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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN EL 30 ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN
DE LA CÁRITAS ITALIANA


Sábado 24 de noviembre de 2001

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Me uno de buen grado a la alegría de todos vosotros, que celebráis el 30° aniversario de la Cáritas italiana, y os saludo cordialmente.

Saludo ante todo al venerado hermano monseñor Benito Cocchi, arzobispo de Módena y presidente de la Cáritas, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido en nombre de los presentes, ilustrándome el camino recorrido hasta ahora y las nuevas perspectivas. Saludo también a los demás prelados, que han querido asistir a este encuentro, así como a los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, los voluntarios y cuantos trabajan en este importante organismo pastoral querido por mi predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, "para sensibilizar a las Iglesias locales y a cada uno de los fieles en el sentido y en el deber de la caridad con formas adecuadas a las necesidades y a los tiempos" (Discurso a los participantes en el primer encuentro nacional de estudios de la Cáritas italiana, 28 de septiembre de 1972, n. 2:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de octubre 1972, p. 9).

Durante estos tres decenios, la Cáritas italiana ha cumplido con fidelidad el mandato recibido y emprende ahora nuevos itinerarios para profundizar y orientar del mejor modo posible cuanto se ha desarrollado hasta ahora.

2. Es imposible repasar, aunque sea sumariamente, todas las etapas de esta experiencia de treinta años. Desde el plan pastoral Evangelización y sacramentos de la década de 1970, pasando por la primera asamblea eclesial sobre Evangelización y promoción humana, hasta la década de 1980, con el documento Iglesia italiana y perspectivas del país, que indicaba a toda la comunidad eclesial el camino de "recomenzar desde los últimos". Es la década del nacimiento de la Consulta de las obras caritativas y asistenciales, que después se transformó en Consulta eclesial de los organismos socio-asistenciales, y de la celebración de la Asamblea eclesial de Loreto, que lanzó la propuesta de los "Observadores permanentes de las necesidades y de las formas de pobreza". Emergencias y problemas internacionales han abierto la Cáritas a un horizonte planetario.

En la década de 1990, hasta nuestros días, con el documento Evangelización y testimonio de la caridad, la Conferencia episcopal italiana ha propuesto como objetivo instituir la Cáritas en cada parroquia como lugar pastoral ordinario para la promoción y animación del testimonio de la caridad. Se trata de un testimonio común de amor a todo ser humano, con una opción preferencial por los pobres.

3. Queridos hermanos, a través de la obra de las Cáritas parroquiales, que espero sigan difundiéndose y multiplicándose, seguid alimentando y aumentando una caridad de pueblo y de parroquias, que comprometa a todos los bautizados en actividades pastorales ordinarias:  una caridad que se traduzca en educación para la convivencia con personas de todas las culturas del mundo y para la paz, esforzándose por influir eficazmente en el territorio. Así se manifestará el rostro de una Iglesia no sólo preocupada por promover servicios para los pobres, sino también, y sobre todo, por recorrer con ellos caminos de auténtica comunión.

La familia ha de ser el lugar primario donde se aprenda a vivir esta caridad hecha de atención y entrega recíprocas, presencia, complementariedad, participación y comunión. Con este fin, os exhorto a promover, con un estilo conforme a los tiempos, ocasiones de encuentro y comunión entre las familias.

4. Es necesario, además, afrontar los desafíos de la moderna globalización. No sólo se han globalizado la tecnología y la economía, sino también la inseguridad y el miedo, la criminalidad y la violencia, las injusticias y las guerras. Por tanto, urge construir juntos la "civilización del amor" y, para esto, educar en el diálogo respetuoso y fraterno entre culturas y civilizaciones. Es preciso realizar una acción caritativa globalizada, que sostenga el desarrollo de los "humildes" de la tierra. Al estar cerca de cada situación de pobreza, a partir de las recurrentes emergencias nacionales e internacionales, podéis hacer que los pobres se sientan en cada comunidad como "en su casa".
¿No es esta la presentación más eficaz de la buena nueva del Reino? Sin esta forma de evangelización, realizada mediante la caridad y el testimonio de la pobreza cristiana, el anuncio del Evangelio corre el riesgo de ser incomprendido o de quedar ahogado en un mar de palabras. "La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras" (Novo millennio ineunte, 50).

No sólo se trata de educar a cada uno de los fieles, sino también a la comunidad entera para que en su conjunto llegue a ser "sujeto de caridad", dispuesta a hacerse prójimo de los necesitados. Esta cercanía profética y generosa se ha expresado con ejemplar oportunidad con ocasión de terremotos, calamidades naturales y guerras, como, por ejemplo, en Umbria y Las Marcas, en la región de los Grandes Lagos en África, en los Balcanes, en América Central y, en estos días, en la movilización en favor de los prófugos de Afganistán.

5. Cuanto más se logre implicar a cada uno de los miembros y a la comunidad entera, tanto más eficaces resultarán los esfuerzos para prevenir la marginación, influir en los mecanismos generadores de injusticia, defender los derechos de los débiles, eliminar las causas de la pobreza y poner en "contacto solidario" el Sur y el Norte, el Este y el Oeste del planeta. ¡Cuántas posibilidades se abren en este campo para el voluntariado! A vosotros os corresponde la tarea de valorarlas todas. Pienso, de modo singular, en las energías frescas de tantos muchachos y muchachas que, gracias al servicio social, pueden dedicar una parte de su tiempo a intervenciones socio-caritativas en Italia y en otros países. De este modo podréis contribuir a dar vida a un mundo en el que por fin callen las armas y se realicen proyectos de desarrollo sostenible.

6. Sin embargo, queridos hermanos y hermanas, para cumplir el mandato que la Iglesia os confía es indispensable que permanezcáis siempre a la escucha y en contemplación de Cristo. Es preciso que la oración preceda, acompañe y siga cada una de vuestras intervenciones.

Sólo así podréis responder con prontitud al Señor, que está a la puerta de nuestro corazón y de nuestras comunidades y "llama" de modo discreto, pero insistente.

Que la Virgen María, Madre de la caridad, os proteja y asista siempre. Os acompaño con la oración y de buen grado os imparto la bendición apostólica, extendiéndola a cuantos encontráis diariamente en  vuestras  múltiples  actividades.

 

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