aniversario, doy gracias a Dios por su asistencia continua y por los frutos de
sabiduría y gracia que ha concedido mediante vuestra benemérita institución.
5. Queridos superiores y alumnos, san Jerónimo, el patrono celestial del
Colegio, es el modelo para todos vosotros. Aprended de él a alimentaros de la
palabra de Dios, sacando de ella el agua viva que brota para fortaleza de las
almas. Así podréis permanecer fieles al ministerio sacerdotal, del que la
misericordia divina os ha hecho partícipes. Que san Jerónimo vele sobre el
Colegio, a fin de que siga prestando su valioso servicio, cumpliendo los
objetivos y la misión para los cuales fue instituido.
Por último, a la Virgen María, Reina de los croatas y Señora del gran voto
bautismal croata, os encomiendo a todos vosotros, así como el presente y el
futuro de vuestra importante institución.
Con estos sentimientos, os imparto a cada uno la bendición apostólica, extendiéndola
de buen grado a los ex alumnos que no han podido venir a Roma para esta
circunstancia y a las comunidades eclesiales de vuestros países.
¡Alabados sean Jesús y María!
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